Mar11212017

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Con o sin gobierno, en Puerto Rico estamos de pie y caminando

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(San Juan, 12:00 p. m.) El domingo fue un día de pláceme. Recibí varios paquetes de amigos y familiares desde los Estados Unidos. Unos llegaron por correo regular y otros por una compañía de envíos. Me sorprendió que el correo trabajará un domingo, pero en medio de la crisis siempre hay pequeños milagros.

Mis vecinos me llaman el “bien amado”, “el querido”, “el milagrero” por las cajas que recibo y que por supuesto comparto. Son tiempos de solidaridad.

María ha traído muchos cambios. Empero ha servido para revivir el tradicional ¡Ay bendito! del puertorriqueño. Los vecinos se han convertido en amigos y hasta en familia. El compadrazgo y lo que implica la responsabilidad de ser compadres ha resucitado. La verdadera esencia de lo que somos como pueblo ha resurgido entre los escombros para dar paso a un periodo de reflexión sobre el derrotero por el cual transitábamos.

“María ha sido un golpe duro, pero nos ha hecho despertar del letargo en que estábamos sumidos”, señala Pirrin González de Río Piedras. “Habíamos perdido la senda y ahora la estamos retomando”.

“El materialismo, el consumismo, la ambición, la hipocresía, la mediocridad y el hedonismo nos habían hecho prisioneros de una sociedad decadente y vana donde las posesiones valían más que el ser humano”, afirma González.

Estamos al borde de una revolución social como nunca le hemos conocido añade.

“La crisis socioeconómica está solo comenzando”, señala la financista María Villabella de Mayagüez. “Estamos ahora lentamente creando conciencia de lo que ha sucedido, en el proceso de duelo esto se conoce como aceptación”.

“El pueblo está saliendo de la negación, sin embargo el gobierno aún no ha podido tomar control de la situación. Falló el gobierno local y se derrumbó el mito de la acción efectiva federal”, expresa la profesional mayagüezana.

María tomó a todos desprevenidos. La historia del país para futuras generaciones estará marcada por el huracán y la hecatombe que lo acompañó.

“El gobierno no pudo lidiar con la situación, dejó de operar. Los recaudos tan necesarios para el funcionamiento gubernamental y la reconstrucción nacional se apagaron con el derribe del sistema eléctrico. Esto jamás debió ocurrir”.

Tan fuerte fue el golpe de María en la estructura gubernamental que en 33 días han dejado de entrar en la caja del Departamento de Hacienda $1,800 millones.

“El caer la estructura gubernamental el país quedó acéfalo. La única respuesta del gobierno ha sido salir corriendo a humillarse ante el presidente Trump para que les de dinero”, expone Villabella.

“Hemos analizado las razones del colapso gubernamental y llegamos a la conclusión de que fue deliberadamente orquestado”. Puntualiza Villabella. “La situación los beneficia porque la caja se cerraba en octubre. El gobierno había advertido que se quedaba sin dinero para este mes”.

“Ahora están esperanzados con el préstamo por $4, 900 millones que les permitirá operar hasta diciembre. Sueñan que se lo condonen, a pesar de que el presidente Trump insiste en que cada centavo otorgado a Puerto Rico tiene que ser repagado. Sin embargo lo más apremiante es conocer el plan gubernamental le permitirá operar luego de diciembre.

“Escuchamos muchas promesas, una gran politiquería y muchas relaciones públicas, pero nadie ha mencionado un proyecto de país para enderezar la economía y retornar a la cotidianidad. Nos enfrentamos a una realidad catastrófica, eso lo sabe todo el mundo, empero la fórmula mágica, las estrategias, los objetivos y las metas están ausentes”.

“El gobierno está asesinando al empresario local. El que tiene un generador puede operar, pero sus costos se han incrementado con la compra de combustible. El que no tiene generador desapareció del mercado. Es un análisis simple, el capital extranjero se beneficiará mientras el local quiebra”.

A esta situación hay que añadirle el éxodo masivo de puertorriqueños, en su mayoría profesionales, a Florida y Texas principalmente. Esto trae como consecuencia un excedente de viviendas, la caída del mercado arrendatario y las quiebras hipotecarias.

No podemos dejar de mencionar que la falta de electricidad y la agonía empresarial incrementará el número de quiebras comerciales. El desempleo aumenta con la caída de la industria turística, el cierre de hoteles, restaurantes, tiendas de recuerdos, parques temáticos, edificios históricos, museos, etc. Los bancos locales sufren grandes pérdidas. El efecto es uno dominó.

La inercia gubernamental, el colapso eléctrico, la caída estrepitosa de los mercados nacionales, la desesperanza de los nacionales y el éxodo de boricuas son semejantes a las invasiones de los bárbaros sobre la antigua Roma. La gran pregunta aquí es, ¿quién se beneficiará de esta situación?

“Históricamente este periodo se asemeja a 1899 cuando San Ciriaco arrasó con la industria agrícola y la ayuda federal para la reconstrucción de la colonia fue mínima”, indica el historiador Luis Santaliz. “Ese huracán precedió la llegada de familias estadounidenses al país y la acaparamiento de las mejores tierras agrícolas para el monocultivo azucarero”.

“El que tiene capital para comprar encontrará un país dispuesto a venderse por migajas porque está sumido en la extrema pobreza”, puntualiza Alma González de Río Piedras. “Trabajé toda mi vida en tiendas de ropa, he visto el cierre de empresas puertorriqueñas a lo largo de mi vida. María asestó un golpe mortífero a la economía puertorriqueña y la ineptitud gubernamental mató al comerciante boricua”.

No podemos negar la inmensidad de la crisis socioeconómica dejada por María a su paso por Puerto Rico. El dolor y la destrucción se ven por doquier, como también se notan la falta de liderazgo, la lentitud de las ayudas y la apatía de funcionarios.

“El pueblo se sintió olvidado por las acciones del gobierno”, indica Francisco García de Loíza. “Nosotros limpiamos las carreteras, nos prestamos ayuda y nos preparamos para continuar batallando. La gente y la alcaldesa se movilizaron para que nuestro pueblo no desapareciera. El gobierno estatal nos olvidó”.

Peor piensan los residentes del oeste del país.

“Estuvimos olvidados por días”, afirma Maritza Pagán de Añasco. “El oeste no existió para el gobierno. La destrucción a causa de las inundaciones es indescriptible. El gobierno nos falló”.

El país en su totalidad aplaude a la diáspora por su pronta acción.

“Nos hubiésemos muerto si no hubiese sido por los que viven fuera de la Isla”, afirma Margarita Martínez de Mayagüez. “Gracias a la diáspora, a los artistas y peloteros tenemos un país. La ayuda de ellos llegó primero que la gubernamental. Dios los bendiga”.

El país intenta recuperarse. Existen múltiples cuestionamientos sobre la acción gubernamental, el número de fallecidos, la sombra de un posible genocidio y un futuro incierto.

Lo único cierto es que los puertorriqueños saldremos adelante, con o sin gobierno.