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Niño bueno, niño malo o niño rating

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altEstá en las canciones, en los anuncios de televisión, en las películas, en la telenovelas, en la internet, en las revistas y hasta en los juegos electrónicos a los que consciente o inconscientemente se exponen los niños: sexo y criminalidad. Aunque no hay lugar perfecto, toda sociedad aspira a ser una mejor; a poder erradicar los males que la aquejan: robos, adicción, violencia. Sin embargo, y a pesar de las quejas, en realidad poco se hace para educar o prevenir.

Los casos de abuso sexual contra menores de edad y con la complicidad de los padres y otros familiares son la punta del iceberg del descalabro social, hoy parte de los temas de rating en los medios de comunicación.  Tal parece que ni desde muchos  hogares, ni desde el salón de clase  se promueven los valores reflexivos de la autorrealización y la dignidad del ser y esto se complica con el trabajo de los medios de comunicación comercial, que dejaron de lado el cultivo de la inocencia, porque no hay rating en programas como el de Pacheco o Tío Nobel, donde había comunicación y respeto por el lugar del niño en nuestra sociedad.

“Que para eso hay canales especializados”, me dirán ustedes. Claro que los hay, pero de entretenimiento y no tienen esa voz que se relacione con ellos por su nombre y en español de la casa. Eso vale más que mil programas de caricaturas.  Ellos eran figuras paternales que transmitían por los canales más vistos, valores de interrelaciones personales. Recuerdo que me gustaba ver a Pacheco porque tenía una voz dulce de persona amorosa y real, porque no se ocultaba bajo ningún disfraz, sino tal vez el del maestro ideal. “No es bueno pelearse con el compañerito. Hay que ser cortés. Hay que dedicarse a estudiar para sacar buenas notas.” ¿Dónde, si en alguna parte, están esos consejos en la programación de hoy día? Acaso baste con decirlo los padres a los niños de vez en cuando o machacarlo en el salón de clases o en la iglesia. Claro, que no siempre bastará.

Nada como el impacto de las cartas de los niños, sus dibujos y los consejitos que les daba entre cada sección de las caricaturas animadas, estos personajes. Y qué bien se sentía saber que alguien te escuchaba, te exaltaba, y le importabas y en la televisión, cuando tal vez en la casa no te hacían caso. “No seas mentiroso, nene, que eso no es verdad, tu tío te quiere mucho, tu padre es el que te engendró y el que trae la comida a la casa; o, no te creo, vete a tu cuarto, estás castigada, puta, quién te preñó…”

Si de mí dependiera, habría una hora especial en cada canal local para los niños y en cada programa habría un ángel como Pacheco pero con la tecnología al día, dándole un poco de esperanza y valor a ese niño o niña, feliz, o al dolido(a) por el abuso. Una hora o media, para ellos, en vez de las novelas que son refritos de la misma novela de todos los días - o peor los programitas de gente que se pelea y se odia-, unas cápsulas para ellos, algo, tal vez, en lugar del niño rating, de aquél que se menciona en las noticias por lo bueno o lo malo.

Los niños que un día fueron maltratados, se convertirán en maltratantes. Y esa es una lógica honestamente terrible, pero real.