De fanáticos y políticos milagreros

altaltA fuerza del mal modelaje de los políticos y de la dejadez de los votantes sin capacidad de analizar y asumir un rol activo de protesta y cambio, vivimos en la sociedad del trastoque y la hipocresía; con abusos del rico contra el pobre, miraditas por encima del que menos tiene, doble vara a la hora de juzgar lo que debemos o no hacer por haber nacido con ovarios o con testículos; y, con religiosos fundamentalistas que quieren regresarnos al oscurantismo y provocar que los que no lo somos nos sintamos avergonzados de semejantes proyectos. Alguno de ellos ya ha pensado en creerse raza descendiente de las tribus perdidas de Israel. ¡Vive Dios: calle la tierra! Los escándalos de corrupción del pasado parecen ser cosa de niños. Lo bajo es que, la gente con poder gobierne junto a la indiferencia de los fanáticos que los apoyan. Esto es el mundo al revés. Ya no es malo, lo malo, lo corrupto, el nepotismo, la ignorancia, la inmadurez, la denigración de la mujer, los abusos y los atropellos físicos y emocionales. No. ¿Nada de eso es malo si el que lo hace tiene dinero e influencias mediáticas o religiosas para hacerse la inocente mariposa, adinerada, famosa o millonaria?

Parece que la historia quisiera repetirse para mal. Solo recordemos que, en los momentos de mayor poder de la iglesia, la que sea y donde sea, mayores han sido y son los actos de corrupción y de maldad. Entonces, algunas iglesias solo admiten a los de su clase los más blancos y adinerados o adinerados y amelcochados, como si Cristo hubiese sido o pertenecido a una clase social acomodada o alta en sus tiempos; pero claro que no, o es que ya se olvidaron donde fue que nació.

Estas personas, que tiran las piedras y esconden las manos y que suelen refugiarse por el qué dirán, y por los votos, en las iglesias, terminan convenciendo a la feligresía de algunas iglesias que sean sus donantes políticos a cambio de legislar la moralidad cristiana. Es que si Cristo hubiera nacido hace 32 años atrás, a los políticos, los hubiera expulsado de los templos. Un “quid pro quo”, jamás: al César lo del César. La moral cristiana, ni la atea, ni ninguna otra, se impone desde la política de un país. Lo que debe garantizar la ley es el derecho a la vida y a la búsqueda de la felicidad de todos los habitantes y lo que de estos derechos inalienables se desprende según el paso del tiempo.

Ante esta ola de buscones políticos o fundamentalistas inmisericordes, no queda más que repasar las consecuencias a gran escala: el distanciamiento de muchos feligreses que no mezclan la gimnasia con la magnesia, y el auge en los que siempre han menospreciado el legado de Cristo, no por sus obras escritas en los evangelios, sino por las de los hombres hambrientos de poder y riquezas como: Cirilo, la Santa Inquisición, las Cruzadas, la Conquista, etc., que manipulando a los creyentes, por su ignorancia, usan Su nombre en vano. Jesucristo, que previó lo que sucedería, dejó dicho para la posteridad: “Muchos me dirán en aquel día: `Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y, entonces, les declararé: Jamás los conocí; Apártense de mí, los que practican la maldad. [iniquidad, indiferencia, perversión, mentira, robo, ilegalidades y engaños financieros, malversación de fondos, asesinatos, homicidios, traición, sobre explotación de los recursos naturales y humanos, abusos físicos, sexuales, sicológicos, sociales, culturales y políticos, entre otros.]

No todos los seres humanos necesitan creer en el poder de un ser supremo, milagroso guía en nuestras vidas; pero los que sí, por favor, no se confundan con las doctrinas de los manipuladores adinerados, aunque sean capaces de echar fuera demonios, profetizar para su lucro e incluso hacer milagros en el nombre de Jesús. Él mismo nos advierte que parecen no ser estos, unos poderes exclusivos de Su divinidad. Las víboras humanas y sus crías también pueden hacerlo.