¿Ciudadanos Americanos? ¿Y qué?


(San Juan, 9:00 a.m.) El gobernador de Puerto Rico va conferencia de prensa tras conferencia de prensa, reclamando derechos como ciudadanos americanos, que encuentran oídos sordos o distorsionados hoy en los EE.UU. Es curioso, pero el gobernador implora este estribillo para recibir beneficios por el paso del huracán María. Lo cierto es que los beneficios que nos ofrecen hoy el gobierno de Washington también vienen condicionados a que somos americanos. Pero qué tipo de ciudadanos americanos somos, es la pregunta esencial que debemos de formular.

El mito con el cual hemos convivido es que, en el 1917 bajo la Ley Jones, se concedió la ciudadanía a los residentes de Puerto Rico. Esto es un dato parcialmente cierto. Lo correcto es que la ciudadanía se les concedió a los hombres, no a las mujeres, salvo que estas se casaran con hombres ciudadanos. Los hijos, debían de ser nacionalizados, como les ocurrió a las mujeres.

Es en la Ley de Naturalización de 1940, donde los boricuas, todos y todas, accedieron a la ciudadanía de los EE.UU. “tal si Puerto Rico, solo para este propósito, fuera un estado”. Ahora bien, es una ciudadanía por acto de ley, la cual puede ser derogada. No es por un acto de nacimiento en suelo de los EE.UU. Hay una diferencia esencial en este aspecto. Es una ciudadanía de otra clase, la cual puede ser derogada o revocada en cualquier momento.

Ante esto, la jurisprudencia del Tribunal Supremo de los EE.UU. en los casos relevantes de Calero y de Torres de la década de 1970 definió que, en Puerto Rico, los ciudadanos de los EE.UU. por ser residentes de un territorio, pueden ser tratados de otra forma. De una forma diferenciada, con menos beneficios que si fueran ciudadanos residentes en los EE.UU. La diferencia de ambas ciudadanías es el territorio/el suelo. En Puerto Rico son derechos y haberes distintos a si fueran en los EE.UU.

Esta explicación es una sencilla. Todo estudiante de derecho la conoce. El gobernador, Ricardo Rosselló la debería de conocer. Si no él, por lo pronto sus asesores. Lo interesante es su aparente desconocimiento y su insistencia, en conferencia de prensa tras conferencia de prensa, de pedir paridad de trato para los ciudadanos de los EE.UU. Se trata de otra forma, indirecta, por la puerta trasera, o por una forma lateral, de solicitar la estadidad para Puerto Rico.

Por lo tanto, en la cultura boricua, los gobernantes, en particular en los que creen en la anexión, el intentar engañar a los gobernantes de Washington, es como la consigna del día. Ante esto vivimos, intentando vivir en el engaño. Lo interesante, y sobre todo ante lo discutido ayer en el Congreso federal, todo indica que los legisladores federales no conviven con la lógica de Rosselló y otros. Simplemente nos tratan como son: ciudadanos coloniales. Si usted no desea ser colonia, entonces una opción clara es abogar por la soberanía nacional. Pensemos.