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El discurso anti-corrupción es parte del proyecto neoliberal y colonial

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(San Juan, 12:00 p.m.) El discurso de la corrupción puede ser un instrumento del proyecto neoliberal y colonial. El argumento de que los puertorriqueños son corruptos o de que el gobierno local no es confiable está siendo utilizado por el Congreso para justificar la ampliación de los poderes de la Junta de Control Fiscal. Este hecho es evidente por las expresiones del presidente del Comité de Recursos Naturales del Congreso, Rob Bishop, en las vistas de hace dos semanas. En las mismas el congresista de Utah afirmó que era la desconfianza que tenían en el gobierno local, a la luz de las imputaciones sobre el contrato de Whithefish, lo que justificaba ampliar los poderes de la Junta para asignar el dinero para la recuperación. Este argumento no es nuevo y tampoco válido.

En la época luego de la Guerra Civil de los Estados Unidos el gobierno federal se embarcó en un proceso de reconstrucción del Sur aprobando legislación dirigida a promover la inclusión de los ex-esclavos en los procesos políticos de la región. Dichos procesos fueron derrotados lentamente por la resistencia de sectores supremacistas blancos que argumentaron que los negros eran corruptos e incapaces de gobernar. Esta incapacidad estaba atada a la creencia de que los negros eran criminales por naturaleza y que por lo tanto necesitaban ser supervisados por blancos en asuntos de gobierno. Esta creencia fue la base sobre la cual se construyó el sistema de segregación racial del Sur el cual estaba vigente cuando Estados Unidos comenzó el proyecto de colonización de Puerto Rico.

La misma creencia fue utilizada en los casos insulares por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para legitimar su determinación de que Puerto Rico pertenece a pero no es parte de los Estados Unidos. Según el Supremo los puertorriqueños vienen de una cultura inferior y no tenían una tradición de gobierno propio por lo tanto era legítimo tutelarlos mientras eran capaces de desarrollar destrezas de gobierno y civilización. Esta es la misma idea que subyace al sistema de segregación racial de los estados del sur. Por medio de este principio, la inferioridad cultural de los negros y de otras razas, se articuló la legitimación de la ciudadanía de segunda clase que infantilizaba a los negros en el Sur y a los puertorriqueños en el Caribe.

En el caso de la recuperación, y la asignación de fondos que el Congreso tiene que proveer para la misma, el argumento que legitimó el sistema de “Jim Crow” en el Sur y la ciudadanía de segunda clase de los negros y puertorriqueños sigue siendo esgrimido para ampliar los poderes de la Junta. Este proceso sólo nos llevará a que se reviertan todos los “adelantos”, si alguno, que se tuvieron a mediados del siglo pasado. Por lo tanto el proyecto neoliberal y colonial es el único que gana con el mismo. Alegar que Whitefish es evidencia de la corrupción sólo del gobierno local es argumentar que los puertorriqueños somos inferiores, corruptos e incapaces de gobernarnos, lo que sin duda conllevaría una ampliación de los poderes de la Junta y por ende la consolidación del proyecto neoliberal colonial en la isla. A pesar de que coincido con denunciar los actos de corrupción, vengan de donde vengan, estimo que es necesario ampliar la denuncia para incluir el papel del gobierno federal en los mismos y no perder de perspectiva que el enemigo del colonizado no es el otro colonizado sino el colonizador.