Mar12102019

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Editorial: Pierluisi y la [nueva] gobernación desde la lógica del bandidaje

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altPedro Pierluisi inició su carrera como gobernador de Puerto Rico, en el día de ayer, de forma equivocada. Lejos de iniciarla con todos los méritos que su hoja de vida le pueden conferir, pese a las diferencias que tengamos con su selección de clientes y de práctica legal, inició ayer desde el clandestinaje, a partir de la lógica de los hombres y mujeres que participan en el bajo mundo, es decir, en el bandidaje.

Por razones que desconocemos, por lo pronto que se justifiquen jurídicamente, Pierluisi, el hoy incumbente de la Fortaleza y gobernador de la isla, juramentó a puertas cerradas y escondidas, en casa de su hermana, y frente a una jueza del Tribunal de Apelaciones, y no del Tribunal Supremo como ha sido la norma, uso y costumbre, en Puerto Rico desde la década de 1950. Más aún, nadie sabe si es legal su nombramiento, instruido a partir de una misiva del saliente incumbente, Ricardo Rosselló, quien no volvió a presentarse ante la cara del pueblo y la prensa, por los pasados 12 días. Más aún, y también dentro de la cultura del bandidaje, se despareció entre el jueves y el viernes, y se marchó del país, dejándonos un mensaje de bienestar en una plataforma de las redes sociales.

Es decir, tanto el saliente como el entrante, terminan y empiezan de la forma menos democrática, menos representativa de un pueblo que pide a gritos, literalmente hablando, transparencia en la gobernanza de país. Es un momento singular, pues los gobernantes que hoy nos asumen y representan, no están a los tiempos de la cultura popular y de país que se está viviendo.

Por lo tanto, y a la espera de que sea ratificado o no Pedro Pierluisi, y viendo que él hoy ha asumido actividades de gobernador, tenemos que reiterar que inició su gobernación de la forma equivocada. Esto en adición a lo que en apariencia son sus conflictos de interés por su familia, sus amistades, sus clientes, su estilo de vida, y más que nada voluntad de gobernar sin un mandato constitucional que lo cobije, lo cual nos pone ante usted bajo el crisol de la sospecha y duda. Simplemente eso: se trata de una gobernación cuya legalidad hoy es cuestionada y cuestionable.

El Post Antillano