La catarsis [jurídica] de Carlos Díaz Olivo

altEl 14 de noviembre pasado tuve la oportunidad de asistir a un conversatorio en la Escuela de Leyes de la UPR en la que el Lcdo. Carlos Díaz Olivo expuso la confrontación que tuvo con algunos jueces del Tribunal Superior de Bayamón. En esa reunión el Lcdo. Díaz Olivo presentó los alegatos que presentó en torno a algunas irregularidades que estaban ocurriendo en el Tribunal de Bayamón. Algunos de los jueces indican que el comportamiento del Lcdo. Díaz Olivo no fue correcto y presentaron una querella ante el Tribunal Supremo por violación a tres cánones de ética de los abogados. El Tribunal Supremo le concedió la razón al Lcdo. Díaz Olivo con relación a los problemas en el Tribunal Superior de Bayamón y expresaron que se iban a corregir. Sin embargo, lo amonestaron por incumplir con el Canon 9 de los abogados. La actuación y la presentación del Lcdo. Díaz Olivo ante una audiencia de abogados y estudiantes de leyes, entre otros, fue en realidad una catarsis para el Lcdo. Díaz Olivo y los abogados presentes.

Catarsis se origina del griego khátharsis-- significa purificación. Es una purificación emocional, mental y espiritual. Como sinónimos se pueden utilizar las palabras liberación o limpieza. En la literatura catarsis tiene un efecto purificador que experimenta el espectador a través de una obra de arte. El concepto fue ideado por Aristóteles en las tragedias clásicas. Las tragedias griegas ofrecían al espectador una serie de emociones como la ira, el horror, la empatía o la angustia que permitían identificarse con los personajes y sus historias y esto a su vez producía la representación escénica en su interior.

Sigmund Freud en psicoanálisis toma el concepto de catarsis desde el punto de vista terapéutico. Durante la terapia se logra que el paciente saque a la superficie recuerdos o vivencias que habían sido reprimidos por estar asociadas a eventos traumáticos del pasado. Catarsis en medicina es la expulsión artificial o espontánea de substancias que son dañinas al organismo.

Los oradores que participaron en el conversatorio en la Escuela de Leyes de UPR tuvieron su catarsis; removieron de su mente y cuerpo los elementos que creían que les hacían daño a su organismo, pero nada ulterior a eso ocurrió ni ocurrirá, ya que más profundo que eso está el temor que le tienen los abogados a los jueces del sistema legal del país.

Lo que ocurrió ese día se parece al teatro Kabuki-- una forma de teatro japonés que comenzó en el Siglo 17. Kabuki significa: ka, cantar; bu, bailar y ki, habilidad. Se conoce como el arte de cantar y bailar. En la política norteamericana el teatro Kubuki tiene otras connotaciones; se interpreta no como la habilidad para bailar sino como la habilidad para esquivar, desviar las preguntas en los procesos de confirmación de los jueces del Tribunal Supremo. Si son conservadores, tratan de aparentar que son liberales y viceversa. Los candidatos a juez del Tribunal Supremo son muy hábiles en sus contestaciones para confundir a los miembros del partido de oposición. En ocasiones, son nombrados en votaciones cerradas como 48 senadores en contra y 52 a favor. Aunque no logran engañar a los senadores del partido opuesto, cuando comienzan en el estrado se comportan como se sospechaba que era su tendencia—conservador o liberal. En Puerto Rico, los candidatos a juez son populares o estadistas, nunca independentistas o librepensadores.

La catarsis de los abogados durante el conversatorio, no puede desplazar el hecho más profundo del miedo a los jueces; nadie se debe llamar a engaño pretendiendo utilizar el teatro Kubuki para ocultar el miedo que profesan los abogados a los jueces. No se deben utilizar las habilidades teatrales para ocultar el terror de los abogados hacia los jueces. Los abogados le temen a represalias en casos futuros de los jueces; si eso es así significa que los abogados creen que los jueces pueden decidir algunos casos por discrimen, prejuicio o para castigar el acusado, en lugar de la justicia. Si eso es así deben dejar de trabajar en los tribunales y dedicarse a la notaría o a cerrar hipotecas o entregar su licencia ante el Tribunal Supremo.

Los abogados y exjueces cuando se les plantea una decisión que se considera injusta o equivocada lo que contestan, es que la justicia no existe, que solo existe la justicia celestial; pero para eso hay que morirse primero. Los abogados han demostrado ser la profesión más dócil o pasiva que existe, ningún abogado o grupo de abogados se ha atrevido a retar un sistema judicial que es arcaico, retrógrado y obsoleto. Se conforman con seguir laborado en la adversidad, pues le temen al castigo que los jueces les imponen si siquiera difieren de sus decisiones aunque estén totalmente equivocadas y que no puedan ser corroboradas de ninguna manera.

Aunque la profesión legal es adversarial, y a los abogados se les educa para defender las dos versiones de una decisión, siempre habrá un abogado ganador y uno perdedor. Por tanto, los abogados no toman decisiones finales. Las decisiones finales las toman los jueces y los abogados sólo tienen la opción de apelar, pero esa opción termina cuando el caso llega al Tribunal Supremo. Aunque en teoría, y de acuerdo a la jurisprudencia norteamericana, si no existe la opción de apelación, los jueces pierden su inmunidad judicial. Y como los abogados veneran y le temen a los jueces, no se atreven retar esa inmunidad judicial.

Es importante señalar que los adelantos los producen los que están descontentos con el funcionamiento de los sistemas y deciden retar los dogmas que por muchos años se han instaurado en las profesiones. Los cirujanos, como profesionales, son los que más frecuentemente retan los dogmas--así se logra el progreso. Y los cambios los logran los individuos como personas pensantes, individuales, no por un comité o grupo de trabajo.

Del conversatorio del 14 de noviembre en la Escuela de Leyes, aparte de la catarsis, no ocurrirá nada más, pues los abogados le siguen temiendo a los jueces y a sus castigos. Ningún abogado se atreve retar el dogma de la inmunidad absoluta e impunidad de los jueces. El miedo nace desde la escuela de leyes y es impartido por los abogados-profesores. Es natural que los abogados que aspiran a ser jueces deseen tener inmunidad e impunidad en sus decisiones aunque estas sean asbsurdas, aberrantes o no corroborables bajo ningunas circunstancias o evidencias. Pero eventualmente llegarán a ocurrir cambios al sistema judicial; los jóvenes a través de las asambleas de pueblo originarán esos cambios.