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Entrevista a Olmedo Beluche en torno al Proceso Bolivariano

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altOlmedo Beluche es sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá y dirigente de la organización política popular Polo Ciudadano. Fue miembro fundador del Partido Socialista de los Trabajadores y de la Liga Internacional de los Trabajadores en los años 80. Firmó la Declaración Conjunta: Luchas y otras organizaciones y personalidades se pronuncian: Por una salida democrática, revolucionaria y socialista a la crisis venezolana.

1.- Llevamos más de 80 días con los focos de violencia en las calles de algunos estados de Venezuela, la derecha no quiere diálogo ni paz ni Constituyente ¿Cómo visualizas este panorama desde Panamá?

Creo que la mejor metáfora que se aplica a la actual situación de Venezuela es la del depredador que tiene hambre y advierte una debilidad en su presa. El depredador es el imperialismo yanqui y la burguesía venezolana y sus hermanas del continente. La presa es el pueblo venezolano y el Proceso Bolivariano.

Esta situación es uno de los productos más radicales de la crisis capitalista mundial, la cual se sigue profundizando y ha decidido liquidar los 10 ó 15 años anteriores en que los buenos precios de las materias primas permitieron financiar programas sociales a los llamados “gobiernos progresistas” y otros no tan progresistas. Ante la crisis los capitales nacionales y extranjeros reclaman aumentar su parte del saqueo de los recursos de nuestros países, con nuevas medidas neoliberales y achicando los presupuestos sociales de las llamadas misiones. Para controlar esas rentas promueven gobiernos de derecha, fieles ejecutores esas políticas.

En algunos lugares la ofensiva toma un carácter electoral, como en Argentina, en otros se propician golpes de estado parlamentarios, como en Brasil, Paraguay y Honduras. En Venezuela, dada la profundidad que alcanzó el Proceso Bolivariano encabezado por Hugo Chávez, no han podido de otra manera que ejecutando una especie de guerra civil de baja intensidad que desgaste al gobierno de Nicolás Maduro hasta que finalmente caiga de una manera u otra.

Por eso la Mesa de Unidad Democrática y sus aliados no se avienen a ningún tipo de acuerdo institucional, porque su objetivo es el golpe de estado y la liquidación completa de las conquistas bolivarianas. Me recuerda mucho la situación panameña los dos años anteriores a la invasión norteamericana de 1989.

2.- La inflación y la crisis económica sigue ¿Qué crees que debemos implementar para estabilizar la situación?

No se puede obviar la responsabilidad del gobierno de Nicolás Maduro en la profundización de la crisis porque sostiene una política económica de corte capitalista que alimenta a sus enemigos. El corazón del gran capital venezolano no ha sido tocado. La banca no ha sido nacionalizada, ni tampoco el comercio exterior. Por el contrario, el gobierno de Maduro ha dado y sigue dando miles de millones de dólares “baratos” a comerciantes importadores que los usan para especular en el mercado negro de divisas, fugar divisas, acaparar productos, desabastecer y sabotear la economía.

Se ha denunciado la fuga de miles de millones de dólares de Venezuela, por la burguesía opositora y la llamada boliburguesía, “amiga” del gobierno. Yo sé dónde pueden encontrar gran parte de ese dinero: en Panamá. Está invertido en lo más caro de la industria inmobiliaria panameña, en la que barrios exclusivos enteros, como Costa del Este, están casi completamente en manos de capitales venezolanos. Pregúntenle a Banesco, sus gerentes saben.

Lejos de romper con este esquema, el gobierno de Maduro también ha tomado medidas contraproducentes, como el pago puntual de miles de millones de dólares de la deuda externa, en un momento de desabastecimiento crítico de la población. Además de la controversial ley de privatización del llamado Arco Minero del Orinoco.

Mientras siga la sangría de divisas de la renta petrolera, mientras se permita la especulación con el cambio de dólares, mientras no se nacionalice el comercio exterior y la banca, seguirá la agonía del pueblo venezolano, hasta que en algún momento finalmente colapse el gobierno.

3.- Crees que la Constituyente pueda resolver toda esta situación ¿Qué propones?

