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Trump y Rosselló: las dos caras del mismo mal

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(San Juan, 9:00 a.m.) En poco más de ocho meses, la presidencia y gobernación de Donald Trump y Ricardo Rosselló, respectivamente, han demostrado contener una mirada similar ante la vida: ambos son líderes que, ante la oportunidad, se olvidan de los criterios de la dignidad, el decoro y sobre todo la ética. Son líderes marcados por un pragmatismo oportunista en su gobernanza.

La personalidad de Donald Trump es muy conflictiva. En particular, en su manejo del otro u otra, contra el que él discrimina. Ante esto, con el caso de los 800 mil residentes en estatus de soñadores (dreamers), él los amenaza con ser deportados, pero abre una comunicación con el partido de oposición, el Partido Demócrata, para encontrar un acuerdo por el cual se construya el muro divisorio con México, a cambio de que los jóvenes soñadores se queden legalmente en su país. Es un pragmatismo oportunista sin lógica de una ética superior, y menos sin un código moral de común aceptación.

Mientras el gobernador de turno en Puerto Rico, Ricardo Rosselló, en su afán obsesivo por alcanzar la estadidad para Puerto Rico, cruza “puentes” de cualquier forma y contenido. En este sentido, en las controversias éticas y morales que ha asumido Trump en los EE.UU., Rosselló ha guardado silencio al punto que no ha dicho nada. Siendo esto así, Rosselló en su pragmatismo oportunista, nunca ha dicho si es o no supremacista, si es o no racista, si apoya los comentarios despectivos de Trump contra las mujeres, en particular Hillary Clinton o las periodistas.

Entonces, ambos son parte del mismo mal. Uno porque habla, y el otro por que calla. Pero ambos son oportunistas, que creen que su ideal debe de ir por encima de cualquier cosa. Ahora nos toca a nosotros decidir, si, ante la última idea de Ricardo Rosselló, de invitar a Donald Trump a Puerto Rico, nos debemos de quedar callados y aceptar dicha invitación pese a que la misma es contraria a nuestra ética, nuestra moral y sobre todo a nuestra noción de vida democrática.

Como mínimo debemos empezar a decir, que ni Trump ni Rosselló, me representa. Pensemos.