Mar12112018

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Rosselló debe renunciar, y si desea, impulsar la estadidad

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altalt(San Juan, 9:00 a.m.) Luego de los fallidos intentos de hacer de Puerto Rico un estado, de forma exprés, el gobernador de Puerto Rico se ha convertido en una pesadilla tanto para su partido, el Partido Nuevo Progresista (PNP), como para el propio gobierno, y más que nada para nosotros el pueblo. Se ha convertido en un objeto sobrante, con el cual tenemos que cargar por los próximos tres años, sin visos de un acto revocatorio o destitución institucional. Ante esto, la única opción es que él, motu propio, renuncie.

Lo importante de esta movida, es que la razón principal para solicitarle públicamente al gobernador Rosselló que renuncie, es el dato que ha tornado su mandato en uno contradictorio con su práctica e interés político. Es decir, él ha tornado este mandato en uno para impulsar la estadidad, mientras el país, el que él debe gobernar, colapsa por los efectos nocivos de su irresponsable forma de administrar.

El mejor ejemplo son los fondos federales del préstamo de $4,700 millones de dólares, que él mal solicitó y aún no recibimos, mientras el otro territorio beneficiario, Islas Vírgenes y lo recibió y lo está utilizando. La diferencia, es que el gobernado incumple con lo que dispone la ley Strafford, la cual da vía a los fondos de emergencia, y bajo un “llorado” irrelevante, se mantiene diciendo que “como ciudadanos de los EE.UU. nos merecemos los fondos”.

Bajo otro gobierno o bajo un sistema de periodismo crítico, sea comercial o no, Ricardo Rosselló estaría hace rato de vacaciones en Siberia. De momento el goza de un alto grado de impunidad ante su pobre administración e ineficiencia en el cumplimiento de la ley. Impulsar los derechos de los ciudadanos de los EE.UU. es un acto en pro de la estadidad. Eso no tiene nada que ver con el ejercicio de gobernar a Puerto Rico. Lo que si es un acto de gobierno es cumplir con lo que dispone la ley Strafford y punto.

El gobernador Rosselló se ha ganado un boleto, de cortesía, para solicitar su propia renuncia. Es momento que lo haga. Pero si desea, deja en manos del gobierno alguna persona que sí quiera administrar el país, mientras él se dedica a impulsar su ideal de estadidad. Nosotros, abogaremos mientras tanto en la independencia y distanciamiento de la isla de Puerto Rico de Washington. Pensemos