Mar08142018

Last update03:47:25 PM

La resiliencia de un pueblo

  • PDF

alt(San Juan, 9:00 a.m.) A meses del paso del huracán María sobre Puerto Rico causando graves daños a nuestras Islas, ¡nuestro pueblo está de pie! Con su voluntad inquebrantable, y su carácter indestructible, se están reparando los estragos causados por este gigante meteorológico cuyos vientos alcanzaron más de 155 mph, con fuertes ráfagas que alcanzaron más de 200 mph.

Aunque Puerto Rico está acostumbrado a recibir tormentas y huracanes durante la temporada anual de junio a noviembre,. hacía más de cien años que no llegaba un huracán de esta fortaleza. El último ciclón con esta velocidad o más que nos visitó fue San Felipe en el año 1932. La historia nos recuerda otros peligrosos huracanes como San Ciriaco, el cual llegó a nuestras costas en el año 1899 y causó miles de muertes, destrucción de viviendas y derrumbó todo a su paso.

Al igual que estos dos huracanes, María destruyó gran parte de nuestra naturaleza vegetativa. La fauna arbórea también desapareció. Según los ecólogos, la destrucción de cientos de miles de árboles en nuestros bosques fue beneficiosa, Como el huracán es parte de la ecología de nuestros bosques, los ciclones juegan un papel muy importante en sus ecosistemas. El derrumbe de árboles viejos juega un gran papel en la resiliencia del bosque: le es beneficioso porque así los nuevos árboles pueden crecer y fortalecerse. La fauna del bosque también se restablece de forma natural y en ocasiones con nuevas especies.

A muchos seres humanos los huracanes destructivos le causan ansiedad, depresión y estrés. Estas condiciones se producen como consecuencia de las pérdidas sufridas durante el paso del fenómeno. Las mismas pueden ser materiales y hasta la muerte de un familiar o amigo cercano. Por suerte, la mayoría de estas condiciones son pasajeras, pero otras requieren ayuda profesional. También los niños son impactados al no conocer de que se trata este fenómeno o ante la pérdida de su vivienda, de sus mascotas y por la destrucción causada por el huracán. La población más vieja, la cual ha ido en aumento en Puerto Rico, es muy vulnerable ante los efectos del huracán.

Ante ese triste escenario, los puertorriqueños emprendimos inmediatamente la reconstrucción de nuestras islas y lo más importante, de nuestras propias vidas. Los vecinos abrieron los caminos y muchas carreteras sin esperar ayuda gubernamental. La solidaridad entre los mismos fue ejemplar. Compartían la poca comida que tenían y el imprescindible líquido del agua. Lo mejor de nuestra población salió a flote. No fueron pocos los casos en que los puertorriqueños brindaron refugio a familiares y amigos afectados y sin vivienda. Como el sistema eléctrico colapsó, los vecinos que tenían generadores de electricidad compartían la energía producida con sus vecinos. En muchos barrios y viviendas públicas se compartían los pocos alimentos que tenían y una vez llegó la ayuda, se cocinaba para la comunidad.

Las intervenciones gubernamentales, la inmensa ayuda de la diáspora puertorriqueña y las acciones de otros estados, han contribuido a que Puerto Rico se recupere.