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Por un Congreso Anticolonial

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Somos una nación. Un huracán de eventos la han conformado por siglos.

Cuando Bolívar narraba en 1815 en la Carta de Jamaica la hecatombe de las primeras naciones hispanoamericanas, abonadas con las muertes de cerca de 2 millones de humanos de los 16 millones que las conformaban, desde Méjico a la Patagonia, y elaboraba sus planes para la reconquista de los independientes y la unión de sus naciones, Puerto Rico y Cuba no eran parte del torrente Independentista liberal poderoso que conmocionaba el Nuevo Mundo, pero esos aires llegaban a las Antillas.

Vientos que cuajaron en Lares y Yara en 1868 cuando ya los demás países libres del continente lidiaban con los retos de sus gobiernos, lideratos y oligarquías.

Y José Martí en 1891, con poesía más que prosa, continuaba el proyecto bolivariano en su ensayo Nuestra América para un programa de unidad panamericanista y la Independencia de Cuba y Puerto Rico, frente al gigante imperialista norteamericano de las "Siete Leguas". Fruto de la larga guerra mambisa Estados Unidos no se pudo tragar a Cuba por completo luego de la Guerra del 98, pero sí le impuso un bochornoso protectorado neocolonial con la Enmienda Platt, el robo del territorio de Guantánamo y el derecho de intervenir militarmente a su gusto y conveniencia, hasta que en 1959 todo cambió y Cuba logró con su Revolución anti dictadura y antiimperialista su plena independencia.

Puerto Rico marchó a otro ritmo. Fue invadido y hasta el día de hoy, es víctima de una aberración colonialista. Grandes patriotas hemos tenido, que dieron todas sus energías y luchas de tal altura que en la era de Don Pedro Albizu Campos de la década de los 30 la nación puertorriqueña era mayoritaria y fervorosamente Independentista. Tanto el Partido Liberal, el Partido Popular Democrático, bajo la influencia moral y política que irradiaba el Partido Nacionalista, defendían la independencia nacional en su plataforma. Hasta que comenzó la provocación, persecución, asesinatos y encarcelamiento del nacionalismo por el imperialismo yanqui. Y los Estados Unidos domesticaron un sector generacional cobarde liderado por un traidor de nombre Luis Muñoz Marín.

Ya en la década del 40 del siglo 20 Muñoz Marín, dio un giro a la derecha y expulsó al independentismo de las filas del PPD. De ahí que primero tuviera lugar el Primer Congreso Pro Independencia en 1943. Y con la incompatibilidad posterior decretada por Muñoz entre independentismo y popularismo fue fundado el glorioso Partido Independentista Puertorriqueño en 1946. Desde entonces invariablemente ha sido defensor de la independencia nacional, optando como uno de sus métodos primarios, más no el único, la participación electoral.

En el 1952 se consumó un fraude vestido de verdad con el ELA. El nacionalismo heróico, asesinado, diezmado, encarcelado y perseguido, sacó fuerzas sublimes del heroísmo y lo denunció con el medio de las armas. El Partido Independentista boicoteó el llamado proceso constituyente y en las elecciones fue el segundo partido con el 25% del electorado. A la cola marchaba el asimilismo.

Desde entonces el anexionismo subió como la espuma, el popularismo entró en una crisis histórica al vivir de una fantasía fraudulenta y el patriotismo comenzó una larga jornada bajo las más difíciles condiciones de la criminalización, carpeteo, persecución, asesinatos políticos, medidas anti crisis de sobornos y patronazgo a la población, para continuar la antorcha originaria de la independencia que fluía desde Simón Bolívar, Ramón Emeterio Betances, Rosendo Matienzo Cintrón, José De Diego, Pedro Albizu Campos. Y nuestro patriotismo continuó, en esas otras condiciones, ensayando todos los medios de lucha, con los énfasis en que cada agrupación creía, bajo los lideratos de Gilberto Concepción de Gracia, Juan Antonio Corretjer, Juan Mari Bras, Filiberto Ojeda Ríos y Rubén Berríos Martínez, hasta nuestros días.

