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Panamá [continúa] en la senda de la geopolítica de los EE.UU.

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Inglaterra, que tenía un protectorado en la Mosquitía (en Nicaragua), firmó con EE.UU. el Tratado Clayton-Bulwer de 1850, conforme al cual ambas potencias se consultarían mutuamente en torno a un canal, obligándose a no fortificarlo ni a dominar el territorio por donde se practicase el mismo.

Terminada la Guerra Civil (1861-1865), EE.UU. quiso abrogar este tratado para construir el Canal por cuenta propia, pero Inglaterra se rehusó a renegociar, y no fue hasta 1901 cuando firmó el Tratado Hay-Pauncefote de 1901, que lo abrogó y obligaba a EE.UU. a no fortificar el Canal y a respetar la libre navegación.

Un primer Tratado de 1900 recibió enmiendas unilaterales del Senado de EE.UU. para permitir su control militar, pero Inglaterra las rechazó, y EE.UU. se vio obligado a renegociarlo, contrario a lo ocurrido con Panamá en 1978.

Con el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903, EE.UU. actuó ‘como si fuera soberano'; violó el Tratado Hay-Pauncefote; fortificó y militarizó el Canal y manejó la navegación según sus propios intereses.

En la Primera Guerra, EE.UU. apresó barcos alemanes en el Canal. En la Segunda, jamás dejaron siquiera acercarse a barcos de Alemania o Japón.

En diciembre de 2008, al destructor ruso ‘Almirante Chabanenko' se le obstaculizó su tránsito, y en 2011 EE.UU. abordó en alta mar el barco de Corea del Norte, Chong Chon Gang, que debía atravesar la vía y lo entregó a Panamá, que arrestó a su tripulación y confiscó su carga (Yao, ‘¿Es neutral el Canal?', La Estrella de Panamá, 21 de abril de 2017).

La conjunción del poder naval con el aéreo en el primer tercio del siglo XX dio lugar al portaaviones, base militar flotante, una concepción más avanzada de bases militares, ya que su alcance y velocidad le permiten penetrar profundamente en cualquier territorio.

Los primeros portaaviones de EE.UU. atravesaron el Canal en los años veinte. Pero en víspera de la Segunda Guerra y antes de Pearl Harbor, EE.UU. inició la construcción de un Tercer Juego de Esclusas en 1939 para permitir el paso de portaaviones más avanzados.

Pero consideraciones financieras de la Segunda Guerra obligaron a suspender la obra en 1942, cuyas dimensiones eran sospechosamente casi idénticas a las del presente Canal ampliado a un costo elevadísimo.

Desde la Segunda Guerra, la evolución de los factores estratégicos (distancia, tiempo, velocidad) fue arrojando un desequilibrio gradual en favor de la fuerza aérea, que supera en efectividad militar a la fuerza naval y la infantería. De allí la proliferación de bases aéreas en torno a áreas estratégicas durante la Guerra Fría, que alcanzaban mayor penetración que las plataformas tradicionales (Yao, ‘Cincuenta razones para rechazar las bases militares', El Canal de Panamá..., págs. 120-129).

Pero la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki (1945) y su continuo perfeccionamiento dieron un vuelco radical en la geopolítica: desde entonces una sola ojiva nuclear puede destruir la totalidad de un país.

La primera consecuencia geopolítica de la bomba atómica es que ya las bases militares pierden buena parte de su efectividad, quedando su importancia reducida a conflictos locales o para invadir el territorio tras un ataque nuclear.

Por esta razón, tanto Francia como Inglaterra desmantelaron sus bases alrededor del mundo y, por lo mismo, no tenían ni tienen gran utilidad las bases de EE.UU. en torno a Rusia (ex Unión Soviética), China o Corea del Norte.

Los aviones a retropropulsión, proyectiles teledirigidos, misiles con ojivas nucleares, etc., no cambian las concepciones geopolíticas de fines del siglo veinte.