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La canonización de Monseñor Romero - un acto político

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alt(San Juan, 12:00 p.m.) El anuncio de que el Vaticano ha aprobado la canonización de Monseñor Romero coloca en perspectiva la radicalidad del Papa Francisco. Este gesto es constitutivo de un reclamo contra el sistema neoliberal imperante que es el mismo que acabó con la vida de Romero en el mes de marzo de 1980. El obispo fue asesinado mientras celebraba misa por el gobierno de El Salvador con el apoyo del gobierno de Jimmy Carter, un cristiano bautista del sur que fue electo por el partido demócrata como presidente de los Estados Unidos en 1976. Dicho asesinato se debió, principalmente, a la denuncia que hizo Romero de la injusticia, la desigualdad económica y la represión practicada en contra del pueblo salvadoreño.

La visión de la iglesia que Romero promovió se basaba en la identidad del reprimido con el cuerpo de Cristo. Esta forma de ver al cristiano colocó a Romero en dirección hacia un choque frontal con en poder imperial de los Estados Unidos que comenzaba a promover la imposición del proyecto neoliberal en Centroamérica. El Salvador se convirtió, a finales de la década de los setenta, en el laboratorio del proyecto neoliberal que comenzó su expansión en el Chile de Pinochet luego del golpe de septiembre de 1973.

La esencia del proyecto neoliberal está en la doctrina del mercado sin limitaciones, el estado pequeño y la promoción de la protección de las inversiones extranjeras como modelo económico. Mientras que en la década de los setenta ese modelo se convirtió en el proyecto imperial por excelencia en Puerto Rico, el cual implementaba una nueva etapa del mismo por medio de la aprobación de las 936 en el año 1976.

En este sentido tenemos que poder colocar en su justa perspectiva la vida de Monseñor Romero. No se trata, su denuncia, de una palabra de consuelo para los pobres sino de un desafío del modelo que se impuso, y que todavía impera, en toda la región. La identificación de la Iglesia con el pueblo reprimido constituye, en los sermones de Romero, un escándalo para los poderes regionales que tradicionalmente habían descansado en la legitimación brindada por la institución eclesiástica a sus prácticas de exclusión y represión política.

Romero habla contra el sistema que se impone por medio del poder y reclama que el pueblo tenga un espacio de libertad donde sean sus intereses los que guíen la elaboración de la política pública. Desde esta perspectiva podemos decir que el mensaje de Romero es político, que su prédica es política y que su radicalización y su muerte tienen profundas dimensiones políticas. Esta dimensión no puede ser obviada a la hora de retar la visión de Romero que algunas veces se pretende promover identificándole con posiciones conservadoras o reformistas. Con monseñor Romero pasa lo mismo que con el personaje de Malcolm X, que su recuerdo tiende a confundirse reduciéndolo a una mera caricatura de lo que realmente terminaron promoviendo. Aun cuando es verdad que Romero cuestionó, en sus inicios, algunas posiciones de la teología de la liberación, la realidad es que al final de su vida adoptó sin reservas la misma y que se dirigió hacia una radicalización mucho más marcada en favor de un cambio contra el sistema económico. Romero descubrió en su vida que la desigualdad y la represión del estado estaban íntimamente ligadas al proyecto neoliberal que se impuso en Chile y que se intentaba replicar en El Salvador. Este descubrimiento colocó a Romero en ruta a su muerte pues, aun cuando su prédica estaba en pleno desarrollo, ya había logrado articular un análisis político que revelaba las dimensiones de iniquidad del proyecto neoliberal que hoy nos gobierna.

Cuando describirnos que la predicación de Monseñor Romero está íntimamente ligada a la denuncia contra el proyecto neoliberal no podemos menos que denunciar que su muerte fue causada por el mismo proyecto ideológico que fue impuesto y sigue vigente en nuestros países. Si bien es cierto que dicho proyecto ha sido normalizado de tal manera que ya no se identifican los contornos del mismo, también es cierto que el proyecto ya no oculta sus dimensiones de exclusión, injusticias y pecado. Era a este proyecto al que denunciaba Monseñor Romero y es a ese proyecto al que el Papa Francisco denuncia al promover la canonización de Romero.

San Romero de América no ruega por nosotros, sino que anuncia el desafío al proyecto neoliberal representado sin duda por el rostro de la pobreza, la represión y la injusticia. En Puerto Rico la única forma de honrar la voz de Romero es enfrentarse radicalmente a la Junta de Control Fiscal, al proyecto de privatización de Rosselló y las intenciones del proyecto neoliberal de perpetuarse en nuestra tierra. Con la canonización de Romero el papa Francisco se coloca en el lado correcto de la historia y radicaliza su pontificado al asumir la lucha contra el neoliberalismo como marco de su prédica del evangelio. Ahora a los fieles les queda entregarse a la lucha contra el proyecto de pecado e iniquidad que asesinó a Romero y que sigue asesinando a nuestros pueblos en todo el mundo.