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Editorial: La prensa también es cómplice: Venezuela y Puerto Rico

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Ver al periodista boricua José Esteves del sistema mediático de Telemundo, a bordo del buque Puerto Rico en aguas internacionales, pagado por fondos públicos del gobierno de la isla, intentando penetrar “ayuda” humanitaria en la República de Venezuela, ¿Constituye un acto de complicidad en la agresión e intervención que promueve el gobierno de Washington contra dicha república hermana? Podríamos sugerir que sí, que es un acto de complicidad. Esteves se ha sumado a un acto de guerra, en el cual su mera presencia es parte del acto.

De igual forma en los pasados días, una columna de ficción fue publicada en la sección de opinión de la revista digital 80 Grados, provocando un efecto nefasto en la Universidad de Puerto Rico. El cuento que ficcionalizaba una crisis en la universidad, se convirtió en noticia, y a partir de ahí, la gerencia de la Universidad ha tenido que invertir tiempo en por lo menos tres comunicados de prensa, una entrevista extensa por otro sistema mediático del país, y más que nada, tuvieron que extender por un mes la fecha de cierre para los programas graduados de la UPR, debido a la pérdida o ausencia de candidatos. Pese a que la gerencia de la revista digital se disculpó, el efecto negativo ya se hizo, y sobre todo el efecto positivo en los números de circulación fue una bendición: cerca de 100 mil personas han leído el mencionado artículo/cuento.

Ahora bien, nos preguntamos en la era del reconocimiento de las noticias falsas a partir de la presidencia de Donald Trump, ¿es la prensa y sistemas mediáticos parte del problema? ¿Cuándo contar la historia deja de ser un acto de información, y se puede comete en parte de una conspiración para cometer daño, agresión o destrucción? Nos parece que la mera presencia de José Esteves en un barco que promueve un acto de guerra contra otro país hermano, deja de ser periodismo y se convierte en complicidad. De igual forma, publicar equivocadamente una noticia con la repercusión que previsiblemente podía tener en el objetivo del artículo (el debilitamiento de la UPR) es ser cómplice con los que desean ver desaparecida a la universidad.

Hoy más que nunca, nos parece que hay que regresar a una ética mínima, sobre todo cuando por la mera acción periodística, uno promueve actividades que son de su faz ilegal o cuya consecuencia puede ser la destrucción y desaparecimiento de instituciones que representan a la nación puertorriqueña como lo es la UPR.

Vivimos tiempos muy complejos donde nada se explica desde una sola mirada o perspectiva. Ahora bien, a lo mínimo que podemos aspirar de forma plural es a aceptar en la diversidad el respeto a los mínimos entendidos. Las agresiones no se apoyan, como tampoco intercalamos la noticia fáctica con la ficción. Ambos actos pueden permitir en la complicidad situaciones de vida irreversibles.

Pero pese a todo, sí creemos que todos los medios de prensa y sistemas mediáticos, así como los periodistas, hombres y mujeres de a pie, tienen el derecho y el deber de ganarse la vida informando. Lo que no apoyamos hoy es la complicidad.

El Post Antillano