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¿El nacionalismo se ha puesto de moda, nuevamente?

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Ayer escuchaba al analista político Luis Dávila Colón analizar la crisis que enfrenta el Partido Nuevo Progresista (PNP) como colectividad política y como promotor del anexionismo. Calificó al PNP de ser un dinosaurio que se quedó estancado en el siglo pasado. Enfatizó el hecho de que el PNP es un partido colonialista que se conformó con ser un administrador de la colonia. Me llamó poderosamente la atención cuando indicó que la colectividad nunca creyó realmente en la estadidad y que el ideal se convirtió en una manipulación del electorado para mantenerse en el poder.

Aunque no comparto necesariamente los puntos de vista de Dávila Colón por considerar que muchos de sus análisis son fanáticos e irreales, digo en su favor que la caída del rossellato y la pugna de poder entre lo que él llama las “sectas” le ha abierto los ojos y despejado el pensamiento.

Entre sus expresiones, cuyo análisis no es lo que me compete en este escrito, mencionó que el PNP es incapaz de aceptar, evaluar y resolver la crisis que enfrenta, especialmente el resurgimiento del nacionalismo.

El énfasis que hizo en el nacionalismo es señal de que la Revolución de julio ha trastocado la política puertorriqueña. Dávila Colón no es el único que ha quedado impactado con la multiplicidad de Monoestrellada y expresiones identitarias que arroparon el archipiélago durante esas semanas inolvidables.

Es impresionante cuando vemos los videos de las marchas y protestas y observamos ese mar donde sobresale nuestra bandera, en afirmación de que Puerto Rico es una nación.

Ayer mismo me enviaron una entrevista que CNN le hizo a René Pérez sobre la Revolución donde el periodista Jorge Ramos le preguntó porque había dicho que ese momento histórico fue el segundo más emotivo en su vida luego del nacimiento de su hijo. Pérez, o Residente, contestó que era la primera vez que veía a su gente unida, libre de colores partidista y divisiones, afirmando su nacionalidad a pesar de que somos una colonia.

El descubrimiento de la nacionalidad y de la afirmación identitaria que han hecho Dávila Colón y Pérez es un tema del cual vengo escribiendo hace años. Como gestor cultural e historiador me mantengo atento a los cambios que ocurren en las comunidades y el impacto que estos tienen en nuestras expresiones culturales, que en fin son la manifestación visual de la puertorriqueñidad.

Durante los 121 años que Puerto Rico lleva sometido al coloniaje estadounidense existen periodos donde la afirmación identitaria sacude la fibra de la puertorriqueñidad y se inician cambios sociopolíticos que impactan nuestra conceptualización como pueblo. Estos momentos vienen acompañados por reacciones del imperio que solapadamente implementa estrategias para apaciguar los ánimos independentistas y mantener el estatus quo.

Ocurrió a principios del siglo XX. La llegada de los estadounidenses fue aceptada bajo la idea de que significaba integrarse a la modernidad, el progreso económico y que seríamos aceptados como estado de la Unión. Cuando nos dimos cuenta de que esto era un engaño, los dos partidos anexionistas que existían para 1900, Partido Republicano y Partido Federal, entraron en crisis para parir los movimientos autonomista e independentista, Partido Unión, 1904 y Partido Independentista en 1912.

El reaccionismo político llegó al grado de que en 1909 la Cámara de Delegados se negó a aprobar el presupuesto colonial, lo que llevó a la ley de que en caso de no ser aprobado un presupuesto se implementará el del año anterior.

Por supuesto, esto no terminó con el anexionismo que se quedó vigente en el Partido Republicano y luego cogió bríos con el movimiento obrero y la fundación del Partido Socialista en 1920.

Estados Unidos, atento a los cambios que ocurrían en la colonia, el fracaso de la “americanización”, la negativa del jíbaro de aprender inglés y la inestabilidad mundial nos impuso la ciudadanía estadounidense. En pocas palabras, somos propiedad, no somos parte, pero somos ciudadanos digo siempre y cuando habitemos uno de los 50 estados.

Esta imposición de una ciudadanía, que no nos servía para nada, abrió paso a la fundación del Partido Nacionalista en 1920. Las décadas de 1920 a 1940 estuvo marcada por huelgas, levantamientos armados contra el imperio y represiones imperialistas.

