Mar08222017

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Solidaridad con Venezuela, ante inminente intervención armada de los EE.UU.

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) A fines del año 2004 visité Venezuela con el propósito de conocer los proyectos de educación y de atención a la pobreza que había creado el entonces presidente Hugo Chávez Frías. Me interesaban porque en Puerto Rico la tasa de analfabetismo era significativa, además de poseer un gran por ciento de analfabetismo funcional. (Desgraciadamente todavía se sostiene en estas cifras.) Los métodos empleados en Venezuela para combatir la ausencia de competencia lectora ya habían alcanzado reconocimiento internacional. Fue así que asistí al Congreso en Defensa de la Humanidad convocado por intelectuales y artistas solidarios con la causa venezolana y los grandes cambios sociales que la revolución bolivariana estaba produciendo.

En Caracas estuvieron presentes destacadas figuras como Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz; el español Alfonso Sastre; una delegación norteamericana encabezada por el fiscal Ramsey Clark; el intelectual dominicano radicado en México, Héctor Díaz Polanco; la argentina Alcira Argumedo; Saúl Landau, cineasta estadounidense y galardonado defensor de los derechos humanos; los directores de la página Rebelión de España, de la revista cibernética cubana La Jiribilla y del Centro Martin Luther King de La Habana. Varios artistas españoles de la serie Cuéntame cómo pasó y diversos cineastas de América Latina y España hicieron acto de presencia junto al famoso actor Danny Glover, entre muchos otros destacados asistentes.

El primer día del congreso nos dividieron en mesas de discusión. A mí me tocó la humanística y artística coordinada por el arqueólogo Mario Sanoja, intelectual invitado a Puerto Rico por don Ricardo Alegría. En ella se hizo la propuesta de construir una emisora alternativa de televisión, ya que el dominio mediático de las grandes empresas atentaba contra la libertad de expresión y de divulgación de la labor social del gobierno que había colocado en manos del pueblo a las compañías petroleras. Las grandes oligarquías controlaban la prensa. Años más tarde, y muy a su pesar, Cuba podría tener petróleo venezolano.

El segundo día del congreso partimos en grupos a distintas partes de la ciudad y del país. Algunos asistentes fueron llevados a zonas cercanas al Amazonas con el fin de visitar los proyectos sociales allí iniciados. A mí me tocó visitar los cerros que bordean a Caracas y de donde bajaron cientos de personas a defender a Chávez de un intento de golpe de estado. En mi guagua los puertorriqueños que allí acudimos, capitaneados por José Ignacio Jiménez, estuvimos acompañados de un silencioso, pero observador y cálido Ernesto Cardenal. Al llegar Barrio Adentro, pudimos visitar la clínica de salud y ver a los médicos cubanos que colaboraban con la asistencia sanitaria. Allí se encontraba el fundador de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, una de las figuras centrales del movimiento mundial antiglobalización capitalista. Fuimos testigos de que la revolución buscaba transformaciones en las zonas periféricas, con los más desposeídos. Al lado de la clínica se encontraba una escuela Robinson designada para el trabajo de alfabetización y, muy cerca, la Casa de la Comida, lugar que repartía alimentos de forma gratuita. No cabía duda de que la revolución tenía el apoyo del pueblo. Un hombre se acercó a mí para enseñarme con orgullo que al fin tenía tarjeta de votación, hecho que demostraba que los anteriores gobernantes limitaban el acceso de los más pobres al poder. Las elecciones venezolanas bajo el gobierno chavista han sido catalogadas por observadores internacionales como transparentes en su desarrollo. Así lo hicieron los que acudieron a la votación por la Constituyente que se celebrara recientemente. (https://epoliticainternacional.blogspot.com/2017/08/venezuela-los-observadores.html)

Hoy Venezuela se encuentra sumida en lo que Ramonet ha llamado una falsa “primavera” cuyo propósito es desestabilizar el gobierno y, en este caso, favorecer la intervención norteamericana. Tres países latinoamericanos han declarado su rechazo al gobierno de Nicolás Maduro: Brasil, Argentina y Paraguay. Era de esperarse. El neoliberalismo más atroz se ha adueñado de estas tres naciones del Cono Sur. En el primero impera la dictadura de Temer. En el segundo, Mauricio Macri ha cercenado las políticas de bienestar social. Desde antes de su incumbencia como presidente había manifestado su intención de expulsar a Venezuela del Mercosur.

En estos días se teme una intervención de los Estados Unidos a Venezuela. No pretendo ignorar la nutrida oposición al gobierno venezolano, pues los propios chavistas han llamado al diálogo, aunque sostengo que esta oposición es parecida a la creada al gobierno de Salvador Allende en los años setenta y que ha sabido agitar a sectores populares que antes apoyaban al gobierno. No puede ignorarse tampoco el cruel asesinato de seguidores del chavismo que han sido hasta quemados vivos ni el hecho de que desde el inicio del mandato de Hugo Chávez los Estados Unidos se manifestó en contra de la revolución. En el pasado, George Bush hizo serias amenazas a este país. La sed de petróleo y de los recursos naturales, como los de la zona amazónica, incitan el belicismo del imperialismo y ha marcado duramente los años de la revolución inspirada en Bolívar.

Sigo estando con Venezuela y en contra de una intervención norteamericana en su territorio que pueda cimentar a los sectores neoliberales de América Latina dejando a Cuba en una total soledad. El apoyo a este país es definitivamente urgente para detener el fascismo en América Latina.