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Puerto Rico y revolución del verano del 2019

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altLlevo años escribiendo sobre el Puerto Rico que se estaba formando en las barriadas y residenciales. La cultura negra que despertaba conciencia entre las clases sociales oprimidas afirmaba el sentido identitario puertorriqueño a son de barriles y panderos. En cada movimiento de cadera de los danzantes, la bomba iba rompiendo eslabones de esclavitud y opresión.

El rosellato de finales de los 90s dividió el país entre guaynabitos y los demás. Esa clase, que pregonaba ser blanca, hasta que los estudios de ADN rompieron con el mito, se creyó superior y condenó las nuevas expresiones libertarias de los demás. El neoliberalismo arrinconó a los pobres y los sumergió en la economía subterránea, el trasiego de drogas. Los arrojó en el abismo, pero con ellos se sumergieron también los guaynabitos.

Los barriles continuaron sonando. La música fue la primera en liberarse. Los géneros urbanos, el reguetón, el trap, todos condenados por la élite cultural educada que no supo identificar en ellos una evolución natural de los ritmos africanos. Si, hubo influencia afroestadounidense, jamaiquina, etíope, pero aquí se sazonaron con nuestro acervo.

La presión continuó con nuevos impuestos, restricciones, fenotipos, discrimen, enajenación, sufrimiento y hambre. Condenaban a los que recibían ayuda del Programa de Asistencia Nutricional, como si con un dólar diario se pudiera comer en este país.

No todos los gobiernos que siguieron al rosellato se percataron del cambio que se gestaba en las comunidades. Sila María Calderón vio una posibilidad y creo las comunidades especiales, como si fueran diferentes, logró establecer algunos buenos programas que agonizaron con Aníbal Acevedo Vilá y murieron bajo Luis Fortuño.

Fortuño y su gente no se dieron cuenta de que el país ya no era el mismo del siglo XX. Las redes sociales, la afirmación de una identidad afrocaribeña, la liberación de las restricciones sexuales, el rompimiento con tabúes idiomáticos, los acercamientos entre las poblaciones puertorriqueñas del archipiélago con sus familiares a través del mundo le cortaron la cabeza a Fortuño y luego a Alejandro García Padilla que no pudo comprender que el partidismo, la mentira, el discrimen político ya eran armas del pasado.

Entonces llegó la flor y nata del guanabismo, Ricardo Antonio Rosselló Nevares. La pluralidad de candidatos diluyó el voto y encumbró a otro Rosselló. Este llegó con influas de grandeza, tomado de la mano de su amigo del alma, Elías Sánchez Sifonte. Ambos se rodearon de guaynabitos, gentes que menospreciaban a los pobres, se burlaban de las mujeres, destruían personalidades, perseguían a opositores políticos y ofendía a los miembros de la comunidad LGBTT. Vendieron el cuento de la estadidad amparándose en la Monoestrellada y hablando de Patria. La agencia publicitaria KOI les montó todo un espectáculo mediático.

Parte de la charada mediática, fue casar a Rosselló Nevares con su novia Beatriz, porque el dominio que ejercía Sánchez Sifonte sobre el joven candidato y la estrecha amistad hizo levantar rumores de otra índole que podían resultar ofensivos para los religiosos fundamentalistas que militaban en el Partido Nuevo Progresista. El constructo funcionó.

En eso nos visitaron Irma y María, dos benditos huracanes que, a pesar de los daños materiales, iniciaron el proceso para abrir los ojos de los puertorriqueños.

Ocurrieron muchas cosas. Puerto Rico se dio cuenta de su alto nivel de pobreza. La ineptitud gubernamental dejó al país acéfalo, y la gente recurrió a sus recursos y a sus comunidades. El mito de la dependencia se vino abajo. Las famosas ayudas no llegaban.

La devastación inmensa vino acompañadas de mentiras. Rosselló y sus amiguetes mintieron sobre el número de pérdidas humanas durante y después del huracán María. Le rieron las gracias a Donald Trump, que, sabiendo la verdad sobre las víctimas, le preguntaba constantemente lo mismo al Gobernador, y hasta le tiró indirectas al respecto. Lacayo servil, Rosselló fue humillado y luego pateado por Trump, que lo convirtió en su bufón en una reunión en la Casa Blanca.

Los vivos no olvidan y los muertos no perdonan. La verdad comenzó a fluir. Los dueños de la finca descubrieron movimientos extraños que indicaban corrupción y cerraron la chequera. Las comunidades desventajadas se olieron que las mentiras eran más que las verdades.

Poco a poco se fue descubriendo la corrupción rampante que existía en la administración de Ricardo Antonio Rosselló Nevares. Cometió el error garrafal de despedir a su compinche Raúl Maldonado Gautier. Intentó desacreditarlo, pero su hijo, Raúl “Raulie” Maldonado Nieves sacó la cara por su padre y destapó la olla de grrillos.

Magistralmente el Negociado de Investigaciones Federales (FBI) arrestó a Julia Keleher y Ángela Avila, el 10 de julio. Para el 13 de julio las 889 páginas de un chat de Telegram donde el Gobernador y sus más allegados se destapaban con toda su maldad fueron revelados.

Desde ese glorioso 13 de julio, un día antes de la conmemoración de la toma de la Bastilla que dio inició a la Revolución Francesa, Puerto Rico despertó de un letargo de más de medio milenio.

La burla de los guaynabito a la pobreza, los muertos, la personas con diversidad funcional y obesidad, las expresiones machistas y homofóbicas rompieron el esquema de una cara linda, potencia sexual masculina y falso profesionalismo.

La gente salió a las calles. La revolución fue instantánea. El Rey Charlie hizo un llamado a las barriadas y residenciales, ellos respondieron. La clase artística, René Pérez, Bad Bunny, Ricky Martin, Tommy Torres, Karla Moroing, Benicio del Toro y los grandes como Danny Rivera, Lucecita Benítez, hicieron un llamado al pueblo, y este respondió. Los sindicatos resucitaron. Respondieron profesionales, pipiolos, populares, estadistas, nacionalistas, soberanistas, toda una nación marchó hacia La Fortaleza a pedirle a su ocupante que la vacíe.

Los cuentos de la república a la que se le cortarían las ayudas federales que construyeron sus ideólogos, se cuajó bajo su liderazgo gracias a su corrupción. No fue necesaria la república. El mito se rompió.

La diáspora puertorriqueña en Estados Unidos, Latinoamérica, Europa, Australia, Asia, África y Oceanía se han unido a los habitantes en el archipiélago en un solo grito: Ricky, ¡RENUNCIA!

Puerto Rico es primera plana en todos los periódicos principales del planeta. La verdadera letra de La Borinqueña, escrita por la poeta nacional sangermeña, María Dolores “Lola” Rodríguez de Astudillo y Ponce de León de Tió, han inundado las redes sociales.

Las imágenes son una, un pueblo que baila a son de bomba y plena, que se arropa con su Monoestrellada, levanta con orgullo su puño y reclama su LIBERTAD.

La segunda década del siglo XXI ha llevado a la colonia más vieja del planeta por un nuevo derrotero. ¿Hacia dónde vamos? No sé. Solo sé que nuestros machetes han sido desenfundados y esta ola de indignación contra una oligarquía corrupta y opresora ya no tiene vuelta atrás.

Clamo por misericordia, porque cada día que Ricardo Rosselló Nevares permanezca en La Fortaleza es una bomba de tiempo que puede llevarnos a un baño de sangre porque la gente, esa de la cual se burló y traicionó, ya no tiene miedo.