La Asamblea Constituyente en ningún lado es un bálsamo milagroso. Todo depende de la situación concreta de la lucha de clases. Pero en las actuales circunstancias de Venezuela, en que el pueblo y la clase trabajadora están atenazadas entre la ofensiva reaccionaria de la oposición y la incapacidad del gobierno de Maduro de adoptar medidas realmente revolucionarias, es una forma de tratar de activar la movilización independiente de los trabajadores, que la clase obrera juegue un papel político y que no sea mera espectadora de los acontecimientos.

La crisis actual al final se va a resolver de una de dos maneras: o triunfa el golpe reaccionario que Estados Unidos y la MUD promueven, o una movilización independiente de la clase trabajadora remece la situación y vuelve a activar el proceso revolucionario antiimperialista que se ha estancado desde la muerte de Chávez. La Asamblea Constituyente es una fórmula que permite intentar, al menos, una salida por el lado progresivo.

La mayor crítica que le hago a los sectores de izquierda o trotskistas que se oponen a la Constituyente es que no proponen nada alterno a lo que dice la burguesía opositora: la salida de Maduro y elecciones ya. Eso es hacerle seguidismo a una propuesta reaccionaria y colaborar en la desmovilización de los trabajadores.

4.- Desde el exterior se siente poco apoyo de los grupos revolucionarios con Venezuela ¿Coincides con esta apreciación?

Lamentablemente así es. Esto es producto de dos circunstancias a mi manera de ver: la principal, que no se aprecia al gobierno de Maduro movilizando a las bases populares como hacía Chávez, con lo cual se crea la duda de si aún mantiene algún respaldo en su pueblo. Salvo la gran movilización (creo que del 19 de abril pasado), no ha habido de parte del gobierno bolivariano ninguna apelación a la movilización de masas. Eso parece desde afuera.

Por otro lado, me parece que hay una involución en muchas organizaciones llamadas de izquierda o socialistas que han perdido las referencias del método marxista cuya médula es el análisis de clases de las coyunturas concretas.

Hay una fetichización de valores “democráticos” abstractos, sin darles el “apellido de clase” (como decía Lenin), que en la práctica los lleva a capitular al liberalismo. Es una especie de socialdemocratización general, combinada con alto grado de sectarismo mesiánico, aunque parezca contradictorio. Algunos de éstos ni siquiera quieren admitir que en Brasil hubo un golpe de estado contra Dilma Rousseff.

5.- Si te pidieran una opinión de que medidas tomar para superar toda esta situación económica y política ¿qué sugerirías?

Sólo la movilización revolucionaria y permanente de la clase trabajadora, combinada con un gobierno que tome verdaderas medidas socialistas (empezando con la nacionalización de la banca y comercio exterior) podrá derrotar la ofensiva de la derecha proimperialista, y revitalizar el Proceso Bolivariano.

El gobierno de Maduro parece sufrir de los mismos males que afectaron a Salvador Allende, y a otros gobiernos reformistas que terminaron mal: un pavor a tomar medidas revolucionaras y socialistas de ruptura con la burguesía.

Lamentablemente la experiencia histórica demuestra que, en momentos de crisis aguda, el reformismo y la incapacidad de romper las ataduras con los capitalistas, terminan produciendo cruentas derrotas. La historia del siglo XX de América Latina está llena de derrotas de procesos nacionalistas y populistas por parte del imperialismo yanqui y las burguesías cipayas.

Sólo un proceso revolucionario ha sobrevivido hasta hoy, la Revolución Cubana, porque combinó las medidas democráticas con medidas realmente socialistas. Porque siguió la máxima del Che Guevara: “O revolución socialista, o caricatura de revolución”.

6. ¿Por qué importantes sectores del trotskismo parecen tener una política errada ante la crisis venezolana?

En el caso del trotskismo morenista, del que provengo, parece que se ha impuesto una especie de pensamiento escolástico por el cual, en vez de hacer como sugería Lenin “análisis concreto de la realidad concreta”, se trata de encajar la realidad en una serie de conceptos legados por Nahuel Moreno, cuya validez debería ser analizada críticamente.

