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Celebrar el Día de los Santos Reyes es un acto político

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Puerto Rico festejó los Reyes Magos con bombas y platillos. En muchos hogares no había energía eléctrica, pero esto no detuvo las promesas y velorios de Reyes. Aguinaldos y rosarios cantados invocaron la presencia de los Magos de Oriente para que trajeran salud, dinero y amor a los hogares boricuas. Puerto Rico tiene la distinción mundial de que los Reyes Magos son santos y que sus mejores embajadores son los Tres Reyes Juanadinos. La Iglesia Católica no identifica a los Tres Reyes Magos como santos, pero en la Isla del Encanto nadie duda de su santidad.

¿Por qué los Reyes Magos son santos en Puerto Rico? La historia tiene mucho que ver con su estatus colonial. La festividad de los Reyes Magos tiene una larga tradición histórica. Fue la primera fiesta religiosa establecida por los cristianos. La noche del 6 al 7 de enero se festejaba el natalicio de Jesús. Esta tradición es mantenida aún por las Iglesias Ortodoxa y Copta. Con la adopción de la fecha del 25 de diciembre por la Iglesia de Roma, la festividad en occidente se convirtió en la Epifanía o bautismo de Jesús y en la visita de los Reyes Magos. En España se afianzó la tradición de regalarles a los niños juguetes traídos por los Magos que visitaron al Niño Dios.

Los conquistadores nos trajeron la religión cristiana católica y con ellos llegó la fiesta de los Reyes. La devoción se extendió por los campos de la Isla convirtiéndose en la más esperada por los niños, aunque los Reyes no trajeran regalos.

“El jíbaro visualizaba la festividad como una donde la riqueza se hincaba de rodillas ante la pobreza. Era celebración de asueto, baile, comida, risas y alegrías. Podían haber tristezas porque no todos los niños recibían regalos, pero el amor de los padres subsanaba la falta de obsequios”, explica la historiadora Aida Mendoza.

“Muchos hacendados se aseguraban de que los hijos de sus empleados recibieran algún obsequio por modesto que este fuera. Los padres hacían lo indecible por conseguir regalos, aunque fueran producto de la creatividad de sus manos”, añade.

“El resto lo hacía la religiosidad, la música, el baile, la comida y la bebida. La fiesta era celebrada en campo y pueblo, por pobres y ricos”.

La fiesta se enraizó en la conciencia popular.

Cuando los estadounidenses invadieron a Puerto Rico en 1898 iniciaron su fallido intento por americanizar el país. La Dra. Aida Negrón de Montilla (1921-2001) en su tesis doctoral “La americanización de Puerto Rico y el sistema de instrucción pública, 1900-1930”, describe que además de imponer el inglés en el idioma de enseñanza los estadounidenses intentaron imponer sus creencias y cultura. A los maestros se les instruyó que enseñaran las tradiciones estadounidenses tales como las fiestas de Acción de Gracias, que George Washington nunca dijo una mentira, a honrar la bandera “Old Glory” o que Santa Claus era quien traía los regalos a los niños para Navidad.

Preocupados por el hondo significado de los Reyes Magos, una tradición española y pagana desde el punto de vista protestante, el gobierno colonial proscribió la celebración del día de los Reyes por 20 años. La Iglesia Católica, controlada por obispos estadounidenses, se hizo cómplice de la acción enfatizando que el 6 de enero se conmemoraba la Epifanía o bautismo de Jesús.

Los capitalinos, siempre más pro metrópoli, aceptaron la figura de Santa Claus y cedieron ante las presiones gubernamentales, pero no así el campesinado ni los citadinos de los otros pueblos del país. La reacción fue virulenta, la prohibición solo acrecentó la fe.

El jíbaro o campesino, subió al santoral a los Reyes Magos, les montó altares, le celebró velorios (o promesas dependiendo del lugar del país donde se celebre la fiesta) en su víspera. En los campos de Borinquén se le cantaron aguinaldos y rezaron rosarios a los Tres Santos Reyes. Por alguna razón inexplicable o tal vez de afirmación identitaria, Melchor se convirtió en el rey negro, contrario a la tradición europea donde lo es Baltasar.

Los estudiantes y maestros se sumaron a la lucha por mantener la tradición. Famoso es el cuento de don Abelardo Díaz Alfaro (1916-1999), Santa Cló va a la Cuchilla, donde critica la americanización y la presión que se ejercía sobre el magisterio para que enseñara las costumbres de los invasores del norte. Al igual que Peyo Mercé, el maestro héroe del cuento, muchos fueron los maestros que se negaron a seguir las directrices de las autoridades coloniales.

“La lucha del magisterio puertorriqueño por defender la identidad nacional no ha sido aquilatada como es debido. La resistencia a la americanización se luchó en el salón de clases y en el campo. Un buen número de maestros profirieron la cárcel antes que rendir su creencia en los Reyes o en el idioma”, puntualiza Mendoza.

La lucha en el cañaveral fue dura. A pesar de las amenazas y los castigos los agricultores de negaron a trabajar el día de los Santos Reyes Magos. La controversia fue tal que el gobierno dejó a discreción de los empresarios la celebración del feriado. Empero, en una maniobra política de afirmación identitaria, la Legislatura, controlada por el Partido Unión, aprobó como ley el festivo del Día de Reyes (6 de enero) el 11 de febrero de 1931. Fortaleza no estuvo de acuerdo con la ley, pero no pudo vetar la medida.

Algunos intelectuales del siglo pasado expresaron su temor a que la tradición de los Reyes desapareciera. La afable figura de Santa Claus promocionada por el comercio y auspiciada por el gobierno en un momento relegó a los Reyes, pero estos cogieron fuerza a principio de la década de los 1970 y dejaron por sentados que los puertorriqueños honramos a los Reyes Magos, no al “diablo colorao”.

El derecho a ondear la bandera monoestrellada, el uso del vernáculo (español) y la celebración de la festividad de los Tres Santos Reyes Magos se convirtieron en símbolos de resistencia e identidad cultural de los puertorriqueños en el siglo XX. Sobre ellas se construyó el concepto de nación y se forjó la puertorriqueñidad.

Los tres símbolos unen a los hijos de la Patria en el lar nativo y en la diáspora porque somos puertorriqueños, fervientes devotos de los Reyes Magos, con la bandera en mano y al grito de “Wepa”, hablemos o no el español todos gritamos “Yo soy boricua pa’ que tú lo sepas”.