Vie07202018

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Trullita de Navidad

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altEs víspera de Navidad. Es uno de esos días importantes dentro de nuestras tradiciones boricuas. En la noche se celebra la Misa de Aguinaldo para celebrar el nacimiento del niño Jesús.

Este año ha sido uno duro para el país. Mas allá de nuestros problemas fiscales el golpe que nos dio el huracán María nos despertó de un largo letargo. Es irónico que de todos los nombres que se pudieron escoger para un huracán, fuese María quien nos sacudiera. El nombre de María es uno muy arraigado a nuestra cultura, a nuestras mujeres, nuestra religión, a nuestra isla. En todas las familias boricuas hay por lo menos una María. María como nombre propio, compuesto, al principio en el medio. Somos muchas las Marías.

Un día como hoy, esa otra María, llegaba a Belén. Su camino, debo pensar, fue tal vez parecido al como nuestro pueblo se encuentra en este momento. Un camino de paso en paso, tortuoso y trabajoso. Hoy muchos, como María y José, dormirán en pesebres. Porque el huracán los dejó sin casa. Pero en este peregrinar de tres meses me pregunto, que lecciones valiosas podemos aprender para darnos como regalos de vida y esperanza en esta Navidad.

Pienso que uno de los regalos más importantes que se nos reveló fue el redescubrir a nuestros vecinos. Son nuestros vecinos el apoyo primario en situaciones inesperadas. Trabajar en comunidad para levantar nuestro entorno, es otra gran lección. Es evidente que los gobernantes son incapaces. Peor que su incapacidad es ver como continúan su egoísmo político. Sin embargo, el huracán le quitó la venda al Pueblo, y eso es bueno. A pesar del cansancio colectivo, el Pueblo se ha dado la mano una y otra vez. Eso incluye a todos los boricuas de la diáspora. Esos que hoy residen fuera de Puerto Rico y nos tiraron salvavidas desde sus nuevos hogares.

El mensaje más claro, es la realización de que la salvación de nuestra patria está en nuestras propias manos. Somos nosotros quienes tenemos que buscar formas creativas para nuestro sostenimiento, respetando nuestra tierra, retomando la agricultura y combinando todas las lecciones aprendidas para florecer como un país más fuerte y digno. En esta víspera de Navidad nuestro mejor regalo al niño recién nacido y a nosotros como pueblo es emular a ese niño Yaucano que no teniendo nada ofreció su corazón. Adelante Puerto Rico, muchas bendiciones para todos y una feliz navidad desde lo más profundo del corazón.