Mar04252017

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LA COLONIA ES COLONIA NO IMPORTA COMO SE DISFRACE

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) Existe un refrán español utilizado en toda América Latina que dice: La Mona es Mona y aunque se vista de seda, Mona se queda. Aunque el mismo, en su concepción original, fue dirigido a los seres humanos exclusivamente, su significado se puede aplicar a concepciones abstractas, como lo es el colonialismo. Aplicando el refrán al colonialismo podemos concluir que en el mismo no existen gradaciones. No importa cuántos cambios haga el imperio, mientras se reserve la soberanía para sí, el territorio seguirá siendo colonia. Esto, es lo mismo que ha ocurrido en Puerto Rico con Estados Unidos a través de su trayectoria histórica desde inicios del Siglo XIX.

El 12 de abril de 1900, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley Foraker. Con esta ley, el Congreso estableció un “gobierno civil” en la Isla, pero el presidente de Estados Unidos se convirtió en un dictador para Puerto Rico. El Congreso continuó ejerciendo la soberanía sobre la Isla. La situación colonial tomó visos de legalidad en Estados Unidos.

El día 2 de marzo de 1917, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley Jones, con el propósito de reorganizar el gobierno de Puerto Rico. Muchas de las disposiciones coloniales establecidas por la Ley Foraker, quedaron intactas en esta ley y el Congreso continuó ejerciendo la soberanía sobre Puerto Rico. La mencionada ley, reorganizó la rama legislativa, pero el presidente de Estados Unidos continuó ejerciendo muchos poderes sobre las islas de Puerto Rico. Muchos le reconocen como su mayor mérito la otorgación de la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños.

Mediante esta ley, Estados Unidos gobernó y ejerció todo su poder en Puerto Rico hasta el 1952, cuando se proclamó una Constitución para Puerto Rico. Esta Constitución está sometida a los poderes plenarios del Congreso, por lo que el colonialismo sigue entronizado en Puerto Rico.

En el 2016, Estados Unidos aprobó la Ley PROMESA, la cual puede eliminar todos los “poderes” del gobierno de Puerto Rico. El verdadero propósito de esta ley es obligar a que el territorio de Puerto Rico, pague a los bonistas de Wall Street, la faraónica deuda que el gobierno de Puerto Rico contrajo con ellos. Esta Ley, creó una “Junta de Supervisión Fiscal” con todos los poderes sobre el llamado gobierno de Puerto Rico. La “Junta” tiene facultad de aprobar el presupuesto de la isla, abolir leyes aprobadas por la legislatura, abolir sentencias judiciales de los tribunales de Puerto Rico, incluyendo a su “Tribunal Supremo.” En cuanto al ejecutivo, la Junta tiene la facultad de abolir cualquier ley o reglamento proclamado por éste. También, el ejecutivo tiene que someter un plan fiscal donde aparezcan todos los recortes presupuestarios, ordenados por la Junta.

Nada que, como decimos en Puerto Rico, el gobernador se convirtió “en un corre, ve y dile” de este organismo impuesto por el poder metropolitano sobre su colonia.

¡En fin, la mona es mona y aunque se vista de seda, mona se queda!