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La Cucarachita Martina, el Ratoncito Pérez y lecciones de mujer

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En general detesto las cucarachas y los ratones. Los asocio con suciedad, bajedad y con gentes desconfiables. Digo en general, porque hay cucarachas y hay cucarachas. Y hay ratones y hay ratones.

Esta semana de la mujer han sido muchas las marchas y los homenajes a mujeres boricuas destacadas por ese “granito de arena” que aportaron. Granito de arena que convirtieron en dunas. Una de esas mujeres lo fue Pura Belpré. Ella fue la primera mujer puertorriqueña bibliotecaria en el sistema de Librerías Públicas de Nueva York.

Pura, nació el 2 de febrero de 1899, en Cidra. Estudió como muchos en la Central en Santurce. Comenzó estudios universitarios en la UPR, para dedicarse al magisterio. Pero en esas vueltas del destino, viajó a Nueva York a la boda de su hermana. Allí decidió quedarse. Fue contratada por una librería pública en un esfuerzo por ayudar mujeres de diversos trasfondos étnicos. Ese entorno, y el reconocer que la comunidad de puertorriqueños, dominicanos y otros latinos que se reubicaban en Nueva York, necesitaban tener acceso a las librerías, la impulsó a convertirse en una activista. Pura Belpré comenzó un programa exitoso de leer cuentos en inglés y español por todo el Bronx. En las librerías de Nueva York no habían cuentos infantiles en español, asi que Pura empezó a escribirlos.

Uno de esos cuentos infantiles, que formó parte de mi folclor y me hizo querer a estas dos especies detestables, fue el consabido matrimonio entre la cucarachita Martina y el ratoncito Pérez. Dándole otra lectura pienso que este cuento trata del tema de la mujer, de su rol tradicional, de matrimonio inter-racial, del derecho a escoger y mandar para lejos a quien quiera que te asuste.

Martina, la cucarachita era muy bonita de ojos negros y piel morena. Ella vivía en el campo y era muy buen ama de casa. Barriendo se encuentra una moneda que usa para comprarse una caja de polvo con el cual se maquilla para ser más atractiva. Los hombres sabían que si la conquistaban, comerían bien calientito y tendrán sus casas al día. Poco sabían que Martina no se iba con cualquiera. Estando ella sentada en su balcón comienza el “pasemisin” de macharranes hostigándola con piropos y reclamándola para ellos.

Martina, más lista que las mujeres de O’neil el infame alcalde de Guaynabo, a todos pregunta ¿qué haces por la noche? Sí, porque saber si ronca o no ronca, si es un andariego, o un workaholic nocturno era determinante para Martnia. Así se zafa del gato, perro, gallo, chivo, sapo, cerdito y cocuyo. Alguno de estos infortunados, en despecho habrá dicho que Martina “era tremenda” por la fila de hombres esperándola. Sabemos que al final, la cucarachita Martina escoge al ratoncito Pérez. Ese ratoncito que vestía bien planchaito y por las noches era calladito. Pero como lo bueno dura poco, el ratoncito era goloso y cayó dentro de la sopa hirviente que cocinaba Martina.

Ajá, y en esta semana de la mujer, ¿qué lecciones podemos aprender de la cucarachita Martina? Bueno pues yo digo que las tareas del hogar compartidas saben mejor; que no hay que empolvarse para ser bella; que se debe respetar las relaciones multi-raciales; que las mujeres tenemos el derecho de escoger la relación que queremos y rechazar la que no queremos; que no tenemos que tolerar el hostigamiento; y que si pensaste que escogiste un ratoncito y te salió una rata dile “vayase lejos de aquí”, ponle la tapa a la olla y asegurala con una argolla.