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La agenda fundamentalista en Puerto Rico

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) Mientras que los puertorriqueños luchan por regresar a la normalidad, una normalidad que se distinguía por la injusticia y un sistema colonial anquilosado y arcaico, los legisladores del Partido Nuevo Progresista (PNP) se entretienen aprobando leyes que responden a una agenda fundamentalista, supuestamente cristiana, que nada tiene que ver con las necesidades de la isla. En lugar de investigar la catástrofe causada por el colapso del sistema de energía eléctrica de Puerto Rico la legislatura aprobó una nueva ley de adopciones que establece una restricción al derecho al aborto de las mujeres en la isla. Me pregunto cuantas personas están pensando en que es necesario desincentivar el aborto en Puerto Rico en medio de la crisis causada por María.

Mientras que más de la mitad de los puertorriqueños no tienen acceso energía eléctrica, y por lo tanto tendrán que pasar las navidades en penumbras, los legisladores aprueban una nueva ley de “Libertad religiosa” cuyo objetivo real es permitir el discrimen contra la comunidad LGBTT por supuestas razones religiosas. El objetivo de la ley es permitir que cuando un supuesto cristiano decida no dar servicios a un individuo por razón de la orientación sexual del mismo lo pueda hacer reclamando su derecho a la libertad religiosa. La motivación real de este proyecto es bien conocida, el odio irracional que fomentan los cristianos fundamentalistas, sobre todo los predicadores del evangelio de la prosperidad que está identificado con la agenda de Donald Trump. Ese odio irracional es inexplicable desde una perspectiva religiosa real ya que el cristianismo predica la aceptación, tolerancia y acogida y no la exclusión y el odio como formas de promover sus ideales político-religiosos que se articulan en su discurso.

Considerando la emergencia nacional que estamos enfrentando, y el hecho de que al parecer la misma no disminuirá antes de la llegada del próximo año, me parece una afrenta radical a la dignidad del pueblo de Puerto Rico que la legislatura esté dedicando los recursos económicos de la isla para adelantar una agenda de odio tan anti-cristiana como es la de los sectores fundamentalistas que apoyan a Donald Trump. Si a ese hecho se le suma que la agenda de Trump, en cuanto al caso de Puerto Rico, está construida sobre los prejuicios raciales que caracterizan su ideología supremacista blanca, no podemos más que declarar que la aprobación de la agenda de odio, de los supuestos cristianos del evangelio de la prosperidad, tiene el efecto de lesionar el delicado tejido social que nos queda en Puerto Rico.

Si una agenda de odio, discrimen y exclusión, es la agenda de la legislatura de Puerto Rico entonces lo que nos queda es requerir la renuncia del liderato legislativo y que los mismos sean procesados por traición. Mientras haya una sola familia en la isla sin acceso a servicios básicos, y por lo tanto siendo víctima de la violación sistemática de sus derechos humanos, legislar a favor de una agenda de odio fundamentalistas es simplemente un acto de cobardía histórico y una traición.