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Trump, el muro y la indiferencia boricua [del independentismo]

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) El presidente de los EE.UU., Donald Trump lleva casi tres semanas en la posición de no llegar a un compromiso presupuestario con los legisladores del Partido Demócrata que hoy controlan la Cámara de Representantes. La razón de no llegar a un acuerdo yace en el famoso muro que dicho presidente desea construir, mejorar el existente hoy, o simplemente expandir en áreas que existe de forma limitada, de forma tal que se controlen tanto los trasiegos de personas como los de actividades ilegales que ocurren allí.

Lo cierto es que el pasado 8 de enero el presidente dio un mensaje a su país, en el cual indicó que el muro es una prioridad para proteger a su ciudadanía de distintos actos de violencia, trasiegos ilegales y una calidad de vida no deseada. En su mensaje también introdujo un ángulo del cual no se habla mucho, que es la vida de las personas, en particular hombres y mujeres, que cruzan la frontera a expensa de agresiones sexuales o violaciones a su dignidad de forma continua.

Lo interesante de la discusión del muro y el cierre parcial del gobierno federal, es la indiferencia en términos generales de los boricuas residentes en la isla, y en particular de los independentistas y diversos sectores de la izquierda. Este tema, el muro fronterizo y los migrantes, aparenta ser un tema de poco interés sí alguno.

Lo curioso es que desde la perspectiva del gobierno de los EE.UU. se trata de un tema de soberanía nacional clásico: el control de la frontera. Para los soberanistas como para los independentistas este sería un momento ideal para explicar que todo estado puede controlar sus fronteras. Que Puerto Rico hoy no puede hacerlo, o depende de las agencias de seguridad federal, y que muchas veces problemas de trasiego de armas, por ejemplo, es representativo de la pobre gerencia que el gobierno federal ejerce en nuestra isla, en la defensa de nuestras fronteras.

De igual forma, todo estado tiene el derecho soberano de admitir ciudadanos no nacionales a su frontera. Puede admitirlos, rechazarlos o regular su proceso de ingreso. Lo que ningún estado soberano desea es que a su frontera llegen miles de personas pidiendo ingreso, de forma no regulada administrativamente hablando.

Ahora bien, para Puerto Rico, país aún colonial, y sobre todo para los independentistas, no insertarse en debate del muro de forma seria impulsando una agenda soberanistas y de libertad, es un error monumental. El silencio otorga falta de liderato político. Pensemos.