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Puerto Rico a la venta

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altDe lo que se trata el evangelio es, sin duda alguna, de una revolución. Jesús de Nazaret termina crucificado por el delito de sedición por una razón muy sencilla, su anuncio del Reino de Dios es un reto frontal al poder del imperio romano. Las oligarquías de su tiempo, los fariseos, saduceos y romanos, conspiraron para acabar con un profeta que amenazaba el poder de dichos sectores. Jesús de Nazaret es asesinado por el imperio romano porque lo que anunciaba era una provocación. Sólo alguien que no ha leído el evangelio, o que de mala fe no quiere reconocer las dimensiones políticas de dicho mensaje, diría que la religión no tiene nada que ver con la política. El problema realmente no es que la religión se mezcle con la política, sino que la religión se mezcle con la ideología equivocada dentro de la política.

Si nosotros fuéramos a explicar la política en Puerto Rico de la misma manera que es explicada en otras regiones del mundo, sin prestar atención al asunto del estatus, podríamos ver con mayor claridad las dimensiones políticas del mensaje de Jesús. Uno de los errores más comunes en nuestro debate político es confundir preferencias de estatus con ideología. La preferencia de estatus es simplemente la relación que preferimos Puerto Rico tenga con su metrópoli colonial. Unos sectores prefieren la anexión, otros la autonomía en alguna de sus variantes y otros, los menos, la independencia. Estas preferencias no son ideologías. Una ideología es una visión del mundo, un sistema de creencias y principios que es utilizado para dar sentido a la realidad. La ideología intenta dar cuenta de la economía, las relaciones sociales, el papel del estado y su relación con los ciudadanos. La preferencia de estatus simplemente da cuenta de la relación con los Estados Unidos, pero no contiene en si misma explicaciones sobre el papel del estado o el proyecto económico.

Mientras que nuestro sistema político siga determinado exclusivamente sobre las preferencias de estatus tendremos un debate muy pobre. En esa perspectiva establecer una conexión directa entre religión y política de hace muy difícil porque no estamos hablando de ideologías. Pero si nuestra política se debatiera desde perspectivas ideológicas y no de preferencias de estatus tendríamos una visión más clara de las conexiones entre política y religión. Tomemos el texto que sirve de título a esta columna, “vende todo lo que tienes”. En el mismo un joven rico le pregunta a Jesús que qué puede hacer para entrar en el Reino de Dios. Jesús le dice que cumpla con los mandamientos a lo que el joven responde que eso ya lo hace. Entonces Jesús desvela la verdadera intención del joven, el muchacho no quería seguirlo simplemente quería se visto públicamente como justo. Al percatarse de que el joven simplemente estaba jugando para las gradas Jesús presentó el verdadero reto, “vende todo lo que tienes” y repártelo entre los pobres. El joven se fue muy triste, dice el texto, porque era muy rico.

Esta narración revela el contenido radical del anuncio del Reino hecho por Jesús. Esto no se trata de gestos externos, ser seguidor de Jesús no es cuestión de ir al templo o rezar, mucho menos es un asunto de sexualidad. Seguir a Jesús es un asunto de ideología. La propuesta sobre vender lo que tiene es una propuesta radical. No se trata de un gesto externo ni simbólico. No se trata de “vender” pero quedarse con las cosas se trataba de realmente desprenderse y ser pobre. Una vez volviera a sentir la angustia de la pobreza podría volver a comprender qué es la justicia. Este es el verdadero mensaje del evangelio de Jesús. No es posible comprender la justicia si nunca has experimentado la angustia de la pobreza. No es posible comprender el evangelio si nunca has tenido que decidir entre pagar el agua o la luz. No es posible entender el anuncio del Reino de Dios si nunca has pasado por la experiencia de no tener suficiente para comer. Esta pobreza no es alabada por Jesús. El anuncio del evangelio no busca que la gente sea pobre para quedarse siendo pobre. De lo que se trata es de que la gente experimente la pobreza para que comprenda lo que es la justicia. No es posible, desde la perspectiva de Jesús, luchar verdaderamente por la justicia desde la opulencia. Es por esto que el evangelio es profundamente ideológico.

Los ricos no entrarán en el Reino de los Cielos, afirmó Jesús. De nuevo no se trata de una metáfora. Realmente en su anuncio de la salvación y la justicia no caben los ricos. Los que ya resolvieron todo aquí no tienen cabida en el Reino simplemente porque no lucharán por la justicia. Este aspecto del mensaje de Jesús es ideología en su mayor expresión. Los ricos no entrarán al Reino porque los ricos no saben lo que es la justicia. Los ricos no entrarán en el Reino porque los ricos no pueden saber lo que es la solidaridad. Este anuncio es mucho más complejo de lo que parece. Lo que subyace al anuncio radical de Jesús es la comprensión de las formas en que se adquiere la riqueza. Sólo se es rico cuando se ha despojado a los pobres de lo suyo. Obviamente hay que comprender que la riqueza se define como opulencia. Aquí se trata de la condición de la oligarquía, de los que simplemente miden su humanidad por medio de lo que tienen. Cuando Jesús denuncia a los ricos está denunciando un sistema económico injusto. Cuando Jesús denuncia a los ricos está denunciando un proyecto de empobrecimiento, explotación y abuso. El rico se hace rico robando. La riqueza es siempre un robo. Esa es la visión que Jesús tenía, esa es la ideología de Jesús.

Intentar reducir a Jesús en un creyente en la igualdad genérica del discurso liberal es traicionar su mensaje. Jesús no anunció que éramos iguales en términos generales. Jesús anunció que los preferidos de Dios eran lo pobres. Los mismos que hoy condenamos señalándolos porque reciben ayudas del estado. Esos pobres que ahora queremos que trabajen para que reciban asistencia porque supuestamente son unos vagos. Es interesante que siempre caemos en el mismo discurso fácil de odio al pobre. Nunca vemos que realmente son las oligarquías locales las que nos han robado, las que se han beneficiado de nosotros, las que viven del mantengo y las que ha causado la crisis económica que estamos experimentando. Son los ricos los culpables pero siempre terminamos culpando a los pobres.

Ese odio al pobre es una ideología, es neoliberalismo, es un proyecto que se ha convertido en el pensamiento único. Es un pensamiento único porque la mayoría lo adopta como verdad sin cuestionar los supuestos de dicho pensamiento. Es un pensamiento único porque se repite como una verdad absoluta sin que exista derecho a cuestionarlo ni a retarlo. El neoliberalismo es la ideología contraria al anuncio del Reino de Jesús. Si en su tiempo las oligarquías lo asesinaron en nombre del imperio hoy lo harían en nombre del capital, del neoliberalismo, de la Junta, del imperio. El evangelio es pura ideología y sigue siendo un desafío a los poderes imperantes. Hablar de política al hablar de religión es simplemente hablar de lo que Jesús quería que se hablara. No más rezos, ni procesiones, ni sacrificios, ni ritos. En el libro de Isaías lo dice claramente, Dios está cansado de sacrificios y ritos lo único que pide es que “aprendan a hacer el bien, Busquen la justicia, Reprendan al opresor, Defiendan al huérfano, Aboguen por la viuda.” De eso se trata el anuncio de Jesús. Lo demás es paja.