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Después del hostión, vuelve el perro arrepentido

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El domingo 11 de junio, fue el tan esperado y venerado día del mal llamado “plebiscito para la descolonización inmediata”, impulsado por el Gobernador Ricardo Roselló y sus secuaces. Es un día donde se consagra un hostión mayúsculo para la estadidad.

Tendría treinta años cuando escuché por primera vez la palabra “hostión”. Estábamos haciendo barbacoa en Santurce, en casa de unas amistades, cuando llegó el sobrino español del anfitrión con la cara más blanca que un papel y gritando despavorido “hostión, hostión, hostión”. Corrimos para ver qué pasaba y nos enteramos que él y otro de los jóvenes, al doblar de la esquina habían sufrido un tremendo golpe en un choque de carros.

Los españoles, nuestros primeros colonos, en su hablar cotidiano son muy coloridos. Usan expresiones que para nosotros los boricuas podrían ser insultos, blasfemias o malas palabras. Una de ellas es la expresión de “hostión” para referirse a alguien que recibe una buena golpiza o una pela como decimos los boricuas.

Hoy los estadistas van a recibir una golpiza con este plebiscito, un hostión mayúsculo. Este es un plebiscito bastardo. Es solo hijo de Ricardo Roselló y los estadistas. Estados Unidos no le reconoce legitimidad. A eso se suma el boicot de los otros dos partidos mayores y de muchos sectores de la ciudadanía que están descontentos no solo con el estado del país, sino con el gobierno mismo y sus legisladores. Estos sabiendo que estamos en quiebra, se lo pasan por el forro y siguen exprimiendo al pueblo e incurriendo en gastos desmedidos - incluyendo el gasto de millones para este mal llamado plebiscito.

Resulta irrisorio que se piense que con este plebiscito nos van a descolonizar de inmediato. Por hay tanto meme bromeando que así estamos “ahora” y así “con la estadidad”. Hay que estar en un “arrebato” de locura, para decir “ya huele a nieve”. Será que el lunes luego del plebiscito, la Senadora Nayda Venegas Brown, siguiendo los pasos de Doña Fela, piensa llevar contenedores de nieve para las plazas de Carolina.

El Gobernador Rosselló va a quedar en ridículo frente al Senado norteamericano, cuando se presente con su tropa de nuevos legisladores federales a reclamar las sillas y la paridad de fondos que alega le toca al país siguiendo la estrategia del llamado Plan Tennessee. Plan conocido en Puerto Rico como el “Wannabbee”.

El problema básico que tiene el gobernador es que, para EE.UU., Puerto Rico no está en igual posición que la que ostentaba Tennessee. El poder de Tennessee para reclamar que lo aceptaran como estado, emanó de su soberanía. Tennessee posee una fuente de poder y autoridad separada e independiente que tiene desde antes de ser un estado de la unión y que aún mantienen. Sin embargo, Puerto Rico no es soberano. No se le reconoce una fuente de poder separada e independiente. Puerto Rico es una colonia subyugada al poder del Congreso Norteamericano. O, ¿es que la memoria colectiva es corta, y ya se olvidó la decisión del 2016 en el caso de Sánchez Valle? En esa decisión, el Tribunal Supremo equiparó a Puerto Rico con un mero municipio. Como un amo violento o tal vez compasivo, la decisión desgarra las vendas que tapan la realidad que el país no ha quiso ver por muchos años, somos colonia de Estados Unidos.

Una cosa es no querer continuar siendo colonia, pero otra es querer anexionarse al colono. Puerto Rico está en una relación de perro sato queriendo entrar sin permiso en la casa del amo. ¿Qué va a pasar? Obvio, que el amo va a fustigar a ese perro de ojos azul, con el látigo del desprecio. El hostión va a ser tan duro que, dentro de poco, como decía el Chavo del Ocho, veremos cómo “vuelve el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas, con el hocico partido, con el rabo entre las patas.”