Más hoy el imperio norteamericano, vía sus tres ramas de gobierno le dijo a los seguidores del engaño encarnados en el Partido Popular, que el ELA fue y es un fraude, que nunca hubo un pacto, ni delegación de soberanía, que a Puerto Rico se le rige como vil colonia bajo la cláusula territorial del Gobierno Federal. Y para remachar, el gobierno federal aprobó la ley PROMESA el 30 de junio del año corriente para someter a una inmunda sindicatura al ELA para que una Junta de Siete Cónsules federales gobierne, se apropie de los recaudos para pagar a los acreedores la deuda pública odiosa colonial y así evadir la responsabilidad sobre la misma que corresponde en moral y derecho a la potencia colonial.

Somos una nación todavía. Balcanizada, segregada, lumpenizada, sometida a los vicios del crimen y el narcotráfico, y discriminada, con 3.5 millones de isleños y 5 millones de boricuas en la diáspora. 8.5 millones de almas a quienes hace 99 años le impusieron la ciudadanía americana, 95% de los cuales han deseado mantener relaciones con el maltratante.

Es hora de romper ilusiones y quimeras.

Hace falta una juventud que sea culta, que aspire con audacia a tomar las riendas de un proceso descolonizador, en alianza respetuosa con los mayores, desdeñando la práctica cultural yanqui de abandonar y arrinconar en asilos y olvido a los más viejos.

Es tiempo de grandes cambios porque son tiempos de grandes crisis. Es época de nuevos enfoques que logren aglutinar una nueva mayoría nacional, unidos como un todo, invencibles, los isleños y la diáspora. Unidos somos una poderosa nación de 8.5 millones de boricuas.

Es tiempo de rechazar la hispanofilia y nacionalismos rancios de una vez y por todas. Y comprender que somos una nación bilingüe. Unos isleños que pensamos como boricuas en español y unos diaspóricos que pensamos como boricuas en inglés. La nación puertorriqueña es distinta, ha cambiado, no es igual a la nación del 1898, ni la del 1930, ni la del 1950. Es la nación del presente. Reconozcamos los errores, seamos honestos, comencemos por conferir el derecho al voto a nuestra diáspora en los eventos nacionales de Puerto Rico.

Y me dirijo al líder histórico del patriotismo de hoy, al amigo Rubén Berríos Martínez. Y le pido que convoque a los estadistas que rechazan la colonia, a los soberanistas que rechazan la colonia, a todos los istas menos los inmobilistas coloniales, que se reúna con su liderato, y convoque al Primer Congreso Anticolonial de Puerto Rico, de la isla y la diáspora, con un sólo punto en la agenda. Vamos a reclamar la celebración de una Asamblea Constitucional de Estatus. Pero una Asamblea Constitucional de Estatus solvente y que sea atractiva a la mayoría electoral estadoista.

Hay que enmendar el proyecto de ley que pende en la legislatura para ese fin. ¿Cómo es posible que se asigne un millón de dólares para sufragar los gastos del órgano vital de la nación? Cuando se han despilfarrado miles de millones en trenes, tarjetas de salud, corrupción y hasta en la Donahue. Tiene que ser una Asamblea Constitucional sovente.

¿Cómo es posible que se le ponga término? No puede tener término, para que negocie de tú a tú con los representantes de la nación norteamericana.

Y hay que reconocer las fuerzas mayoritarias que creen en la descolonización. Si los estadoistas son más del 50% del electorado, ellos deben tener unas garantías preferentes. Es cuestión de poder electoral y fuerza. Debe enmendarse el proyecto para que en la primera votación de los delegados, la corriente política que obtenga la mayoría de los votos, tenga el derecho de negociar sin obstáculos por las otras corrientes, y con su cooperación, durante un término de caducidad de 5 años, la opción de estatus que representa la fórmula que obtuvo la mayoría. Pero al cabo de ese término, si no se le ha conferido la estadidad a Puerto Rico, entonces negociemos y luchemos por la plena soberanía con todas las medidas de transición que sean necesarias.

Un Congreso Anti Colonial, previo a las elecciones de noviembre, con millares de boricuas de todas las tendencias anticoloniales, que viajen de todos los pueblos y desde la diáspora.

Lanzo esta petición al patriota y amigo Rubén Berríos Martínez y al pueblo en general.