Vie08172018

Last update09:57:09 AM

Ni ciudadanos ni víctimas

  • PDF

alt(San Juan, 9:00 a.m.) Contrario a lo que se sigue diciendo sobre Puerto Rico en los medios internacionales yo sostengo que no podemos articular nuestros reclamos ni como ciudadanos “americanos” ni como víctimas.

En una manifestación reciente en la ciudad de Nueva York, en la cual me encontraba participando de una conferencia sobre judaísmo en América Latina, un grupo de la diáspora manifestó que Puerto Rico merecía una respuesta adecuada ante la crisis de María porque éramos ciudadanos americanos. Ese argumento es superfluo, al mínimo, e insultante al máximo.

Es superfluo porque alegar que somos “ciudadanos” para hablar del derecho que tenemos a una respuesta adecuada a la emergencia de María es como alegar que los negros de Estados Unidos son ciudadanos. La respuesta del poder blanco que se ha instaurado en La Casa Blanca es la de siempre, silencio. Ese silencio que hace evidente que hoy, bajo el régimen que gobierna a los Estados Unidos, el régimen que separa niños de sus padres migrantes, ser ciudadano no hace ninguna diferencia.

Simplemente tomemos el ejemplo de los negros asesinados por policías para comprobar que ser ciudadano no es un seguro contra nada. Si ser ciudadano no es una protección contra las agresiones del estado entonces para qué invocar dicha ciudadanía como instrumento para denunciar la condición de Puerto Rico. La realidad es que los puertorriqueños somos ciudadanos de jure, pero no de facto.

La realidad es que ser ciudadanos en un país donde el Presidente cree que se puede perdonar a sí mismo o donde los niños son detenidos en campos de concentración separados de sus padres. Nuestra supuesta ciudadanía es simplemente una ilusión. Incluso si llegáramos a ser un estado por medio de la anexión eso no nos convertiría en ciudadanos de verdad.

Si ser ciudadanos es una ilusión y por lo tanto una tontería como instrumento político, ser víctimas es peor. Mientras que unos sectores andan enarbolando la bandera de la ciudadanía y del servicio a la “nación” para reclamar un trato justo para la isla otros enarbolan la bandera de la víctima. Esa victimización que reduce nuestra condición quitándonos agencia. Esa victimización es un problema porque nos presenta como incapaces, como ineptos, como débiles, como cosas que son incapaces de asumir su propia historia. Esa victimización que le gusta tanto a los sectores liberales blancos de Estados Unidos porque les permite tener un objetivo de su caridad nos hace daño. Cuando el argumento en favor de Puerto Rico se reduce a la victimización se oculta el rostro de los boricuas, se oculta nuestra capacidad de acción, se oculta nuestra posibilidad de recuperación. No hay nada más obvio que el hecho de que muchos sectores prefieren que no podamos para ellos poder ser nuestros salvadores. Esos salvadores vienen a tratar con víctimas, víctimas calladas, que no reclaman, que agradecen, que se someten fácilmente y que aceptan sin resistencias las intromisiones de esos sectores de poder. El problema es que esos sectores que vienen a “salvarnos” realmente no están interesados en salvar a nadie sino a si mismos. Esos sectores quieren que no podamos salir para ellos poder tener una razón para vivir. Esos sectores no quieren que dejemos de llorar para poder enjugar nuestras lágrimas. El problema de la victimización es que nos reduce a receptores y, al igual que la narrativa de la ciudadanía, nos convierte en cosas que no pueden hacer nada por si mismas.

Es por ello que afirmo que no somos ni ciudadanos, sobre todo porque sabemos que serlo no tiene ninguna relevancia, ni víctimas porque serlo nos reduce y extingue nuestra dignidad. Es tiempo de acabar de salir de los discursos del rescate. No necesitamos a nadie, no necesitamos ningún rescate, ningún salvador, ningún protector. Lo único que necesitamos es comenzar a reconstruir de verdad. Lo que necesitamos es asumir nuestro papel dentro de nuestra propia historia olvidando que alguien nos quiera salvador porque no nos hace falta.

Hoy la estrategia del colonizador es salvarnos para someternos. Ante esa estrategia la nuestra debería ser la del rechazo masivo a las etiquetas que pretenden reducirnos a objetos. Si no asumimos la responsabilidad y evitamos que se nos catalogue de cosas seguiremos siendo reducidos a receptores, cosas sin agencia y seres inferiores. El colonialismo se perpetúa de esa manera.