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Trump descarrila la estadidad, ¿oportunidad para la independencia?

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) En Puerto Rico hablar del estatus político es tan trivial como hablar de una mixta de arroz, habichuela y carne a la hora del almuerzo. Todo el mundo sabe lo que es una mixta, es parte de la idiosincrasia culinaria del puertorriqueño. Hablar del “estatus” es natural en una cultura colonial producto de 120 años de intervención imperialista. Los que no hablaban de colonia, para los que el solo mencionarlo era un pecado político, ahora la utilizan para avanzar sus ansias de anexión a los Estados Unidos.

Los presidentes de los Estados Unidos de América históricamente han mencionado el estatus de su territorio colonial como una forma de ganar adeptos de ambos partidos políticos mayoritarios al momento de recolectar fondos para su propia campaña política en la urbe metropolitana. Ellos saben que los que aportan donativos para sus campañas electorales no podrán votar por ellos porque son ciudadanos americanos de segunda clase que se contentan con el mero hecho de sentirse alagados por un “candidato presidencial” o un “candidato congresional”. En estos tiempos hasta por un candidato a gobernador de uno de los cincuenta estados a los que ellos aspiran a formar parte.

Esta vez un presidente de la nación americana, a la que tanto idolatran, les ha dicho a los anexionistas en la cara a través de su forma de comunicación oficial, los “tuiter del presidente Trump”, que la estadidad no va para ningún lado. Ya el Tribunal Supremo norteamericano a través del caso de Sánchez Valle vs Commonwealth, y el Congreso de los E.U.A, a través de la ley PROMESA, les habían dicho a los autonomistas que el Estado Libre Asociado era un “natimuerto” que se enterró el mismo día de su fundación en el 1952.

El presidente Donald Trump es la representación del americano promedio racista, xenofóbico, anti inmigrante y fascista que cuenta con un gran apoyo electoral entre las filas electorales. Es la mejor representación del americano que entiende que los puertorriqueños no son ciudadanos americanos, que solamente son emigrantes latinos de una isla remota del Caribe que únicamente les representa una posesión colonial de su “gran imperio americano”.

¿Qué nos queda como estatus entonces? Solamente nos queda hablar de la independencia para Puerto Rico. El Washington Post en una encuesta política estableció que el 10% de los encuestados favoreció la independencia como estatus. Esa noticia ha pasado tan desapercibida como la “mixta de arroz, habichuelas y carne” a la hora del almuerzo. En un país donde históricamente la independencia como formula de estatus solamente alcanza como mucho el 5%, hablar de un 10% a favor, es un logro que no se puede dejar de evaluar.

El presidente Trump ha puesto el tema de Puerto Rico en la palestra pública norteamericana. En un país dónde solo se conocían a los puertorriqueños por la obra “West Side Story” del 1961, ya se habla de gobierno y políticos corruptos, ya se habla de todos los muertos que este infame gobierno quiso pasar desapercibidos, de una alcaldesa que como el pitirre se ha atrevido a atacar al imperio y a su presidente, de ciudadanos de segunda clase y de territorio colonial. Los anexionistas la critican porque “sabe hablar un inglés a perfección”, el idioma que ellos mismos no saben ni pronunciar.

Nos toca a los independentista tomar la bandera de ese 10% que favorecen la independencia para Puerto Rico y convertirla en un 100%. Ahora es el momento de hacerlo ante un imperio que tiene como presidente a un controversial billonario que hace y piensa lo que le da la gana.