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La historia está pariendo un nuevo Puerto Rico

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altLos puertorriqueños que nacimos hace más de medio siglo recordamos los relatos de nuestros abuelos y abuelas cuando relacionaban sus vidas con eventos trascendentales de la historia de Puerto Rico. La llegada de los americanos en 1898, el devastador huracán San Ciriaco un año después en 1899, el terremoto y maremoto de San Fermín del 1918, el paso del huracán San Felipe que arrasó la isla en septiembre de 1928 y la Masacre de Ponce en 1937 fueron acontecimientos tanto políticos como medioambientales que sellaron la memoria histórica de aquellas generaciones que nos precedieron.

Desde tiempos ancestrales los pueblos caribeños utilizan los grandes sucesos naturales como marcadores de tiempo en su devenir histórico. Los puertorriqueños no somos la excepción. Acontecimientos de la naturaleza como lo son los terribles huracanes y terremotos, las grandes sequías, así como las impresionantes erupciones volcánicas en algunas de las Antillas Menores, por lo general desatan y agudizan profundos procesos económicos, sociales y hasta políticos que impactan la vida de todo un país. Incluso dejan huellas imborrables en la literatura, el arte, la música, el folclore y demás manifestaciones de la cultura. Por eso siempre los vinculamos con nuestras vidas individuales y también colectivas.

Estamos viviendo en este momento una situación muy similar a las primeras décadas del siglo pasado. En un relativo breve periodo de tiempo nuestro pueblo se ha enfrentado a una serie de fuertes golpes. Algunos han sido exclusivamente de origen local y otros provenientes del exterior, principalmente de los Estados Unidos. Muy importante en estos tiempos aquellos azotes generados por las fuerzas de la naturaleza y la geografía caribeña. Veamos los que a mi juicio son los principales.

No hay duda alguna que el huracán María agudizó en nuestro país una profunda y recurrente crisis fiscal que aceleró una emigración sin precedentes, alterando quizás para siempre nuestra demografía. El coraje reprimido contra un gobierno inexperto e insensible durante la crisis de María fue el combustible que encendió el levantamiento de pueblo que logró la renuncia del pasado gobernador.

También la presencia de una Junta de Control Fiscal dictatorial impuesta por el gobierno norteamericano ha alterado dramáticamente las relaciones entre Puerto Rico y los Estados Unidos. Se le suma a estos factores la terrible corrupción local y federal y el maltrato racista y burlón del perverso e insensible presidente Donald Trump. Entonces como si no fuera suficiente nos cae encima la progresiva tragedia de una cadena de terremotos que no parece tener fin y cuyas consecuencias en nuestra vida de pueblo es algo que al momento no alcalizamos a ver.

Ante estos eventos que en ocasiones parecen catastróficos nuestro pueblo se ha enfrentado con una diversidad de estrategias. Sobresale en todas ellas como elemento unitario la fuerza de la identidad y de sus símbolos culturales más preciados como lo es nuestra bandera monoestrellada. Desde el primer día luego del paso de María la bandera con todas las tonalidades de azul, fue enarbolada en campos y ciudades como símbolo de lucha y esperanza ante la adversidad. También la bandera unió al país durante las protestas contra el gobierno de Ricardo Rosselló. Y ya se comienzan a ver nuevamente en las calles y en las casas por todo Puerto Rico.

Es evidente además el creciente desarrollo de una conciencia solidaria entre sectores comunitarios en el país. De una manera espontánea y orgánica, para utilizar un nuevo concepto social, se han construido novedosas alianzas y frentes de lucha. En la dinámica de la política doméstica tanto el bipartidismo como la fe ciega en las podridas instituciones oficiales se van agrietando rápidamente. Ya no es posible sostener por mucho más tiempo el velo de las desiguales relaciones coloniales entre Puerto Rico y los Estados Unidos.

No me cabe duda alguna que los puertorriqueños estamos frente a un nuevo e insospechado escenario del cual no hay forma de volver atrás. En la historia del siglo 21 habrá para siempre un antes y un después de María, de la destitución patriótica de un gobernante incompetente y abusador y de los terremotos de los Reyes Magos. Las presentes generaciones serán testigos y también protagonistas de un país que está tratando de nacer en medio de una crisis que parece interminable. Tenemos que entender que con mucho dolor pero con gran esperanza en el futuro la Historia está pariendo un nuevo Puerto Rico.