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La criminalización de la niñez y la juventud

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altaltalt(San Juan, 3:00 p.m.) Para la década del 1950 comenzó en Estados Unidos y Puerto Rico un proceso de decadencia en la moralidad, de cambios en el sistema de valores, de aumento en el consumismo, y en la competencia por adquirir bienes materiales en muchos casos a costa de sacrificios o de métodos rechazados por la sociedad. Comienza para esa década el aumento en la participación de la mujer en la clase trabajadora, por lo que los niños se quedan abandonados en sus hogares, aumenta el número de madres solteras, los embarazos en las adolescentes y, por consiguiente, los hogares sin padre. Por otro lado aumenta el número de divorcios, la violencia conyugal y los juegos de azar promovidos por el propio gobierno. El resultado final se expresa en el número de familias pobres dependientes de ayuda gubernamental en sobre 50% de la población. El uso de las drogas, el alcohol y el tabaco complican la situación de estas familias, dando lugar al nacimiento de niños prematuros y niños que llegan al mundo sin amor. La ausencia de un modelo de desarrollo adecuado lleva a un gran número de nuestros jóvenes a delinquir a temprana edad.

En el 1987, Lawrence Kohlberg describió seis etapas en el desarrollo moral del niño. En la primera etapa el niño obedece para evitar el castigo corporal. Gradualmente aprende lo que es aceptable en la sociedad y en la última etapa termina con un sentido universal de justicia y de preocupación reciproca entre los individuos. La moralidad es aquella parte de la personalidad que debe manejar el conflicto entre las necesidades personales del individuo y sus obligaciones sociales. Inicialmente las normas morales son impuestas por los padres por mera obediencia y disciplina. Eventualmente estas normas son internalizadas y pasan a ser parte del individuo y afectan el comportamiento aun en ausencia del poder de obediencia impuesto por los padres. Las personas en todas las culturas pasan por esas seis etapas descritas por Kohlberg. La empatía y el sentido de culpabilidad van unidos al desarrollo de la moralidad. La presión de los compañeros y los medios de información también influyen en la moralidad.

La literatura médica ha demostrado que los delincuentes juveniles presentan deficiencias en el desarrollo del juicio moral. Existe una relación entre los trastornos de conducta, la delincuencia antisocial y las perturbaciones en el desarrollo moral del ser humano. En ocasiones, poblaciones enteras se estancan en una etapa temprana y nunca llegan al pleno desarrollo de la moralidad.

En mi práctica privada de la cirugía en el 1994 recibí una señora que vino acompañada de un hijo de apenas seis o siete años. El niño me entrego un dibujo que mostraba al gobernador Pedro Rosselló en el suelo, y yo a su lado con un pie sobre su pecho y un trofeo de ganador en mi mano levantada. El niño obviamente comprendió que había ocurrido una disputa y me adjudicaba la victoria. A esa temprana edad comienzan los niños a moldear su personalidad; a darse cuenta de lo que es correcto, lo que es justo y lo que es moralmente aceptable. Me interesaría conocer a que se dedica ese niño que ahora debe ser un hombre de alrededor de 28 años.

Se estima que en la sociedad hay 10% de personas con desarrollo moral incompleto, por tanto, todas las profesiones y los políticos que se originan de esa población mostraran el mismo 10% de ciudadanos inmorales, delincuentes y corruptos. La moralidad y el sentido del deber deben ser enseñados en nuestras escuelas.