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Otro día de planta [eléctrica]

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altYa perdí la cuenta o más bien no quiero seguir contando cuantos días van que amanezco con el arrullo del sonido de una planta. Claro, no se trata de una especie en la botánica que mi dedo verde desarrolló y que sabe conversar de madrugada. Es la planta generadora de electricidad, que en estos momentos es parte integral e indispensable de mi entorno, al igual que ocurre en tantos otros hogares puertorriqueños.

Al menos tengo algo para resolverme. Porque todavía hay miles que no tienen nada para alumbrarse o enfriar sus neveras. Me niego a pensar, y menos a decir que este ejercicio de paciencia y tolerancia, ante la ineficiencia de nuestros gobernantes, sea “el nuevo normal”. Esto es una situación totalmente anormal. Y me resisto a aceptarla como un nuevo normal. Eso sería una actitud derrotista y conformista. Pues no, yo no me voy a conformar.

María, la huracana feroz, desnudó y sacudió al país. Sin embargo, me pregunto si es que el agobio por el calor, por las filas, los tapones y tanto esfuerzo diario para sobrevivir, nos ha acentuado más nuestra acostumbrada pasividad como pueblo. Pienso que nuestros vecinos del norte y otros del sur, ya habrían protestado por la ineptitud de los gobernantes. Pienso que es increíble, que siendo una isla que está en la ruta de los huracanes, y que, desde el Huracán Hugo en 1989, hemos vuelto a experimentar con más frecuencia estos fenómenos; ya pasados 27 años, todavía los gobernantes no tengan planes de contingencias sensatos para recuperarnos con más prontitud.

A muchos boricuas no les agrada que se nos compare con nuestra vecina Cuba, pero Cuba sufrió el impacto de Irma y se puso en pie con más rapidez y eficiencia que Puerto Rico. Tal vez, ellos por saberse independientes han desarrollado una visión de autosuficiencia que nosotros, aun con la catástrofe que vivimos, nos resistimos a asumir. Nosotros siempre pensamos o esperamos que Estados Unidos venga al rescate. Sí cierto, somos ciudadanos de ese país, pero la mentalidad de co-dependencia económica a la que nos hemos o nos han acostumbrado, ha incapacitado a nuestros gobernantes y a nosotros como pueblo.

El que María nos haya desnudado no es algo inesperado, porque el país ya andaba en harapos. Han sido los años de abuso político, los juegos de amiguismos, las tajadas por debajo de la mesa y la sed de poder de pocos, lo que nos ha ido desvistiendo como país. Por años nos han adormecido con el éter del mantengo y del miedo a perder el favor del tío Sam. María dejó al desnudo que somos una colonia no tan querida para ese tío, que ya está harto de darnos y todavía no podemos pararnos en nuestros dos pies. Así como en el cuento de Hans Christian Andersen, El traje del Emperador, María es la niña que grita a Puerto Rico que estamos desnudos. Es a partir de este evento, trágico por demás, que muchos han realizado que somos el patito feo del tío Sam. Nos rasgaron el velo sin pudor alguno. Y hoy luego de setenta-y-tantos días sin electricidad, vivo otro día de planta.