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Hacia una convivencia más apropiada

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altEl 6 de agosto de 1985, repartí entre mis estudiantes de la Escuela Germán Rieckehoff de Vieques, una nota sobre el bombardeo atómico que realizó la fuerza militar estadounidense en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Como complemento al texto y el diálogo en el salón, todos los años para ese día colocaba en la biblioteca escolar una mini exhibición fotográfica de la horrenda destrucción y las consecuencias de las armas radioactivas en los seres humanos. El texto de la hoja decía, en parte:

“El 6 de agosto de 1945 nuestro planeta y la humanidad sintieron los efectos de la primera explosión atómica, ocurrida en la ciudad japonesa de Hiroshima(..)que causó la muerte de más de 130,000 personas y la destrucción de más de 76,000 edificios. Tres días más tarde, el 9 de agosto de 1945, el gobierno de los Estados Unidos decidió lanzar una segunda bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki, matando así a más de 70,000 personas con una sola bomba. La contaminación radioactiva producida por estas dos bombas atómicas sigue afectando al pueblo japonés hasta el día de hoy.”

No podía saber que a finales de la década siguiente, en 1999, la Marina finalmente admitiera públicamente sobre el uso de armas radioactivas en Vieques. Luego de varios años denunciando el uso de proyectiles con uranio en las maniobras de la Marina en Vieques, y poco después de la muerte de David Sanes el 19 de abril de ese año, la Marina respondió a una petición de la Ley de Libertad de Información sobre este tema. Decía el comunicado de la Marina, que un piloto equivocadamente cargó los proyectiles de uranio en el jet equivocado y por error se lanzaron en Vieques. El documento militar sugiere que el piloto se dio cuenta del error luego de lanzar una cantidad mínima de los proyectiles radioactivos. Ni siquiera ellos creerán ese cuento!

Tampoco sabía en los años ochenta, que en el próximo decenio y los primeros años del siglo XXI, Vieques, junto al resto de la nación puertorriqueña, libraría una batalla campal por finalizar con la presencia y las actividades bélicas en la Isla Nena. Y fue precisamente el tema de las horrendas consecuencias de los tóxicos militares en la salud de los viequenses – como en los hombres y las mujeres de Hiroshima, Nagasaki, Iraq, Vietnam, los Balcanes y tantos otros escenarios de guerra en esta centuria – que indignó e inspiró las acciones heroicas de pescadores, amas de casa, niños, estudiantes, obreros, cantautores y artistas plásticos, veteranos, religiosos y sindicalistas y tantos otros que vencieron, sin tirar un solo tiro, la fuerza militar más poderosa de la historia.

No había manera de saber en 1985, que entre 1999 y 2003, viequenses compartirían luchas y solidaridad con activistas de Hiroshima, Nagasaki, Okinawa, Hawaii, Filipinas, Islas Marshall, Corea, Guam y gente de todas partes del planeta. Sobrevivientes del bombardeo atómico en Japón, testigos de las pruebas nucleares en las Islas Marshall y otras luchadoras del pacífico, han estado en Vieques en varias ocasiones en los EPA pasados 15 años, tanto en apoyo a la lucha como en esta etapa pos-bombardeo. Grupos de mujeres del pacífico han contado en Vieques los crímenes militares cometidos en sus países. Y son muchas las mujeres y algunos hombres de Vieques que han viajado a los países asiáticos para compartir historias, estrategias y esperanzas por un mundo mejor.

Vieques está particularmente unido a Hiroshima y Nagasaki por una historia de adversidades, luchas y resistencia y el deseo de usar esa historia para forjar un mundo más amoroso. Desde puntos separados por una inmensa geografía, Vieques se abraza en un momento solidario con los pueblos del pacífico que hoy recuerdan la barbarie del militarismo y celebran la capacidad humana de sanar y crecer espiritualmente en busca de una convivencia más apropiada.