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Las noticias falsas, la lucha de poder y Puerto Rico

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) La situación por la cual atraviesa el pueblo de Venezuela, no la aguantan mucho países. En una clara violación a su soberanía nacional, un miembro de la Asamblea Nacional se declara presidente, y el presidente de los EE.UU. lo reconoce. Esto en sí es una crasa violación a la soberanía nacional de cualquier país. Pues de repente, el mero acto de reconocimiento tiene un efecto de crear, de jure y de facto, la doble titularidad de quien gobierna un país.

El problema se hace más interesante, cuando el presidente constitucionalmente electo, Nicolás Maduro, tiene el control del territorio nacional, de las estructuras de gobierno, del ejército, y del apoyo del pueblo. Mientras esto no cambie, el ejercicio de reconocer a un líder de la oposición en el caso de Juan Guaidó en Venezuela, por parte de Donald Trump y algunos países, es más que nada mediático. Si cambian las condiciones internas en Venezuela y transitan los apoyos de un grupo al otro, entonces hay una crisis constitucional y de poder. Hoy no la hay.

Ahora bien, la pregunta es como uno contrarresta esta situación. De un lado, siguiendo el modelo que hoy ha establecido el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, entonces hay que convivir con Guaidó, hasta que dentro de la legalidad venezolana se resuelva el conflicto que ha creado el reconocimiento de un presidente no constitucional por parte del gobierno de los EE.UU. Este es el lio.

Pero en el mundo, la crisis de Venezuela es un asunto mediático, el cual hay que atender, literalmente, con darle “like” a posturas que apoyen el gobierno constitucional de Venezuela. Parece hasta ridículo, pero estamos en la nueva guerra mediática, que no se gobierna ya por balas, aunque haya muchas balas disponibles. La prensa global, dividida entre la facción que lidera el diario El País de España, se enfrenta a la prensa alternativa comercial y otras, que se enfrenta con otra verdad desde RT.TV o desde La Jornada de México.

Vivimos un momento de mucha confusión tanto en la acción, reacción y respuesta. Nadie comprende como actuar, y en claro ejemplo la prensa nacional y sistemas mediáticos en Puerto Rico, han adoptado una respuesta a favor de Guaidó, por decir lo mínimo, “tibia”. No están claros porque apoyarle, si apoyarle es apoyar la injerencia de Donald Trump, el ala más terrible del Partido Republicano. Pero sobre todo, hay una gran sospecha tanto en Puerto Rico como en el resto de América Latina, si apoyar a Guaidó es vivir los próximos 30 a 40 años luchando por la reivindicación de la vida de los desaparecidos, muertos y vidas tronchadas en una posible Venezuela intervenida. Hoy nadie quiere eso.

Es momento de cuestionar el poder, el tradicional del capital y la derecha, como también el de la izquierda. Dicho esto, en este momento, la razón le asiste a Nicolás Maduro. El régimen constitucional de Venezuela está intacto y operativo. Guaidó, asistido por Donald Trump, es un usurpador y transgresor de la Constitución de Venezuela. Pesemos.