Mié07182018

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Gracias al 2017. Fortaleza en el 2018.

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Hoy termina el terrible año del 17. Concluimos uno de los peores periodos en la historia de la nación puertorriqueña. Nos han golpeado de todas partes, pero el pueblo ha demostrado su grandeza y se ha reafirmado en su puertorriqueñidad.

Comenzó con muchas promesas de “vamos a pagar la deuda”, “estamos en control”, “mandamos”. El espaviento de “nosotros somos los cheches” concluyó en un “buchiplumas no más, eso eres tú”.

El gobierno de Ricardo Rosselló Nevares y su Partido Nuevo Progresista han resultado ser peor que el de Alejandro García Padilla y su Partido Popular Democrático. El huracán María no es la causa del desastre, solo vino a sumarse a la lista de males del gobierno.

Para mayo, el Gobernador había probado su ineptitud y la Comisionada Residente, Jennifer González, nos demostró que era un “token” en el Congreso republicano. Ambos mentían constantemente sobre sus gestiones y daban señales de una rivalidad que no beneficiaba en nada al pueblo puertorriqueño.

A esto hay que sumarle que el presidente del Senado, Tomás Rivera Schatz, exigía su propio papel protagónico y tomó la decisión de crear un gobierno de facto desde la Legislatura, algo parecido a lo que hizo durante la gobernanza de Luis Fortuño Burset. En fin, teníamos un Partido Nuevo Progresista con tres protagonistas y un cuarto, el presidente de la Cámara de Representantes, Carlos “Johnny” Méndez Núñez, que pisaba, pero no arrancaba y quedaba opacado por la sombra de Rivera Schatz.

La Junta de Supervisión Fiscal se vio obligada a llevar el país a la quiebra. Por más que criticaron a García Padilla, Rosselló Nevares hizo exactamente lo que el primero sugirió desde un principio. Una vez más quedó demostrado que las campañas políticas y las promesas de los políticos no son más que patrañas para alcanzar el tesoro oculto en las mazmorras del Castillo de Santa Catalinas alias La Fortaleza.

El país enfrentaba una grave crisis fiscal y corría el riesgo de quedarse sin efectivo en caja. El Gobernador estaba en pugna con la Junta que quiere despidos en el gobierno y un mayor control en los gastos Los recortes exigidos por el gobierno impactaron las finanzas de la Universidad de Puerto Rico lo que motivo una huelga universitaria que paralizó la institución. La huelga no logró sus objetivos. Los estudiantes perdieron un semestre. El pueblo no se sumó a la protesta y los estudiantes fueron descritos como revoltosos de pelo largo. El poder económico, lo que fue ratificado con la querella pre redactada del Banco Popular, tenía planificado convertir la marcha del 1 de mayo en una violenta con el propósito de justificar la imposición de leyes restrictivas y la eliminación de los derechos civiles de los ciudadanos.

Los pensionados han sido víctimas de la usura gubernamental. Los gobiernos saquearon las arcas de los pensionados y ahora proponen reducir las míseras pensiones porque no hay dinero para pagarlas. El sistema de salud se enfrenta a un colapso. Las escuelas carecen de los recursos para ofrecer una educación de primera calidad.

En medio de esta crisis fiscal, el gobierno determinó amañar un plebiscito para ir a Washington y solicitar la estadidad para la Isla. El intento fue un fracaso. El Departamento de Justicia federal les indicó que necesitaba tiempo para determinar si se podía llevar a cabo el evento, no escucharon. Los electores no respondieron al llamado plebiscitario. Voto el corazón del rollo anexionista y dos o tres votos cuestionables en las otras opciones. El tiro les salió por la culata y el plebiscito resulto ser una pérdida de tiempo y dinero. Washington no avaló el evento.

El clima económico desde inicios del 2017 fue tétrico. La crisis llegó a su punto máximo al finalizar el año fiscal en junio 30. El desempleo, el cierre de fábricas, el malestar social, el incremento en la violencia, la pésima administración de los programas de salud, el malestar universitario, el temor de los envejecientes a pasar hambre, el aumento en la pobreza, la disminución en los recaudos, la amenaza de una reevaluación del valor de la propiedad, la quiebra potencial de las Autoridades de Acueductos y Alcantarillados y de Energía Eléctrica, la incertidumbre de los empleados públicos … eran males presentes que el gobierno hubiese deseado mantener ocultos, pero la Junta los hizo públicos. El país estaba en quiebra, pero se insistía en mantener una economía neoliberal asfixiante.

Tras bastidores se hablaba de un cierre total del gobierno para octubre. Milagrosamente nos llegaron Irma y María, que cerraron el gobierno y sumieron a Puerto Rico en la pobreza absoluta.