Tres de esos conceptos que me parece han erigido en totems o ídolos sagrados son: la “hora del trotskismo”, el “frente contrarrevolucionario mundial” y una mala lectura de la “teoría de los campos”.

a. Por el primero, Moreno sostenía que la crisis de los regímenes stalinistas como el de la URSS sería seguida de la “hora del trotskismo”, pues ante la bancarrota de la burocracia la gente buscaría su alternativa en la corriente revolucionaria que siempre la combatió. Esto esto no sucedió en los años 90, por el contrario, hubo un vuelco a la derecha que permitió la restauración capitalista. En este momento me parece que algunos creen que el mal llamado “fin de ciclo de los gobiernos progresistas” traerá la “hora del trotskismo” revolucionario, pero al igual que antes en la URSS lo que hay es un vuelco a la derecha.

b. El concepto del frente contrarrevolucionario mundial pretende que, salvo el trotskismo revolucionario, o sea ellos, todos los demás partidos trabajan por la continuidad del régimen capitalista por ende actúan de común acuerdo y hay que combatirlos a muerte. Esta lógica absurda, que no admite que hay contradicciones reales entre diversos sectores de la burguesía, y entre estados imperialistas y estados dependientes, es causa de la mayoría de los absurdos de la política sectaria.

Esto llevó a los dirigentes argentinos de la LIT a editorializar en diciembre de 1989 que no podía haber invasión norteamericana a Panamá. Cuando la revista llegó, en enero o febrero de 1990, en Panamá tuvimos que arrancarle el editorial para no botarla. En otro momento anterior, se indujo a un compañero a escribir que la CIA no podía haber asesinado a Omar Torrijos porque este era un estadista burgués.

Ahora con esta lógica absurda se sostiene que el gobierno de Hugo Chávez, primero, y el de Nicolás Maduro, luego son gobiernos burgueses, por ende, no hay contradicciones de fondo con el imperialismo ni la MUD, por eso no se hacen diferencias.

En realidad, el frente contrarrevolucionario mundial no existe en ningún lado y es uno de los mayores errores teóricos de Moreno. En la realidad no existe un frente monolítico, si así fuera no habría espacio para una política revolucionaria. Lo que hay es una realidad cada vez más contradictoria, en la que luchan las clases, las fracciones de clases, los partidos y los grupos de interés. En la medida que la crisis se agudiza crecen esas contradicciones y la lucha a ver quién se impone y sobre esas contradicciones es que la clase obrera debe construir su proyecto.

c. Sobre la “teoría de los campos”, es correcto combatir la ilusión reformista de que en la lucha de clases solo existen dos campos: el progresista y el reaccionario. Los reformistas pretenden así justificar su política de alianza de clases con fracciones de la burguesía.

Lenin y Trotski combatieron la colaboración de clases y siempre defendieron la independencia política de la clase obrera en lucha por su objetivo final la toma del poder y la revolución socialista. Por eso Lenin, en las Tesis de Abril rechazó el apoyo al gobierno reformista de los socialrevolucionarios encabezados por Kerensky.

Lo que es un error actual de algunos es pretender ignorar que, cuando la lucha escala hasta la guerra civil sí se forman dos trincheras o campos. En uno está el proyecto de la reacción para aplastar a la clase obrera y las libertades y en el otro, dirigido por reformistas inconsecuentes, está el sector de la clase obrera que lucha por avanzar a la revolución.

En esos casos, sin renunciar a la independencia política, ni a la crítica de la dirección reformista, ni crear falsas ilusiones en ella, la dirección revolucionaria lucha militarmente junto a la clase obrera dirigida por los reformistas contra el campo reaccionario. Porque si este último vence la derrota será para todos no solo para los dirigentes reformistas.

Así actuaron Lenin y Trotski durante el intento de golpe del general Kornilov contra el gobierno reformista de Kerensky en 1917; así se actuó durante la guerra civil española de 1936-39; ese criterio lo uso el propio Nahuel Moreno en la Revolución Nicaragüense colocando la Brigada Simón Bolívar bajo el mando militar el FSLN.