Cuba: una reflexión [ética] necesaria

alt(San Juan, 9:00 a.m.) Ir y volver de Cuba, siempre es un lujo del que tiene la posibilidad. Pero, en ese ir y venir, la Revolución Cubana de 1959, continúa creciendo y desarrollándose. De igual forma, su pueblo, la primera generación, la segunda generación, y ya una tercera generación, vive y convive de la memoria, el recuerdo, como de la materialidad de vida en la Cuba del 2017. Cuba es un lugar lleno de contradicciones, pero de una unidad interesante y vinculante: el pueblo, su gente, su gobierno tienen una apuesta abierta a vivir bien.

Pero vivir bien en Cuba es muchas cosas a la vez. Es vivir sin internet de fácil acceso, pero subvertido el problema por accesos establecidos y garantizados por la población. Comer bien en Cuba, fuera de los restaurantes que se pagan con la moneda de conversión, los llamados CU, es vivir también con intercambios alimenticios entre la gente, en la compra y reventa de productos adquiridos dentro de la estructura del estado. Pero también, es vivir con una situación crítica económica, producto de un bloqueo, pero también de otras razones económicas definidas por el gobierno de Cuba. Es vivir, muchas veces aceptando la vida como es.

Es decir, todo en Cuba es contradictorio. Lo interesante son los niveles de apoyo de la población a su integridad nacional llamada Cuba, la cual es dirigida por su gobierno, el cual preside Raúl Castro. En esta medida, Cuba es un lugar que se mantiene “pegao”, en apariencia, porque las bases fundacionales de la república de 1959, se hicieron bajo una ética diferenciada a la del capital, la burguesía nacional y foránea y, sobre todo, porque la palabra “compañero y compañera” para referirnos al desconocido aún sigue siendo un referente. Cuba se constituyó desde la revolución en un lugar de solidaridades y bajo un comportamiento distinto al de su principal promovente de su desestabilización, los EE.UU.

En esta medida, Cuba es un lugar interesante y a veces difícil de entender, pues pese a todos los sacrificios que se viven allí y que vive la población, la gente se mantiene aun defendiendo aquello. Es que, a fin de cuentas, pensar la vida desde otra forma, es respetar al otro, es convivir con las diferencias, y más que nada ser tolerante a estas.

Pero le pido al lector que no me crea, y que se adentre a vivir en Cuba con una familia, que le alquile un cuarto, para que usted vea como se “compone el son”. Luego usted se pregunta ¿y por qué la gente sigue apoyando a su país? Sería muy fácil decir que es por la salud pública gratuita, la mejor del mundo. O por la educación pública gratuita, una de las mejores del mundo. O por la oferta cultural de proyecto de país, casi gratuita, y una de las mejores del mundo. Todo esto se queda chiquito ante el asunto de la ética de la solidaridad.

Ver a Cuba desde Puerto Rico, es también preguntarse donde yace el tema de la ética de la solidaridad en la isla. En particular, en la constitución de una lucha opuesta a la presencia del poder colonizador. ¿Cuál es mi/nuestra ética, distinta a la de Washington? Es algo que debemos de preguntarnos. A fin de cuentas, Cuba y Puerto Rico siguen siendo de un pájaro las dos alas. Pensemos.