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La acusación contra la secretaria de justicia provoca caos al gobierno Rosselló

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) La intención de acusar a la secretaria de Justicia criminalmente por parte de la Oficina del Fiscal Especial, una entidad proclamada por ley como independiente de los vaivenes del gobierno y la política, es la manifestación más cruda, como lo es un pedazo de bistec sin cocinar, de cómo este gobierno ha logrado desprestigiar las instituciones de gobierno.

Nunca en mi vida he visto y ni recuerdo leer en los libros de historia de Puerto Rico, que rebasan mi memoria histórica y la de nuevos adeptos a esta, que es acusada criminalmente en funciones una secretaria de Justicia. Para que entiendan bien la situación, básicamente se le acusa de delito a la abogada del jefe de la rama ejecutiva, quien es el gobernador Ricardo Rosselló. Este muchacho cada vez luce más y más malogrado y tristemente inepto en su calidad de jefe de gobierno.

Todo este asunto de trata de un forcejeo de poder político que le toca resolver a un jefe de gobierno, cuyo resumé de labores son muy cuestionables y hasta misteriosos. Los muñequitos de esta narrativa son complicados. Es más, parece un laberinto de una novela de Leonardo Padura, con su detective Mario Conde y de las tramas aún más complicadas de John Le Carré.

Comencemos la narrativa, a ver si entendemos lo mejor posible este entramado: se le acusa a la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez Garced, de intervenir inadecuadamente en una investigación en un caso criminal que culminó en que un perpetrador de hogares fuera condenado a un buen racimo de años en prisión. El crimen ocurrió en la residencia de la hija de Vázquez en la ciudad de Caguas. A este “muchachito” lo sentenciaron a 15 años de cárcel por la última invasión de morada (que me parece pura y llanamente, por los hechos, en la constitución del delito de escalamiento). Una nota explicativa: ante esta sentencia para este mozalbete-perpetrador, acudió la oficina de Gobernación muy indignada su madre gritando a los cuatro vientos que “al nene se le había tratado injustamente”.

La queja llegó a parar a la misma oficina de la subsecretaria de la Gobernación, Itza García, quien refirió a la Oficina de Ética Gubernamental, otro ente que “nada tiene que ver con política” (sí Pepe!!). Me tengo que preguntar a quien se le ocurriría ir directo a la Oficina del Gobernador para denunciar esto? No sé, pero me está raro.

Lo que está detrás de esto es el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, probablemente el político más malévolamente astuto del país. Explotó, como lo obliga su carácter vengativo, ante la intención de Vázquez de investigar un asunto de alegados empleados fantasmas en el Senado de Puerto Rico. Adivinen, es su panita la presidenta del La Oficina del Fiscal Especial, Nydia Cotto Vives, a cuyo mando está encausar judicialmente a los corruptos gubenamentales., Otra complicación: además está que Vásquez Garced ha denunciado públicamente alegados intentos por descarrilar algunas de las investigaciones en el departamento de Justicia. No es que rechace lo que haya dicho, pero creo que tiene el deber de explicar esta alegación. Esto ya no son chismes de barrio; se trata de la confianza que le tiene el Pueblo a las instituciones del Gobierno. El cinismo está entronizado en del público puertorriqueño, y vivimos tiempos muy precarios en el país no importa cuál sea la forma que usted lo mire.

A todo esto se le suman dos declaraciones muy extrañas, la primera de la Fiscal de los Estados Unidos en Puerto Rico, Rosa Emilia González, defendiendo a brazo partido a la secretaria de Justicia. Un dato curioso es que a Vázquez Garced la sustituirá la Fiscal General de Puerto Rico, quien está en destaque de la Fiscalía Federal. ¿Qué pasa ahora—hemos federalizado el sistema de justicia de Puerto Rico?

Esta es una situación que es causada no por la búsqueda de la verdad sino del poder político. Los grandes peces en el estanque se han comido a los peces pequeños, quienes han optado por jugar el juego de estos peces grandes antes de comportarse como hombres y mujeres de estado.