Los vientos huracanados acabaron con lo poco que nos quedaba. Se rompió la piñata y salieron todos los males socioeconómicos que se mantenían ocultos tras biombos (mamparas) que fueron construimos durante la Guerra Fría. El pueblo reaccionó inmediatamente. Entre amigos, familiares y vecinos se movieron los obstáculos que bloqueaban las calles. La inventiva del boricua y su habilidad para resistir los embates negativos salieron a flote.

Sin embargo, el gobierno se paralizó. No pudo enfrentar la hecatombe. Hubo una intentona, pero pronto todo se volvió un salpafuera de dimes y diretes. La verdad se fue con el huracán y nos quedamos con la mentira, el engaño, la frustración y la desesperanza. Colapsaron los sistemas eléctricos y de comunicaciones. Se cayeron puentes, los ríos inundaron las ciudades, el mar arrasó con las playas y negocios en la costa. No hubo teléfonos ni internet. Nos quedamos desamparados. Solo una estación de radio se mantuvo funcionando en el área metropolitana y otra en el oeste. Por dos semanas no se supo del occidente borincano. Las cadenas noticiosas estadounidenses informaron del desastre; las de aquí desaparecieron del aire, sus antenas cayeron y la oscuridad se apoderó del país. La diáspora puertorriqueña supo de la magnitud del problema primero que los habitantes de las islas borincanas. Reaccionaron más rápido que el gobierno y la ayuda comenzó a llegar.

La Patria recibió a sus hijos con los brazos abiertos, agradecida por su amor y veneración. Mientras el gobierno se parapetó en aire acondicionado en el Centro de Convenciones Pedro Rosselló González. La desesperación fue grande y la ayuda no llegó. Fallaron los gobiernos local y federal. Las filas interminables para todo fueron la orden del día. El miedo corrió por las calles, se impuso un toque de queda, pero aun así, la ayuda no llegaba, ni siquiera los toldos azules de FEMA.

El Gobernador y sus ayudantes se sentaron en el banquillo a esperar que el tío Sam llegara con la paca de dinero para resolver la situación como lo había hecho en el pasado. Esto no ocurrió. Por primera vez el gobierno realizó que la chequera de Washington estaba cerrada para Puerto Rico. La cuestión fue de mal en peor cuando salieron a la palestra pública contratos fatulos, negociaciones extrañas, patrañas y mentiras. Vino el presidente Trump y humilló a los politicastros locales. Vinieron congresistas e hicieron miles de promesas, que al final no resultaron más que en eso, promesas fatuas.

Los males continuaron in crescendo. Puerto Rico fue excluido de la reforma contributiva federal y tratado como un país foráneo. La promesa de mil millones de dólares para evitar el colapso del sistema de salud no se materializó, y un prestamos de $4.5 mil millones está en veremos pues el Departamento del Tesoro federal aún no lo ha procesado.

Hubo un enfrentamiento entre la Junta y la administración por un nombramiento de un síndico sobre la Autoridad de Energía Eléctrica. Una juez federal favoreció a la Autoridad, pero la Junta, silente, buscó más poderes en Washington y los consiguió. Ahora todo centavo que llegue al país debe ser avalado por la Junta y se espera que la Casa Blanca nombre un procónsul que supervise el uso del dinero.

Al concluir el año, la mayor parte del país sigue a oscuras. Se espera que un 80% del país tenga servicio eléctrico para marzo. El país en su totalidad no tiene fecha.

El huracán ha sacado a la luz muchas verdades. En 119 años de coloniaje estadounidense seguimos siendo tratados como extranjeros a pesar de que nos impusieron su ciudadanía. En los momentos de crisis dependemos de nuestras habilidades y recursos, ellos nos tiran limosnas, pero nunca el hueso entero con carne.

El gobierno no es más que un cero a la izquierda que busca la aprobación de una metrópoli desafecta que le hace creer que es importante para luego tirarle la puerta en la cara y dejarlo fuera de la fiesta. El cambio de estatus una vez más quedó en el ayer. Los miembros de la susodicha Comisión para la Igualdad, creada para buscar la estadidad, se pelean entre sí, porque unos son demócratas y otros republicanos, cuando en realidad no son más que marionetas en el juego colonial.

Tal vez si los puertorriqueños conocieran su verdadera historia y las similitudes que existen actualmente entre esta situación y otros eventos acaecidos durante estos 524 años de coloniaje bajo dos metrópolis no hubiésemos esperado tanto del gobierno de Washington. Además, no podemos continuar estando ciegos, estamos en quiebra, y toda colonia solo sirve para ser explotada y cuando deja de ser rentable es enviada por los caminos de la independencia en busca de su propio bienestar. Nunca es anexionada porque ya no tiene nada que aportar al imperio.

Estos serán temas para el mañana. Hoy se va el 2017 y nos llega un 2018 con mayores cuestionamientos que respuestas. La tradición se impone y nosotros cumplimos con ella, así que, ¡Feliz y próspero año nuevo!