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Entre perros realengos y los parques de Beatriz Rosselló

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altUna persona que excluye a cualquier criatura de refugio, compasión y piedad, es una persona que se comportará de la misma forma con sus pares. Este pensamiento lleno de sabiduría se le atribuye a San Francisco de Asís, patrón de los animales. Lamentablemente a raíz de la migración suscitada por la crisis económica y acrecentada por los huracanes Irma y María, muchas personas han optado irse de la Isla abandonando a sus mascotas.

Lo irónico del caso es que un perro jamás abanaría a su amo. De hecho, una de sus mayores características es la lealtad. La cantidad de animales, mayormente perros de todo tipo y gatos, que andan como alma en pena por las calles hambrientos y sin hogar, es lastimoso. Es hora de que se inicie una campaña mediática fuerte, donde se haga hincapié de que la persona que no se pueda comprometer con una mascota, como lo haría con un hijo, una madre o un familiar, entonces no la debe tener en primer lugar; donde se promueva la esterilización masiva a bajo costo de animales; donde instruyan a las personas que de no poder continuar albergando una mascota que no la abandone, sino que la lleve a un albergue, se comunique con una organización, le busque un hogar temporero o las dé en adopción.

Es simplemente cruel e inhumano irse abandonándolas una mascota a su suerte. Es igualmente cruel tener amarrado un animal en el patio bajo lluvia sol y sereno. Afortunadamente aún hay muchos amantes y organizaciones de animales que, unidos a las redes sociales, facilitan la comunicación, intervención y rescate de animales abandonados o simplemente perdidos.

Recientemente la Primera Dama habló de hacer un parque en las cárceles de mujeres para que las que tengan hijos pasen tiempo con éstos y creen buenas memorias. Es importante la relación de madre e hijos. Sin embargo, las actividades de un ratito no necesariamente logran el fin deseado. Pienso que el sistema carcelario como está diseñado produce personas más resentidas, molestas y antisociales. Pienso que es necesario organizar programas de rehabilitación efectiva y dar opciones para que cuando esta población cumpla su término tenga herramientas para poder integrarse adecuadamente la sociedad.

Entonces pregunto, ¿no sería mejor hacer programas de adiestramiento a confinados y confinadas, donde se pareen con animales que han sido abandonados, para que estos le provean aseo, adiestramiento básico y cuido a esos animales? Este tipo de adiestramiento puede servir, no solo para crear empatía, compasión y conciencia entre el entrenador y el animal; sino que puede dar destrezas a esta población de modo que continúen dando ese tipo de servicio una vez en la libre comunidad. Estos animales a su vez se prepararían para ser dados en adopción a personas que verdaderamente los desee cuidar. No sería esto una forma de educar y rehabilitar a dos partes necesitadas. ¿No sería un ejemplo extraordinario de un confinado o confinada, enseñarles a sus hijos como ha aprendido a valorar, amar y adiestrar mascotas?

Ante la situación de crisis que vivimos, hay que empezar a pensar fuera de la caja. Hay que poner en función la imaginación con ideas que sirvan para hacer un mejor país. Ese mejor país no puede dejar fuera a los animales. Si somos sensibles con los animales, seremos sensibles entre nosotros mismos. No podemos seguir inmóviles e inactivos ante el abuso contra los vulnerables y necesitados, sean niños, ancianos o nuestros amigos, los animales. Es hora de crear conciencia, actuar y emular más a San Francisco de Asís.