Dom12092018

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Nicaragua: Una disyuntiva política pero también moral

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Por más cínicos o ignorantes que sean quienes a estas alturas siguen sosteniendo que el gobierno Ortega – Murillo representa en algo a aquella heroica Revolución de 1979, seguro que sienten cierta incomodidad moral, acompañada de encogimiento de hombros, ante los crímenes atroces que está cometiendo ese gobierno contra la juventud nicaragüense de 2018.

Hay que tener una costra moral muy endurecida para no sentir repugnancia por un gobierno que saca a punta de tiros a los estudiantes de una universidad y que luego los ametralla cuando se refugian en una iglesia o ver cómo se quema viva a una familia por no prestar su casa a los francotiradores del gobierno.

Los marxistas para valorar un hecho no nos guiamos por criterios morales “eternos”, “bajados de los cielos” o que responden a una “esencia humana” inmutable. Hay una dialéctica entre los medios y los fines que es la que nos permite orientarnos en cada situación. Como decía Trotsky: “El medio solo puede ser justificado por el fin. Pero éste, a su vez, debe ser justificado” (Su moral y la nuestra, 1938).

El argumento de la dirección sandinista para “justificar” estos crímenes es que se trata de una “conspiración reaccionaria” contra un supuesto gobierno “progresista”. Pero los hechos muestran que se trata de una sublevación popular y juvenil contra las medidas neoliberales de un gobierno capitalista, cargado de demagogia “socialista”.

En esto no hay nada semejante a lo del intento golpista contra Maduro en 2017, por más que Ortega intente arroparse en esa manta. Lo de Venezuela amerita otra discusión aparte, también crítica.

Hablando de la ofensiva reaccionaria imperialista en los años 1930 y los métodos criminales del stalinismo en la URSS, León Trotsky decía, algo que le encaja bien al gobierno de Ortega-Murillo: “Desde el punto de vista del marxismo, …, el fin está justificado si conduce … a la abolición del dominio del hombre sobre el hombre… Está permitido -…- todo lo que conduce realmente a la liberación de la humanidad… el gran fin revolucionario rechaza, en cuanto medios, todos los procedimientos y métodos indignos… Es preciso sembrar un grano de trigo para cosechar una espiga de trigo”.

Los fines del gobierno de Daniel Ortega y sus métodos criminales son repudiables no solo para cualquier marxista consecuente, sino para cualquier demócrata. Sus fines son neoliberales y sus métodos son criminales.

El futuro revolucionario de Nicaragua no saldrá de la dirección del FSLN, envilecida por estos crímenes y que negocia a trastiendas con el COSEP, sino de los jóvenes universitarios y barriales, quienes deberán construir un partido que recupere el programa de transformaciones por el que cayeron los mártires de 1979 y de 2018.

La izquierda panameña y latinoamericana que aspira a gobernar convenciendo a la ciudadanía que tiene una propuesta política y social distinta al injusto capitalismo neoliberal que padecemos, debiera sacar conclusiones de lo que pasa en Nicaragua, para manejarse con algunos principios políticos y morales mínimos. Después de todo nadie quiere que lo gobierne un régimen autocrático que tira a matar a los estudiantes cuando salen a protestar.

Ser críticos frente a los métodos indignos de Ortega no significa avalar la intromisión imperialista, sino tener principios realmente socialistas para construir una alternativa verdaderamente democrática. Lo contrario es lo peor, que la lucha de los trabajadores por una sociedad mejor quede embarrada como cómplice de esos crímenes atroces. ¿O no se aprendió nada del fracaso del stalinismo soviético?