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Washington colapsa y Puerto Rico no cesa en pedirle ayuda

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Columna: Carlos Arroyo, el adiós de un símbolo | El Nuevo Día(San Juan, 9:00 a.m.) Lo mejor de toda la historia de la pandemia del Covid-19 ha sido vivir en la parte final, la más decadente, del imperio americano. Estamos viviendo el colapso de un país, cuya administración y desarrollo económico lo están llevando a unos límites en su crecimiento, con las implicaciones que esto tiene para la relación colonial Puerto Rico/EE.UU. Lo interesante es que los gobiernos de turno en Puerto Rico, no se dan por aludidos que la situación los EE.UU. nos fuerza a tomar decisiones independientes de ellos, y nos lleva a pensarnos de forma libre.

Nadie ha planteado que, ante la crisis, el gobierno de Puerto Rico actuó en todo momento como un país libre y soberano, sin mucha influencia o relación con lo que pasaba en los EE.UU. Puerto Rico cerró sus fronteras marítimas, limitó los accesos aéreos, por vía de un solo aeropuerto, y estableció el principio de una aduana o sistema de inmigración para establecer un cernimiento con los pasajeros que llegan al aeropuerto. En fin, que Puerto Rico actuó y se pensó como un país libre.

Por otro lado, no es posible pensar que en la relación colonia/imperio, los boricuas solo se dediquen a pedir, y nunca a dar. Es curioso que no hubo un solo gesto del gobierno colonial por enviar ayuda a ninguno de los estados o territorios de los EE.UU. Esto es un dato curioso, pues Puerto Rico ha mantenido una desocupación de las camas de un 50 por ciento (3 mil camas disponibles y no utilizadas), mientras las camas en unidades de cuidado intensivo, ha mantenido un 30 por ciento de camas disponibles; y tiene un total de 700 ventiladores no utilizados de un total de mil en promedio para la isla.
¿Alguien ha visto el movimiento de parte del gobierno de Puerto Rico de ofrecer lo disponible en la isla, para lo necesitado, por dar un ejemplo, en la ciudad de Nueva York? ¿en San Tomas? ¿En Santa Cruz?

Los boricuas han establecido una relación de uso y disfrute de los fondos federales que han creado un sentido de acreencia o derecho a pedir y pocas veces dar. Esa postura adoptada por el gobierno de Puerto Rico, así como por gran parte de la población crea una dependencia en reversa que merece ser estudiada. Lo mejor de esta práctica, es que fuerza un rechazo de los EE.UU. a incorporar un territorio completamente dependiente. Para nunca ser estado, lo mejor que nos ha pasado es el Covid-19.
Pensemos.