La inestabilidad política mundial llevó al imperio a hacer cambios en la forma en que lidiaba con Puerto Rico. Estados Unidos no podía darse el lujo de tener problemas en su colonia favorita, a solo millas de su territorio. Lo que sucediera aquí impactaría todos sus asuntos en Latinoamérica y su imagen de gran defensora de la libertad.

Entonces se les ocurrió identificar un líder para el país, un profeta de la modernidad y el progreso, que hiciera su trabajo sucio y convenciera a los isleños de los beneficios de la panacea colonial. Nació el Partido Popular Democrático (PPD) y Luis Muñoz Marín se erigió como líder supremo del neocolonialismo. Muñoz acabó con la autosustentabilidad económica, nos entregó al consumismo desmedido, persiguió a los independentistas y promovió la migración del jíbaro al continente. Las políticas muñocistas fueron cuestionadas por muchos de sus seguidores. No todos compraron el sueño de Muñoz, lo que dio paso al primer cisma del PPD en 1945 y el nacimiento del Partido Independentista Puertorriqueño.

En vista de esto, el imperio autorizó la elección de un gobernador y más tarde, 1952, la Constituyente que dio paso al Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

El independentismo se convirtió en la segunda fuerza del país. Los nacionalistas se alejaron de las urnas electorales y retomaron la lucha armada. La Revolución de Jayuya en 1950, el ataque del Congreso en 1954, el carpeteo y las represiones que siguieron forzaron la migración de independentistas y nacionalistas al imperio. Esta estrategia fue contemplada por el imperio con la idea de americanizar a las nuevas generaciones que nacieran en las entrañas del monstruo como bien describió a Estados Unidos el patriota cubano José Martí.

Empero, el muñocismo enfatizó la identidad a través de sus programas educativos y nos devolvió la Monoestrellada como símbolo patrio. Por supuesto, le alteró el tono de azul original para que se pareciera al de Old Glory, nombre de la bandera estadounidense.

La persecución de los independentistas, la migración y el cisma del PPD en 1968 llevó al empoderamiento del sustituto del Partido Republicano, el Partido Nuevo Progresista. El PNP asumió el poder en 1969 y se dio inicio a 50 años de bipartidismo.

En este medio siglo hemos tenido momentos de intenso empoderamiento identitario. Ocurrió en los años 70 donde hubo persecuciones y asesinatos de independentistas. La década agonizó con el martirio de dos héroes en el Cerro Maravillo en 1978. Llevó e vuelta al PPD en 1984 y la designación del español como idioma oficial.

La llegada de Pedro Rosselló González en 1992 inició una era de americanización que con subidas y bajadas nos ha traído hasta el momento actual.

En estos 27 años se fue gestando en las comunidades y residenciales una nueva conceptualización identitaria no fundamentada en el idioma y las tradiciones europeas, sino en la raíz africana de la cultura puertorriqueña.

La bomba y la plena se convirtieron en los ritmos tradicionales, desplazando a la danza y a la música de la montaña. Los turbantes, las faldas anchas, las camisas africanas, los panderos y los barriles fueron glorificados.

Puerto Rico aceptó que su cultura es afrocaribeña. No fue fácil, pero una vez se inició el movimiento no hubo quien lo detuviera. La isla se llenó de escuelas de bomba y en menos de 10 años, todos los niveles sociales movían las caderas.

La Revolución fue una explosión cultural colorida y significativa. Es una afirmación identitaria que unió a ritmo de bomba y plena a todas las comunidades puertorriqueñas alrededor del globo terráqueo.

La multiplicidad de la Monoestrellada reafirmó la soberanía de los boricuas y la letra del himno borincano en su letra original describió el momento. Fue llamativo ver a anexionistas cantando el himno que sus líderes han menospreciado.

Despierta, borinqueño

que han dado la señal!

¡Despierta de ese sueño

que es hora de luchar!

A ese llamar patriótico

¿no arde tu corazón?

¡Ven! Nos será simpático

el ruido del cañón.

Estamos en medio de una reafirmación identitaria. Las nuevas generaciones reclaman su derecho a ser puertorriqueños. ¿Hacia dónde vamos en términos políticos? Eso dependerá de varios factores que analizaremos en otro escrito. En este momento está claro que el anexionismo agoniza, el independentismo está dividido y el autonomismo está patidifuso. El liderazgo de todos los partidos actúa sin dirección clara y es presa del canibalismo del poder.

Es un momento histórico, una gran oportunidad para forjar un nuevo país. Confío que esta vez, no perderemos la oportunidad.