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Keleher no puede cantar “mi escuelita, mi escuelita”

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altEl ambiente en el salón de clases era distinto a otros lunes. Los jóvenes estudiantes estaban sentados callados y atentos a la maestra frente a ellos. El ruido del silencio se podía escuchar.

Rosaura los miraba con un aire de tristeza y pena. Era el mismo sentimiento de vacío que le dejaba el último día del año escolar. Para ella cada fin de año era despedirse de los niños a los que impartia el conocimiento y las destrezas del idioma español que tanto defendía.

- ¿Tú sabes que le pasa a la maestra? - preguntó en voz baja un estudiante a otro

- No sé, este fin de semana estuvo muy alegre con la restauración y limpieza de la escuela junto a los estudiantes y padres - susurró el estudiante.

Rosaura tenía en sus manos una carta circular que le entregó la directora escolar antes de entrar al salón que le quebró la alegría de dar clases. Una sensación de vacío se apoderó de ella. El desasosiego que dejaba la lectura de la carta la hizo llorar de rabia. Tenía que transmitirle una mala noticia a los estudiantes tan entusiasmados con la escuela que habían restaurado el fin de semana luego del desastre del huracán María. Apenas comenzaba el semestre escolar.

- El fin de semana se corrieron los rumores sobre la merma de estudiantes en la escuela y de los aires de reorganización escolar de la nueva Secretaria de Educación- pensaba Rosaura.

- Los líderes sindicales están convocando a una marcha-concentración para combatir a una Junta Fiscal que se impuso para establecer planes fiscales para reducir las agencias de gobierno y arreglar las finanzas del país- les dijo la representante de los maestros.

- Le informé que yo no podía asistir. Me descontarían el día de trabajo- pensó Rosaura

- Ella nos dijo que se nos iba la vida y el trabajo con las nuevas leyes laborales impuestas.

- Para mí la educación es un servicio esencial. No pueden eliminarla de un plumazo en una tabla de estadísticas sin tomar en consideración el bienestar de los estudiantes y maestros- le ripostó a la líder del sindicato.

- Si no participas luego no te quejes- le dijo la maestra.

Rosaura llevaba veintinueve años en la misma escuela como maestra. Habían pasado por la escuela todos los residentes de las comunidades cercanas. Su escuela era la única escuela rural elemental-intermedia en muchas millas de distancia. Con el huracán María el plantel no sufrió muchos daños y el fin de semana ya lo habían arreglado.

Sentada frente a los estudiantes no entendía por qué siendo maestra de español no encontraba las palabras adecuadas para transmitirle el mensaje encomendado en la carta circular. El interés por retirarse luego de tantos años como maestra también se veía tronchado por las directrices incluidas en la notificación de la Secretaria de Educación.

Con voz entrecortada por el coraje que sentía rompió el silencio y les dijo a sus estudiantes,

-El próximo año escolar cerraran esta escuela que restauramos con tanto amor y sacrificio. Tendrán que buscar otra. Yo me quedaré sin trabajo. Mañana participaremos todos en una marcha.