Vie12062019

Last update02:33:19 PM

Editorial: Rosselló y los 12 hermanos: la importancia de la protesta, pero también de un plan de transición. En los últimos tres días

  • PDF

alt(San Juan, 9:00 a.m.) Tenemos que comenzar a aceptar el hecho de que la sociedad civil se ha convertido en autónoma del gobierno y los partidos políticos, y está exigiendo por todos lados, la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló. Desde la Iglesia Discípulos de Cristo hasta los manifestantes, pacíficos o no, que protestaron en el día de ayer en el Viejo San Juan, la gente está pidiendo su renuncia.

La salida del gobernador Rosselló se puede materializar de dos formas: por vía de su renuncia voluntaria o por vía de un proceso de residenciamiento. En ambos casos, el gobernador Rosselló tendría que dejar el cargo. Ahora bien, en la lógica de bienestar de país, que no se interrumpan las operaciones y urgencias diarias, lo mejor podría ser un proceso ordenado de residenciamiento, toda vez que se establece el marco sucesoral según la constitución del país. Pero lo más importante es que hoy hemos establecido la pauta de que ante la mala administración, los gobernantes de turno deben dejar su puesto. Se trata de un “voto revocatorio” de pueblo, de país.

Establecido lo anterior, la protesta social no necesariamente coincide con los procesos y formalidades del derecho. De esta forma, la protesta callejera, en cualquier modalidad, pero que exprese el descontento con la situación actual de país, merece ser como mínimo comprendida y como máximo, apoyada. Reconocemos que las imágenes de anoche en el Viejo San Juan pueden ser complicadas y a veces confusas. Pero estamos en un momento donde el descontento se está expresando de distintas formas y maneras.

Posiblemente necesitemos una “Mesa de Diálogo Nacional” para que todos los sectores de la sociedad civil, incluyendo todos los partidos políticos, se sienten a conversar y desarrollar una estrategia colectiva con un solo objetivo: la remoción del gobernador Ricardo Rosselló de su puesto y garantizar la continuidad institucional para que ningún servicio del país colapse.

Hoy sí podemos estar tranquilos y tranquilas de que tenemos un consenso nacional que los actos de mala administración pública, entiéndase corrupción; y comportamientos de depravación moral como lo son el “Chat de los hermanos”; ambos actos ya no se toleran por nuestro país. En esto, hemos caminado un importante paso.

Sigamos exigiendo una mejor calidad de vida, sin perder nuestro norte: no se trata de destruir propiedad pública o privada; ni de agredir a manifestantes o policías. De lo que se trata es de exigir que el gobierno de Puerto Rico sea honesto y responda a las necesidades del pueblo. Gobernantes como Ricardo Rosselló no nos garantizan esa calidad de vida. Por lo tanto, deben dejar su puesto. Hay que revocarles su mandato.

El Post Antillano