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Editorial: Todos somos Lula

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altInácio Lula da Silva, el expresidente de Brasil (2003-2010) y candidato líder de las próximas elecciones de octubre 2018 en dicho país, entró ayer a prisión a cumplir un proceso de 12 años y un mes, que le impuso el Tribunal Supremo Federal (STF por sus siglas en portugués) en la ciudad de Curitiba. Por dos años, el juez Sergio Moro, de un tribunal de primera instancia levantó una investigación llamada Java Lato, contra varios dirigentes de dicho país, incluyendo al expresidente popularmente conocido por Lula.

Hoy vemos, en el caso de Lula, como se ha utilizado el sistema de justicia criminal de Brasil, para encarcelar a una persona por el simple hecho de alegar que se benefició de un bien inmueble, el cual, al día de hoy nunca ha estado a su nombre, ni él ni ninguno de sus familiares ha utilizado. Alegación muy complicada del juez Moro, que permitió una guerra de clases sociales a partir del sistema de justicia criminal y las cortes de dicho país. En resumen, todos los tribunales cerraron fila con un solo objetivo: encarcelar a Lula y descalificarlo de las venideras elecciones, en las cuales mantiene una ventaja de 20 por ciento por encima del próximo candidato.

Nosotros nos oponemos, vehementemente, a que el sistema de justicia criminal, se utilice para perseguir a personas como forma de descalificarlas de la vida política y democrática. Sea la izquierda o sea la derecha, no podemos permitir que se inventen cargos criminales como forma de marginar a una persona. El caso de Lula es un claro ejemplo en el cual la derecha brasileira, dirigida a partir del gran capital mediático a través del diario el Globo, desarrolló una campaña de la post-verdad, que se reduce al día triste de ayer, sábado 7 de abril.

Hemos de apoyar a toda persona que reclame su inocencia. Pero más lo habremos de apoyar, si uno identifica, como en el caso de Lula, que todo el sistema de justicia se manipula para cumplir un fin político y no de la justicia. Si algo puede reclamar Lula, es haber luchado por darle acceso a la gente, a los pobres, a las mujeres, a los negros, a los marginados a llegar al poder. Por sus actos, hasta el día de hoy la derecha y la oligarquía brasileira jamás lo perdonarán.

En un país llamado Brasil, el último en el mundo en abolir formalmente la esclavitud en el 1888, solo precedido por Puerto Rico en 1873, con un 58 por ciento de población de origen afrodescendiente, Lula fue juzgado en apelación por un Tribunal Supremo Federal (STF por sus siglas en portugués) por un panel de 11 jueces y juezas, todos caucásicos/blancos. Ante esto, su legado fue inclusive transformar esa instancia jurídica, que hoy lo humilla.

Todos somos Lula. Somos solidario con él, y con cualquier persona que reivindique que el sistema de justicia criminal se ha utilizado en su contra por el mero hecho de luchar por la libertad y expresar los ideales de la ideología libertaria de izquierdas que defendemos.

A Lula, un abrazo. Seguimos luchando por un mundo mejor.

El Post Antillano