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Irma y el rostro racista del cambio climático

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) Por paradójico que parezca el paso del huracán Irma por el Caribe dejó un rastro que sirve para delimitar el mapa racial de la región. Mientras que las zonas blancas y turísticas sufrieron el embate del huracán bajo la protección de hoteles, grandes edificios y casonas coloniales las zonas negras de la región vieron sus casas desaparecer bajo el influjo de la tormenta.

Ese es el caso de la zona de Loíza donde hemos podido ver, una vez más, el impresionante rostro de la pobreza, de los marginados y de los olvidados de Puerto Rico. Este olvido sólo coloca en perspectiva el impacto real del cambio climático en las regiones donde la raza es el criterio para establecer las clases sociales. Los que tienen acceso, los que están adentro, siguen sus vidas como si nada hubiera pasado mientras que los de afuera, los excluidos, tienen que enfrentar el reto de haber perdido todo.

Tal pareciera que Irma seleccionó intencionalmente lesionar a los negros del Caribe con mayor furia. Los rostros de las personas de Barbudas, los de Saint Thomas o Santa Cruz sólo nos recuerdan que hay unos que están fuera. Esos son los que sufren el mayor dolor ante la embestida de Irma porque viven en las regiones menos protegidas, más expuestas y con menores instrumentos para movilizarse o asegurar sus propiedades.

A esas regiones les llega más tarde la energía eléctrica, los servicios básicos y son las que serán vistas con pena por parte de las élites que han causado la destrucción de las mismas. Es así que los rostros llenos de lágrimas de los negros, esas caras lindas de las que hablaba Ismael Rivera, mejor conocido por Maelo, se verán retados por la pregunta, impertinente y sin sentido de una periodista que solo busca el titular, acerca de qué le pide la víctima a Puerto Rico.

El rostro negro de la víctima, que ahora será objeto de un maratón donde las élites podrán dar rienda suelta a su superioridad, que es la causa de la situación de esos rostros negros, deberá ser agradecido y reconocer que el blanco de la urbanización cercada a la cual ellos no pueden entrar es pura bondad y solidaridad. Esa es la imagen de la primera dama rodeada de las élites anunciando su bondad y solidaridad con las víctimas que son sus preferidos, por ahora. Esas mismas élites que rodean a la primera dama en el anuncio reflejan el desprecio que sienten hacia las víctimas y los rostros negros que las caracterizan.

A los que están en posiciones de poder les gustan las víctimas, sobre todo las inocentes, porque les permiten demostrar su superioridad, su solidaridad y su bondad. La tragedia del pobre negro del Caribe es una buena oportunidad para que el blanco, descendiente del esclavista que causó su penuria, pueda demostrar su superioridad moral. Estamos bendecidos, dirán los que en su comodidad no sufrieron el embate de la tormenta, mientras que el subtexto es que el negro que fue golpeado duramente por la tormenta es culpable de algo, por eso no está bendecido.

Lo bueno de la tormenta que es ahora todo es solidaridad y bondad, lo malo es que todos sabemos que eso sólo es posible cuando el rostro de la víctima está en el piso. Así lo que quiere el santurrón blanco, que va a celebrar el maratón, es un pobre arrodillado y agradecido reafirmando el poder del amo.