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Panamá en el camino geopolítico de los EE.UU.

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(San Juan, 11:00 a.m.) Para comprender el rol de Panamá en la geopolítica del imperio, es necesario conocer la conformación del territorio de EE.UU. desde sus trece colonias originales.

Panamá ha tenido un significado geopolítico desde la época precolombina. Con la llegada de Balboa al Pacífico y la apertura de nuevas rutas, España dominó a los pueblos originarios, los saqueó y se convirtió en imperio.

Sin el paso interoceánico, la historia del mundo sería muy diferente. El mismo acortó distancias y unió territorios alejados, lo cual implicó grandes ahorros, efectividad militar y eficacia colonial.

A principios del XIX, las trece colonias tenían conflictos con Francia, España, Rusia e Inglaterra, que conformaron una Santa Alianza para restaurar los derechos monárquicos que fueron caducando a raíz de las guerras de independencia en América.

Estos conflictos fueron pronto resueltos. Desde entonces, Inglaterra y EE.UU. iniciaron una diplomacia colaboracionista que perdura hasta hoy y, en ese espíritu, Inglaterra le sugirió a EE. UU hacer una declaración de principios que definiera su actitud hacia Europa en relación con los nuevos Estados de América Latina.

El resultado fue la Doctrina Monroe (DM), que EE.UU. interpreta como ‘América para los norteamericanos', y que el presidente James Monroe leyó ante el Congreso el 18 de diciembre de 1823: Europa no podía colonizar ni intervenir en las nuevas repúblicas, una doctrina basada en un principio antiguo según el cual Europa era un continente, y América, otro.

A su amparo, EE.UU. expandió su comercio y su influencia política, pero disimuló la presencia inglesa en Centroamérica, hasta cuando la necesidad de una vía interoceánica generó un conflicto diplomático con Inglaterra por más de medio siglo (1850 a 1902).

La no colonización y no intervención de Europa se tradujeron en dos principios de política exterior de EE.UU.: la intervención y el establecimiento de cuasiprotectorados en América Latina.

EE.UU. se expandió hacia el Oeste y el Sur, en despojo de los indígenas, a quienes robó sus territorios. Entre 1848 y 1854 le arrebató a México más de la mitad del actual territorio de EE.UU., que se extendió del Atlántico al Pacífico (Julio Yao, ‘Síntesis Histórica', El Canal de Panamá, Calvario de un Pueblo, Madrid, Editorial Mediterráneo, 1972, 1974, págs. 11/57).

Panamá tuvo un rol de primerísima importancia con la apertura del ferrocarril interoceánico en 1855, que comunicó las dos costas de EE.UU., ya que era peligrosa la conexión por tierra debido a las guerras de la Unión y los colonos contra los indígenas después de la Guerra Civil (1865).

Antes del ferrocarril, construido por los chinos, el rol geopolítico de Panamá se desarrolló por tierra, siendo estos los pioneros auténticos de la vía acuática, ya que una vía férrea era el primer y obligatorio paso para un Canal.

El ferrocarril es un elemento constitutivo de la vía acuática y no algo separado (Yao, ‘El ferrocarril y el suicidio de los chinos', La Estrella de Panamá , 21 y 29 de octubre de 2015).

Una vez completada su silueta continental, EE.UU. viajó a ultramar, y llegó a China (1844), Japón (1854), Corea (1866), Alaska (1867), a China nuevamente (Rebelión de los Boxers, 1898), regiones a las cuales impuso tratados desiguales y ampliamente ventajosos. Posteriormente, se anexaron a Hawaii, las Filipinas, Cuba, Puerto Rico e islas en el Caribe tras la Guerra con España de 1898.

Al contar con territorios en ambos océanos, EE.UU. se convirtió en una potencia marítima a fines del siglo XIX, y por ello se dedicó a modernizar su marina mercante y su poderío naval (Yao, ‘Panamá y el Destino Manifiesto', ‘El Canal de Panamá…, págs. 98-101).

En 1902, influido por las tesis de Alfred Thayer Mahan de que ‘quien domine los mares, domina el mundo', EE.UU. emprendió la construcción de un canal en Panamá.