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Carmen Yulín, la vacuidad de la crítica política

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) Carmen Yulín Cruz, alcaldesa de San Juan, se ha destacado a nivel internacional por su crudo enfrentamiento con el presidente Donald Trump. Dicho enfrentamiento comenzó cuando Trump acusó a los puertorriqueños de no querer hacer nada por su recuperación y de pretender que otros lo hicieran por ellos. Ante este ataque, no merecido, contra el pueblo de Puerto Rico la alcaldesa de San Juan, en una entrevista televisiva denunció la inacción del gobierno de Trump y el abuso verbal al cual había sometido al puerto de Puerto Rico. Como respuesta a dicha crítica Trump, utilizando su cuenta de twitter como plataforma para acosar (bullying), y pensando que nadie le respondería, atacó directamente a Carmen Yulín diciendo que la misma le había criticado por órdenes de los demócratas y que era una persona asquerosa (nasty). Ante dicho ataque personal Carmen Yulín ripostó compareciendo ante los medios de comunicación de los Estados Unidos con una camisa que leía “Nasty” en referencia a la caracterización que de ella hiciera Donald Trump.

Las respuestas de Carmen Yulín y el intercambio con Trump le catapultó ante los medios internacionales siendo reseñada en “The Guardian”, MSNBC y otros programas de comedia nocturna de gran audiencia. Incluso “Comedy Central” incluyó un paso de comedia dedicado al enfrentamiento entre Trump y Carmen Yulín. Obviamente Yulín se ha convertido en portavoz de un sector liberal y progresista de los Estados Unidos que quiere enfrentar a la administración Trump a causa de sus políticas regresivas y el abandono de Puerto Rico ante la grave crisis que supuso el paso del huracán María. La presencia de Carmen Yulín en los medios le hizo merecedora, incluso, de ser considerada para persona del año por la revista Time llegando, Carmen Yulín, en sexta posición en el sondeo informal realizado por dicha publicación.

La sorpresiva fama de Carmen Yulín le ha ganado una gran cantidad de ataques y enemigos en Puerto Rico. Un sector de derecha le ataca diciendo que ella es una izquierdista, “La Comandante” le llaman, implicando que su posición acerca del estatus hace que no merezca ningún tipo de reconocimiento público. Otro sector, que se hace llamar de izquierda pero apoya las políticas de Trump, le ataca diciendo que a ella la están manipulando. Otros utilizan el argumento más vacuo de todos, que San Juan todavía tiene escombros y por lo tanto ella no debería abogar por el pueblo de Puerto Rico en Estados Unidos.

El argumento de que a Carmen Yulín los demócratas la están utilizando es igual que el esgrimido por Trump cuando dijo que lo que ella dijo era bajo las instrucciones de los demócratas. Ambos argumentos parten del supuesto de que una mujer no puede ser agresiva si no es por estar bajo el control de un tercero que la está manipulando. Argumentar que Carmen Yulín debería callarse la boca y limitarse a limpiar a San Juan es asumir que el papel de las mujeres en la política es secundario, que deberían callarse, limpiar y dejar que los hombres hablen de las cosas importantes. Este argumento es machista, a lo menos, e irracional a lo más.

Ante la catástrofe que Puerto Rico ha experimentado y la pasividad ridícula con la que la administración Rosselló ha aceptado la inmovilidad de Trump y del gobierno federal lo menos que podemos aspirar es a tener alguna voz de dignidad que reclame lo que por derecho tienen que darnos. El reclamo de fondos para la reconstrucción de Puerto Rico no es un acto de mendicidad sino un reclamo de justicia porque, si bien es cierto que lo que estamos viviendo es fruto de un acto de la naturaleza, los efectos del huracán María son fruto de la condición colonial de Puerto Rico.

La voz de Carmen Yulín es una voz necesaria ante el silencio sepulcral y cómplice de Jennifer González y Ricardo Rosselló. La crítica vacua contra la función política de Carmen Yulín en los Estados Unidos no ayuda a la recuperación pues el papel de la alcaldesa no es simplemente callarse y recoger escombros sino defender la dignidad del pueblo cuando es humillado por un acosador (bully) como Donald Trump. Esa voz puede ser un instrumento provocador, pero también es un incentivo para que la condición de Puerto Rico deje de ser un asunto local y se convierta en un problema global. Yo prefiero seguir escuchándola en MSNBC y otros medios a que sigamos en silencio apoyando las declaraciones racistas y supremacistas blancas de Trump.