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Fidel Castro, Ernest Hemingway y Cuba

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altLa entrevista que Norberto Fuentes, autor del libro Hemingway en Cuba, le realizó a Fidel Castro sobre el escritor norteamericano en febrero de 1984 en el Palacio de la Revolución es muy extensa por lo que sólo voy a transcribir la parte que se refiere a las opiniones de Hemingway sobre la Revolución.

La pregunta de Norberto Fuentes fue: “¿Conoce Ud. las opiniones negativas sobre la Revolución Cubana que se quieren acreditar a Hemingway?”

La respuesta de Fidel fue la siguiente: ´´Creo haber leído algo al respecto: unos comentarios sobre declaraciones de Hemingway en círculos privados y sus expresiones desfavorables hacia nuestro proceso. Es cierto que las fuentes de donde proceden son poco confiables. Y es cierto también que la actitud pública asumida por Hemingway fue de defensa de nuestra revolución. Y esto es algo que siempre hemos apreciado por la manera en que nos honra. No obstante hay que comprender que para Hemingway es una situación sumamente difícil. Su país se hallaba en conflicto con el nuestro. En realidad no era fácil para nadie. Pero ahí están sus declaraciones, el apoyo que nos brindó. Ahora bien –y esto me interesa aclararlo mucho-; si él hubiese criticado con más o menos aspereza nuestro proceso, eso no le hubiera demeritado ante nosotros en absoluto. En primer lugar, porque nuestra obra es humana, y, por lo tanto, perfectamente criticable. Y lo hubiéramos aceptado, porque nunca hubiéramos dudado de la lealtad de Hemingway a los valores humanos. No hubiéramos dudado de su lealtad a nuestro país, una lealtad probada durante muchos años. Ni de su lealtad como artista, su lealtad consigo mismo. Y nosotros lo seguiríamos apreciando igual. No hubiese cambiado en nada el aprecio que sentimos por su obra. Además, él era un hombre sumamente inteligente y su competencia como observador de la política internacional estaba ampliamente reconocida. Así que sus apreciaciones hubieran sido de una utilidad indudable.”

En la otra parte de la entrevista el líder cubano establece que los libros de Hemingway han sido siempre una buena compañía para él. Que debe haber leído Por quién doblan las campanas más de tres veces, además de conocer la película. “Puedo decirte que esa novela de Hemingway fue una de las obras que me ayudó a elaborar tácticas contra el ejército de Batista.” Dijo también que había hecho varias lecturas de Adiós a las armas y de El viejo y el mar. Señala que las cacerías de Hemingway por Africa –refiriéndose a sus cuentos y crónicas- las ha leído todas. Y también sus escritos de aventuras en el Caribe. Admite que Hemingway es su autor favorito y que le atrae por su realismo. Porque lo hace ver todo con suma limpieza y claridad. En la entrevista el líder cubano opina que El viejo y el mar es una obra maestra y agrega que lo que más le gusta de Hemingway son los monólogos. “No conozco ningún otro escritor capaz de lograr esto.”

En el Torneo de Pesca de la Marina Hemingway en 1960 Fidel Castro conquistó dos segundos lugares y el campeonato individual, trofeos que le fueron entregados por Hemingway, única ocasión en que estuvieron juntos. Las fotos que allí se tomaron fueron del célebre fotógrafo Alberto Díaz (Korda), cuyas fotos del Che Guevara le dieron la vuelta al mundo.

César Leante, un escritor cubano que militó en el viejo Partido Comunista y ocupó diversos cargos en el proceso revolucionario antes de pedir asilo en Madrid en 1981, es el autor de un libro titulado “Hemingway y la Revolución Cubana”. No conozco el libro pero el resumen del Editorial Pliego da una idea de su contenido: “El día 2 de junio de 1961, muy temprano, casi de madrugada, se escuchó en la finca Ketchum, Sun Valley, Estados Unidos, el disparo de una escopeta de caza de dos cañones. Sus municiones hicieron trizas una de las cabezas más geniales de la literatura universal. Se supone que apretó el gatillo, con los dedos del pie, Ernest Hemingway, quizá el más seductor de los narradores de este siglo, que hizo de su vida un mito. Entre los aspectos de ese mito está su relación con la revolución cubana, pues Hemingway tenía fijada su residencia en Cuba cuando ésta triunfó y por espacio de unos dos años convivió con ella, bien dentro del territorio cubano, bien fuera, pero siguiendo con atención los acontecimientos que sucedían en la Isla. Su vínculo con el régimen que instaura Fidel Castro en 1959, y con el propio Castro, es un terreno movedizo, inestable, pues “si bien no se recuerda una opinión suya de aprobación pública –a la revolución-, tampoco se conoce una de desacuerdo”. Este libro recorre su relación con la revolución cubana, así como, la aventura humana y literaria de Hemingway.”

En el 16to Coloquio Internacional Ernest Hemingway, que se celebró en el Hotel Ambos Mundos de La Habana Vieja y la Finca Vigía hace año y medio, en septiembre del 2017, la nuera del escritor, Valerie Hemingway, que fue su última secretaria, contó sus experiencias junto al Premio Nóbel de Literatura: “Conviví en Cuba con los Hemingway hasta finales de 1960, y recuerdo bien cómo fue presionado por el gobierno de su país para que abandonara la Isla. Durante esa etapa pasé a máquina el manuscrito final de París era una fiesta. A pesar de que viajó mucho, Hemingway escogió a Cuba como su hogar. Aquí encontró el lugar donde podía escribir con facilidad», enfatizó. “Su destino final quizá no hubiera sido tan trágico de haber permanecido aquí entre los pescadores de Cojímar y las personas humildes de los alrededores de Finca Vigía, en San Francisco de Paula, que era con quienes a él le gustaba estar” puntualizó, y más adelante recalcó: «Tener que salir de Cuba en 1960, tras el deterioro de los vínculos entre ambos países y la presión de las autoridades norteamericanas, lo entristeció hasta la depresión. Nos separamos definitivamente en Madrid, desde donde partí para Dublín y Hemingway hacia su casa en Ketchum, Estados Unidos».

Valerie Hemingway es actualmente Escritora Residente de Montana State University.