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Hostos, Duarte y Martí – tres antillanos para el Caribe entero

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Escribo estas líneas en el día siguiente del natalicio del prócer antillano Eugenio María de Hostos. Filósofo, educador, revolucionario y patriota que supo dejar una huella en Latinoamérica y consagrase como uno de los 50 filósofos más importantes de la historia de la humanidad.

Me hincha de orgullo el legado hostosiano; me entristece la poca valía que se le da en su Patria. Agradezco la veneración que siente el pueblo dominicano por el “Maestro”. Reconozco la admiración que siente el pueblo cubano por su gesta revolucionaria y su compromiso antillano.

Las tres Antillas mayores reverencian su memoria. Tan grande fue su gesta y su mensaje de unidad que el mes de su natalicio, enero, es compartido por dos de los grandes patriotas de la Antillas, Juan Pablo Duarte, Padre de la República Dominicana y José Martí, Apóstol de la independencia de la República de Cuba.

Los tres grandes prohombres, Eugenio María de Hostos y Bonilla (11 de enero de 1839 a 11 de agosto de 1903); Juan Pablo Duarte y Díez (26 de enero de 1813 a 15 de julio de 1876) y José Julián Martí y Pérez (28 de enero de 1853 a 19 de mayo de 1895) representan la libertad, la consolidación de la identidad nacional y la unidad de los pueblos caribeños y latinoamericanos.

El mensaje de los tres es uno, la soberanía de los pueblos es un derecho inalienable e incuestionable. Todos los pueblos aspiran a ser dueños de sus destinos, libres de injerencias externas y de explotaciones extranjeras. Duarte luchó contra los haitianos, Martí contra los españoles y Hostos contra españoles y estadounidenses. Los dos primeros creían en la revolución armada, Hostos era un estratega que empleaba la diplomacia, pero era cónsono con los otros patricios que al fallar las palabras solo quedaban el cañón y el machete para obtener la soberanía patria.

La formación de la nación era prioritaria para los tres. Una nación basada en la identidad cultural que se implanta en la genética e identifica a los seres humanos como miembros de un colectivo único. La cultura identitaria, esas costumbres, tradiciones, idioma, religión, valores… que se entrelazan por la convivencia para imprimir el sello histórico que forma a los pueblos, era el basamento para constituir en principios democráticos la nación. Los tres estaban claros, primero instituimos nuestro ámbito sociocultural, para luego fusionarnos en una gran Patria Antillana matizada con los colores cubano, dominicano y puertorriqueño.

Los tres vivieron vidas dificultosas. Conocieron el exilio, la envidia y la traición. Empero el ideal era mayor que el personalismo y valió la pena el sacrificio. Solo Martí murió en su patria, los otros exiliados, Duarte en Venezuela y Hostos en República Dominicana.

Las luchas personales fueron absorbidas por los procesos históricos para quedar opacadas por la grandiosidad de su legado. A los 179 años del natalicio de Hostos recordamos su gesta como educador, filósofo, patriota y su profundidad como ser humano de altos valores ético-morales; a los 205 años del nacimiento de Duarte lo santificamos por su sacrificio, la profundidad de su alma, su entrega por la patria, su fortaleza como líder y fundador de la República Dominicana; a los 165 años del de Martí honramos su capacidad organizativa, la potencia de su verbo y su inmolación en la manigua cubana.

Loables son los tres nobles guerreros y grandes son sus patrias. Los tres son honrados en países libres y soberanos, Cuba y República Dominicana. La excepción la constituye la patria de Hostos, Puerto Rico, que aún sigue esclavizada.

Los puertorriqueños deben repensar su situación colonial. Por decreto del Tratado de París en 1898, la soberanía de Puerto Rico está presa del Congreso estadounidense. No se puede continuar siendo prisioneros a los cuales se les arrojan migajas cuando la desigualdad y la opresión conducen a los abusados a expresarse y exigir cambios.

Leía en la prensa que el gobernador colonial de turno, Ricardo Rosselló González, ahora asegura que se acabaron los paños tibios con la Casa Blanca porque el presidente Donald Trump no ha cumplido sus promesas de ayudar a la Isla. Me pregunto, ¿vio su imagen en la televisión cuando vino Trump a Puerto Rico? ¿Observo su comportamiento de lacayo? ¿Comprendió que el pueblo se asqueo con su comportamiento?

La sumisión y el servilismo no son la respuesta de un pueblo que se respete así mismo. Parece que el tiempo en la colonial se detuvo. Rexford Tugwell, ex gobernador imperial, expresó en sus memorias que Estados Unidos trataba a Puerto Rico como un pordiosero apestoso pidiendo limosna en la puerta de una iglesia. La actitud de Trump y del Congreso ante la situación post huracán María reafirman la visión de Tugwell en la década de 1940.

Los constantes vejámenes por parte de las autoridades de la metrópoli son un mensaje claro, no esperen nada de nosotros. Las excusas para dar una dádiva son muchas, van desde la aparente corrupción gubernamental, la constantes mentiras, la desconfianza, la falta de capacidad administrativa, podemos señalar muchas, en su gran mayoría ciertas, pero mientras tanto el pueblo sufre. La colonia apesta. El gobierno de turno hace su espectáculo mediático en Washington enviando siete representantes dis que a ocupar asientos en un Congreso que no los quiere. Luego el Gobernador Ricardo Rosselló dice que es necesario un plebiscito avalado por el Congreso para lograr un cambio de estatus político. Sin embargo gastó casi $8 millones en una consulta amañada que desde el principio el gobierno federal le dijo que no era válida.

Basta de juego coloniales e historietas ridículas. Hoy aniversario de Hostos y en el mes de Duarte y Martí es hora de concienciar al país sobre sus opciones para apoderarse de su soberanía. Esto sin embargo, no se puede llevar a cabo mientras el divisionismo corroa la sociedad puertorriqueña. El cáncer colonial ha creado tres tribus y entre estos clanes que se odian entre sí, fragmentando los esfuerzos para lograr un cambio real en el estatus colonial.

Honro a los próceres antillanos y ruego que su ejemplo nos conduzca a concluir con el oprobio de ser la colonia más antigua del planeta.

¡Loas a Hostos, Duarte y Martí!