Luego de María, más allá de la caridad

(San Juan, 12:00 p.m.) A más de un mes del paso del huracán María por nuestra isla es tiempo de que comencemos a hablar de algo más allá de la caridad. Cuando hablo de la caridad hablo de la tendencia a tratar el desastre ecológico-político-social que ha provocado María como una instancia de emergencia alimentaria o se necesidad de socorro. Puerto Rico está pasando por una emergencia pero la misma es política y social. La oligarquía encuentra emocionante esto de poder dar de comer a los pobres o repartir agua en cajas y sentirse héroes. Pero la realidad es que repartir agua o dar de comer no resuelve el problema político-social que ha provocado María o que causa del desastre provocado por María. Aquí hay una contradicción profunda, por un lado podemos creer que lo que está sucediendo es el resultado del paso del huracán María. Pero al considerar detenidamente los hechos podemos preguntar si realmente es María la causa o es el resultado. ¿No estaremos enfrentando el resultado de un proyecto neoliberal que está siendo exitoso? ¿Realmente la catástrofe causada por María es un accidente o es, en el fondo, el objetivo de los que tienen poder dentro de la Isla?

Es tiempo de ir más allá de la caridad porque ya es tiempo de, sin dejar de repartir lo que haga falta a quienes lo necesiten, comenzar a hablar sobre cómo vamos a reconstruir al país. Pero esa reconstrucción no puede ser un regreso a la “normalidad” que provocó la emergencia que enfrentamos. No podemos regresar a lo que era antes de María porque estaríamos abriendo la puerta para que la emergencia vuelva a suceder. Si las oligarquías se entretienen repartiendo comida y agua, y con eso creen que han hecho la diferencia pero siguen promoviendo las políticas que nos han colocado en esta posición entonces no estaría realmente haciendo nada. Entiendo que repartir agua y comida les da sentido de utilidad, les hace sentir que hacen algo pero asegurando que nada cambie, pero ese sentimiento de estar “haciendo algo” realmente no nos ayuda a establecer una nueva realidad en el país.

Es tiempo de dejar de dar caridad pues ahora es el momento para la justicia. Un sistema que colapsa como lo hizo todo el sistema de la Isla ante María es un sistema que era inequitativo e injusto. Un sistema que colapsa como pasó ante María es un sistema que no estaba funcionando adecuadamente. Vidas se han perdido, personas han sido desplazadas y muchos siguen experimentando las penurias de no tener acceso a los servicios básicos, servicios que no son gratuitos, servicios por los que pagamos, servicios que son brindados tanto por el estado como por la empresa privada. El colapso de las telecomunicaciones no tiene explicación ni justificación racional alguna. La ausencia de servicio eléctrico o de agua potable es un insulto a tantos años de facturación, pagos y malos tratos. El hecho de que las personas mueran porque no hay agua o energía eléctrica es simplemente un crimen de lesa humanidad. La catástrofe relacionada por María no es un evento climático, es un acto humano, es fruto del poder.

Ya el pueblo no puede quedarse callado. Mientras que no tenemos energía las corporaciones se hacen millonarias con contratos sospechosos. La casa Blanca intervino para asegurarse de que sus aliados, la oligarquía blanca del imperio, tuviera acceso al dinero que se iba a gastar en Puerto Rico. Mientras que los ricos de Washington hacen fiesta repartiéndose el dinero y los contratos la oligarquía local se cruza de brazos esperando cumplir con su función de lacayos del imperio. Esa misma oligarquía se entretiene repartiendo agua y alimentos, asegurando la estabilidad del sistema. Esa misma oligarquía se entretiene decretando toques de queda, partiendo del pánico de las élites, asegurándose de que nadie se salga de su puesto. Los pobres a hacer filas, a suplicar una ayuda, a recibir las dádivas de la oligarquía mientras que esa misma oligarquía se dedica a repartir contratos y asegurarse su partida de lo que nos queda. María no ha sido es desastre, el desastre ha sido el sistema que colapsó ante el paso del huracán simplemente porque la oligarquía prefiere abrir los brazos para el contratista y no para la gente.