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Por un Frente Electoral Popular Antioligárquico en Panamá

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) Nunca como hoy fue tan evidente a los ojos del pueblo panameño que estamos gobernados por una élite oligárquica corrupta y antidemocrática. Nunca había estado tan claro que los partidos políticos tradicionales (Panameñismo, PRD, CD, PP, Molirena), constituyen clanes delincuenciales cuyo objetivo es asaltar el erario público. Nunca había sido tan grande el desastre de los servicios públicos, desde el transporte hasta el suministro de agua potable, pasando por la educación y la salud, producto de la ineficiencia y la corrupción rampante.

La lucha entre las diversas fracciones políticas de la burguesía panameña, tratando de asegurarse el poder más allá de las elecciones de 2019, ha sacado a relucir los trapos sucios de la corrupción que mancha al Ejecutivo, al Legislativo y al Órgano Judicial. Las partidas secretas para financiar elecciones, las obras públicas precedidas por las coimas, la impunidad judicial de los rateros de cuello blanco, las acusaciones mutuas entre los diversos bandos, de todo lo cual el juicio a Martinelli es la “tapa del coco”, prueban la urgente necesidad de barrer a todos esos corruptos de la administración pública.

Nunca fue más claro para el pueblo panameño que todos los partidos tradicionales que vienen alternándose en el poder desde la invasión de 1989, y aún antes, son la misma cosa corrupta y no constituyen reales alternativas para salir del hoyo fétido en que se ha sumido a la república. Entre ellos no existe ni “oficialismo” ni “oposición” porque se ha probado cómo se tapan y se reparten el presupuesto nacional para seguir enriqueciéndose.

Nunca fue más necesaria la constitución de un Frente Popular Antioligárquico, que conduzca en las calles y en las urnas la constitución de una alternativa verdaderamente nueva, honesta y capaz de refundar el país, bajo criterios democráticos y antineoliberales, para empezar a resolver las ingentes necesidades de los pobres, equilibrar las desigualdades sociales, devolver al esperanza en otro país mejor para todos.

Pese a lo urgente del momento, pese a la maduración de las circunstancias, el movimiento popular panameño parece lejos de comprender los retos que la situación le impone. En cambio, seguimos regidos por la división, la atomización de fuerzas y la cortedad de miras.

La constitución de ese Frente Popular Antioligárquico, contra la corrupción, que las circunstancias históricas demandan, sólo podrá salir de una convocatoria verdaderamente amplia a un diálogo del que surja, primero, un Programa Político y de Lucha, con propuestas de transformaciones democráticamente discutido, sobre el cual se constituya, después, el Frente Electoral y se inscriban las candidaturas que expresen legítimamente ese acuerdo que marque la Unidad en la diversidad de fuerzas que constituyen el movimiento sindical, gremial, profesional, estudiantil y popular.

Ninguna fuerza política del campo popular, por sí sola, tendrá capacidad de hacer frente a la maquinaria clientelista y corrupta de los partidos tradicionales que se despliegan en cada elección. Contraponer al poder del dinero una alternativa popular no saldrá de unos cuantos líderes comunitarios solo conocidos por sus vecinos, etc., sino de la capacidad que haya para convocar a TODOS los sectores y personalidades en un gran movimiento nuevo y representativo de toda la basta diversidad de las fuerzas que luchan por refundar la república.

Estamos a tiempo de que, quienes tienen capacidad de convocatoria, asuman su responsabilidad y, sin sectarismos, inviten a la constitución de un gran Frente Popular, basado en un Programa de Lucha, y en un acuerdo de candidaturas. Tomando como referencia lo actuado en su momento en procesos hermanos como el de Correa en Ecuador, Chávez en Venezuela, Evo en Bolivia, que demostraron que sí era posible abrirse a la Unidad real del pueblo, sus organizaciones y expresiones populares, más allá de la existencia de partidos estructurados. No actuar acorde con los criterios expuestos, nos conduciría a repetir los mismos errores y los mismos fracasos de las elecciones de 2014.

Panamá, 30 de junio de 2018.