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Virginia y los supremacistas blancos, ¿el PNP/Anexionismo, son sus aliados?

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altLos anexionistas en Puerto Rico están afinando su estrategia ante los recientes eventos en el estado de Virginia. El hecho de que haya supremacistas blancos marchando en las calles de los Estados Unidos tiene el efecto de que los anexionistas tengan que repensar su proyecto. Pero lo que para la mayoría de nosotros sería lógico, que se planteen si la estadidad es posible ante el desborde de racismo en la metrópoli, para ellos es una oportunidad ya que dichos eventos, según Carlos Romero, sólo son señal de la multiculturalidad de la sociedad norteamericana. La realidad es que leer esas palabras causa una gran preocupación. Para los estadistas el racismo de la metrópoli simplemente no existe, o más bien, es una invitación a unirse al club.

El hecho de que los anexionistas no puedan identificarse con los negros de los Estados Unidos y que sean incapaces de ver que ellos, los anexionistas, también son el objetivo del odio de los supremacistas blancos me preocupa. Al parecer el discurso oficial del anexionismo en Puerto Rico es que ellos no son parte del conflicto, que el racista norteamericano no los ve a ellos como negros, extranjeros o simplemente el otro. Esta incapacidad del colonizado de verse como tal implica que su propia condición de colonizado es inexistente para ellos. Si el colonizado no se entiende como parte de un sector marginal entonces desarrolla la idea de que es parte de la cultura imperante, que es parte del proyecto hegemónico. Por lo tanto, si el colonizado no se ve como colonizado, se entiende a si mismo como blanco, como merecedor de ser parte del proyecto de exclusión y así como protagonista de su propia extinción.

Cuando el anexionismo puertorriqueño simplemente asume que es parte del proyecto político del supremacismo blanco abandona su carácter descolonizador, si es que alguna vez lo ha tenido. Entonces el anexionismo asume la posición de un proyecto subordinado al discurso hegemónico blanco que presume de una superioridad cultural y económica que justifica la violencia contra el Negro, el inmigrante y el extranjero. De este modo cuando el anexionismo dice que su reclamo está más justificado que nunca ante las manifestaciones racistas en Estados Unidos lo que hace es presentarse como parte de un proyecto hegemónico de exclusión que simplemente no puede ver el carácter colonial del racismo norteamericano. Es interesante, incluso, ver cómo Carlos Romero afirma que los que se manifiestan a favor del racismo son "nazis, comunistas" como si ambas ideologías fueran iguales o propusieran el mismo proyecto político. Obviamente ese error de Romero sólo indica que el mismo sigue tan inmerso en los discursos hegemónicos como cualquier supremacista "liberal".

El proyecto liberal propuesto por el anexionismo en Puerto Rico es incapaz de ser una alternativa real ante el discurso racista hegemónico en Estados Unidos porque simplemente no es radical. La radicalidad de un proyecto de descolonización tiene que partir de un análisis más serio y profundo de la crisis racial de los Estados Unidos y del reconocimiento del lugar que ocupamos, como sujetos coloniales, en la misma. La ausencia de un análisis que tome en consideración esta realidad colonial y que asuma la importancia del carácter supremacista del propio anexionismo es lo que impide que su reclamo sea tomado en serio y que sea realmente relevante ante los cambios que ha sufrido la sociedad norteamericana en años recientes.

El racismo de Estados Unidos no comenzó con Donald Trump y no terminará con su salida de La Casa Blanca. Ese racismo lleva años cultivándose y sus manifestaciones más recientes sólo indican que ya está listo para convertirse en el discurso oficial y público del conservadurismo norteamericano. Ese sector racista y conservador es el que ha alimentado ideológicamente al anexionismo local a pesar que de su articulación política sólo puede conducir al rechazo de la anexión del colonizado. Desde esta perspectiva es preocupante que el anexionismo puertorriqueño simplemente no sea capaz de ver lo que está pasando en Estados Unidos desde su propia realidad colonial y asuma que su reclamo es parte del proyecto hegemónico de la metrópoli.